27 de marzo de 2017

Capítulo IV: Identidades duplicadas

Alek no me había hecho demasiadas preguntas en relación a mi visita a Amin. Probablemente imaginaba que yo tuve una cita con alguien, por extraño que fuera el encuentro.
-“Dile que para la próxima te invite a una cafetería, será un lugar público y las citas en lugares públicos son más seguras.”
No le repliqué nada. No quería compartir mi nueva actividad con nadie.
No solía contarle a la gente que gozaba de gran imaginación para rastrear a personas. Lo había hecho un par de veces hacía tiempo atrás, y en algún momento me prometí no volver a hacerlo. Por un lado agotaba mucho estar pendiente del rastro que deja la existencia de alguien y por otro lado atentaba contra mi ética, por acceder a la privacidad de los demás, aunque me trataba de convencer que toda la información encontrada estaba accesible, por lo tanto era material público.
Revisé la base de datos del ministerio de transportes. No eran datos públicos, pero acceder a ellos no era difícil, pues el estado no invertía en infraestructura de calidad, por ende las brechas de seguridad eran muy grandes, lo cual facilitaba su acceso.
La última renovación de la licencia de conducir Armand Ilarianni fue hace dos años. Busqué el historial de renovaciones pero no lo encontré. No había ningún registro que indicara que obtuvo el documento formalmente.
El documento de la licencia de conducir tiene un periodo vigente de seis años. Más dos años de renovación suman ocho años de vigencia total. Hace ocho año debió haber sido registrado en la base de datos. Por alguna razón ese registro no existía.
La foto de la licencia de conducir mostraba aquel mismo sujeto que había encontrado en mi primera búsqueda.
El servicio de transporte del tren almacenaba un registro de las personas que habían acudido a comprar una tarjeta recargable. Aquella tarjeta mostraba el nombre, el número de identificación y en algunos casos una foto.
Guardé el resultado de mi búsqueda y anoté el número de tarjeta que poseía. Chequeé el saldo que contenía la tarjeta, y estaba en cero. Armand Ilarianni no frecuentaba viajar en tren. Probablemente tenía vehículo propio o prefería las líneas de buses públicos.
No tenía acceso al registro de compras de vehículos, por lo que desistí de este plan. Traté de buscar entre las compras de seguros anuales para vehículos pero tampoco logré obtener accesos. Lamentablemente esta clase de seguros no era de los que él vendía, por lo que perdería mucho tiempo en averiguar donde se encontraría tal registro de datos.
Ingresé al sistema nacional de deudas pero el número de identificación no me arrojó resultados; Armand era una persona responsable en relación al pago de sus cuentas.
Descarté la idea de averiguar los datos en los bancos, pues éstos si invertían en infraestructura segura.
Finalmente me propuse a realizar lo pedido por Amin, aunque no me gustaba aprovecharme del acceso que alguna vez tuve en el registro civil.
Conocía sitios de bases de datos públicas en donde recopilaban todos los datos del registro civil y las copiaban allí, para la vista de todos. Yo me había guiado por aquellos resultados.
Si los administradores de sistema detectaban que una ex funcionaria ingresaba a sus sistemas me encontraría en problemas. Alguna vez tuve que firmar un acuerdo de confidencialidad y ahora lo estaba violando.
Para ello conecté mi red a un túnel que lograba que mi conexión se realizara desde cualquier parte del mundo que yo eligiera. Mi conexión se realizaría desde Rusia, lo cual tenía dos ventajas; Yo nunca había viajado a Rusia ni poseía ningún boleto para allá (en caso de recibir una denuncia), y desde ese país se registraban la mayoría de intentos de accesos no autorizados. Debía parecer un accidente.
Ingresé mis datos y se me abrió el acceso sin problemas. Jamás cerraron mi cuenta lo cual demostraba la mala calidad de gestión de políticas de seguridad informáticas de ésta entidad.
Accedí a descargar todos los certificados que me proporcionaba el sistema; certificado de nacimiento, de matrimonio, de defunción, de antecedentes, de accidentes, de discapacidad, de profesión…
Armand Ilariani había nacido un 25 de marzo de 1985 en la capital. Actualmente tenía 32 años. ¿Era eso posible? No estaba casado, ni muerto, ni tenía discapacidad ni accidentes registrados. No tenía antecedentes penales.
El certificado profesional incluía el historial de estudio básico, medio y superior adjunto a distintos diplomas. Era ingeniero comercial de una reconocida universidad de la capital.
¿Por qué un ingeniero comercial trabajaría como ejecutivo comercial? ¿Tan mal estaba el campo laboral en esta ciudad?
Ingresé a la universidad en la que había estudiado e intenté ingresar con un formato de credenciales genéricas. No logré ingresar con ninguna opción, por lo que felicité a Armand por ser precavido con sus contraseñas.
Le eché un vistazo al historial de noticias de las universidades y a galerías de fotos. El año de titulación de Armand fue hace bastante tiempo, por lo que no iba a encontrar ningún rastro de él en las actividades recientes. Encontré una sección que guardaba con orgullo fotografías de egresados de cada año y sus nombres debajo.
Carrera de Ingeniería comercial generación 2008. Allí había un cuadro con todos los estudiantes que lograron llegar a la meta de finalizar sus estudios aquel año. Descargué la imagen y la abrí en una pantalla externa que era más grande. La resolución de la imagen no era muy grande pero suficiente para analizar los rostros. No encontré el rostro que buscaba, pero en su lugar encontré otro conocido y me sobresalté: Entre el grupo de estudiantes se encontraba nada menos que Amin, sonriendo satisfecho con su disfraz de graduado. ¿Amin?
Revisé nuevamente el diploma de estudios y la fecha coincidía.
Revisé el acceso que tenía actualmente en el trabajo, un acceso a los sistemas del ministerio de educación para realizar mantenimiento en sus bases de datos. No creí que fuera necesario ocupar mi propio recurso para buscar información.
Filtré el nombre de Armand en las bases de datos del sistema de becas y encontré inmediatamente sus datos. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Los registros estudiantiles existían desde el año 2003, por lo que encontré inmediatamente su solicitud de tarjeta de estudiante. Y allí estaba: Su nombre completo, su número de identificación, el nombre de carrera y universidad y la fotografía; el rostro de Amin.
¿Amin era Armand Marsell Ilarianni Narváez? ¿Entonces quién era el vendedor de seguros? ¿Y por qué la mayoría de sitios de registro de identidad me llevaban hacia el vendedor de seguros?
Esto era lo que Amin quería que encontrara; había superado la segunda etapa.

Había un lugar al que aún no había accedido, y este era el de impuestos; el ministerio de hacienda.
Revisé rápidamente la situación tributaria de terceros con el número de identificación de Armand. Me arrojó un resultado interesante: Armand Ilarianni era dueño de una fábrica de relojes, cuya marca era la misma del reloj que yo había recibido de Amin.
Ingresé a la página web de esta marca y admiré la cantidad de productos que fabricaba; Toda clase de hermosos relojes, estilos antiguos, estilos modernos, relojes de pared, relojes ornamentales, relojes de vestir, relojes de bolsillo, e incluso relojes monumentales… un sinfín de obras de arte dignos de un coleccionista. Entre ellos también encontré mi reloj, aquel que ahora estaba visiblemente situado en los alto de mi mueble.
La marca llevaba más de 100 años funcionando y probablemente los dueños han sido herederos de generación en generación. ¿Era este el negocio de Amin?

No demoré en descubrir que el nombre Amin eran las iniciales de Armand Marsell Ilarianni Narváez. ¿Cómo no llegué antes a esta conclusión? Abrí una foto de cada Armand en mis dos pantallas y comparé sus facciones. Eran dos hombres totalmente distintos, sin ningún parentesco entre sí. Excepto que utilizaban el mismo nombre y el mismo número de identificación, el cual debería ser único por cada persona.
Sospeché de qué trataría la tercera etapa de mi trabajo y analicé si realmente me quería meter en esto. Aún tenía la posibilidad de rechazar la propuesta, decir que no encontré mayor información sobre el nombre y que finalmente no tenía tan grandes habilidades como me había halagado Amin. Cerrar el trato y decidir no continuar con una búsqueda tan extraña.
Pero la emoción que conllevaba el trabajo de realizar esta función me impidió terminar. De cierta forma me encantaba hacer esta clase de cosas.

Ingresé a las páginas de todos los bancos que conocía en la ciudad. En la sección de ingreso de credenciales para las cuentas bancarias bastaba con indicar el número de identificación y cualquier carácter para la contraseña. Con un banco funcionó mi plan. Luego de ingresar varias veces caracteres erróneos en el campo de contraseña, bloqueé el acceso a la banca en línea. Armand Ilarianni se vería obligado a acudir personalmente al banco para restablecer su contraseña y desbloquear su cuenta. Y allí estaría yo, para verlo de cerca. ¿Quien de los dos Armand acudiría?



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Capítulo III: Comienzo de la investigación

Nada era tan simple como averiguar sobre un nombre en Internet.
Mi investigación comenzaría desde el día siguiente de mi visita a Amin.
Llevé mi computador a la sala de estar y me acomodé sobre el sofá. Busqué una canción agradable y abrí el navegador.
Armand Marsell Ilarianni Narváez. El nombre arrojó inmediatamente un montón de resultados; opciones de búsqueda en las variadas redes sociales, apellidos relacionados, empresas con dicho apellido, modelos, personas reconocidas por algún deporte, escritores, artistas, nombres con variantes. Encontré una imagen de un poema de una persona cuyo nombre coincidía con los primeros tres. Dicha persona había muerto hacía medio año atrás. Una foto de un hombre joven sonriendo. ¡Una lástima!
Comencé registrando la gran lista de redes sociales. Encontré inmediatamente su perfil bajo el nombre completo. La foto mostraba un hombre montando un caballo.
Capturé la imagen y la dirección del sitio y los adjunté en una hoja de procesamiento de texto.
La información no mostraba nada relevante por lo que le envié una solicitud de amistad.
Otra red social me mostraba un perfil de la misma persona con una foto distinta. Capturé la pantalla en una imagen por no tener permisos suficientes para capturar el texto y las imágenes de dicha red. Otra solicitud de amistad. Adjunté el sitio bajo el texto anterior.
Luego de capturar la información suficiente de las redes sociales me dediqué a buscar las páginas de registro de personas; empresas de servicios telefónicos, sitios de impuestos, registros de rubros, registros de clientes, mercados en línea, tiendas en línea, universidades, becas, licencias de conducir, licencias de enfermedad, fichas clínicas, concursos, sitios que registran y publican información. Bajo el número de identificación era muy fácil encontrar mayores resultados.
Encontré una dirección, un número telefónico, un puesto de trabajo en una empresa, unas fotografías de su autoría, un comentario de calificación en una página, un registro de rubros anteriores, fecha de nacimiento, e incluso uno de estos sitios calculaba y mostraba la edad actual: 44 años. Profesión: Ejecutivo comercial en una empresa de seguros.  ¡Genial! Nada tan inseguro como ser un ejecutivo comercial y presentarse día a día a miles de personas vía correo electrónico.
Para aquellas actividades yo poseía perfiles de redes sociales y correos electrónicos con nombres distintos al mío.
Abrí uno de esos correos electrónicos, modifiqué la firma y comencé a redactar un correo haciéndome pasar por una clienta interesada en un seguro de vida. ¡Qué ironía!
Mi hoja de textos se llenó de información e hice una carpeta adicional para guardar las imágenes y los recortes en caso de necesitarlos. Archivé la carpeta en una cuenta oculta del sistema operativo y postergué mayores averiguaciones para el día siguiente. Estaba curiosa sobre la respuesta del correo electrónico.
Aquel día me dirigí a una tienda de electrónica y compré un chip. Luego lo activé en mi teléfono bajo un nombre falso. El chip contenía saldo suficiente para realizar un par de llamadas.
Instalé una aplicación que graba llamadas y otra que modifica el tono de voz e hice algunas pruebas. Funcionaba.

Una llamada telefónica interrumpió mi sueño profundo e hizo darme cuenta que me había quedado dormida. Era el día de la semana en que entraba más tarde al trabajo y se me había olvidado programar el despertador la noche anterior.
Armand Ilarianni llamando.
Rápidamente me puse en pie, activé las dos aplicaciones y respondí haciendo un esfuerzo para que no se notara la voz dormida.
-“Buenos días… Si, con ella. Armand Ilarianni, ¿verdad? Si… en realidad estoy cotizando un seguro de vida, pero antes quisiera tener toda la información posible del seguro… a mi correo… ¿Ya lo envió? ¡Genial! ¿Tiene algún número de contacto personal en caso de tener dudas? Gracias. Adiós.”
Darle las gracias fue lo único sincero que he dicho. ¡Y apenas comenzaba el día!
Con prisa me duché y me vestí, y salí de casa sin desayunar. En el trabajo tendría tiempo para un café y para rastrear el número de teléfono personal. Me esperaba un montón de diversión.

Amin significa Sincero, honesto, confianza. “Puedes confiar en mí” dijo inmediatamente luego de darme su nombre. Aquello fue un mensaje oculto. Un nombre intencional, no un nombre verdadero. Aún no sabía nada de él. Estaba buscando información sobre alguien a quien no conocía, pero no sabía nada de quien me había pedido aquel trabajo. Buena técnica de su parte.

Mi visita para Amin estaba acordada para el sábado en la mañana.
Una semana me había servido para conseguir variada información sin dificultad ni habilidades especiales. Llevaba conmigo una memoria con todo lo recaudado para Amin. Consideraba que era suficiente y que no era necesario volver. Yo solo quería saber cómo había ingresado a mi casa, pues eso significaba que mi hogar tenía una brecha de seguridad y cualquiera podría ingresar.

Amin estaba curioso con mis resultados. Se encontraba en su sala de estar junto a su computador portátil. Antes de colocar la memoria dudó un instante y me escudriñó.
-“¿No me habrás traído un virus?”
-“Me habría encantado, pero no tuve el tiempo para dedicarme a ello.” Le respondí.
Sonrió y enchufó la memoria.
-“También sé lo que estudiaste y que para ti no es ningún problema programar uno.”
-“¿Qué sentido tendría? No soy hacker, si eso es lo que crees. Soy una programadora legal.”
Mi comentario debió haberle causado gracia, pero no comentó nada al respecto. Reprimió la risa.
-“¿Me aceptarás un café hoy día?” me ofreció.
-“Si tienes descafeinado, encantada.”
Si tenía, y unos minutos después trajo consigo dos tazas con café y con ellas una expresión emocionada como un niño luego de recibir dulces. Me aseguró que solo era café, sin drogas añadidas.
-“Ni siquiera tiene cafeína.” Rió. “Yo debería estar más asustado de ti, que tú de mí.”
-“¿Por qué?”
-“Porque manejas mucha información.” Musitó en un tono serio. Lo tomé con gracia.

Amin analizó cuidadosamente el material traído, examinó las fotografías, reflexionó sobre la información contenida en los correos.
-“Aquí hay información desactualizada.” Comentó.
Me acerqué y me senté a su lado. “¿Cómo es eso?”
-“La dirección de hogar que encontraste no es correcta. Ya no vive ahí.” Volví a ver la imagen de la casa que había capturado desde Mapas. “Se mudó hace mucho.”
-“¿Hacia dónde?”
-“No me preguntes a mí, ese es tu trabajo. Muy bien. Te agradezco. No hay nada nuevo para mí. Todo lo que encontraste es superficial, y como tú decías, eso lo puede encontrar cualquiera. No utilizaste tus herramientas ni accediste a entidades de información más confiables. Las redes sociales mienten y todos estos perfiles podrían ser fácilmente falsos. Como los tuyos, los que utilizaste para acceder a ellos.”
-“Creí que era esto lo que necesitabas.”
-“Si, en cierta forma lo esperé. La primera etapa de tu trabajo ha concluido. Ahora quiero que comiences con la segunda etapa, y ésta se trata de utilizar tus accesos privilegiados a los sistemas de las entidades de registros de identidad para buscar la información correcta; la que no se publica en las redes sociales ni en sitios públicos. Luego me la traes y yo te diré si hiciste un buen trabajo. Muy bien por hoy. ¿Qué quieres a cambio?”
Confusa lo observé procesando lo que me estaba diciendo. Yo había encontrado la información que él quería y que él sabía que yo iba a encontrar. Ahora quería algo más verídico; exigía los datos del registro civil.
-“¿Debería pedir algo a cambio? Entendí que no conseguí lo que realmente necesitas.”
-“Lo hiciste. Cada etapa tiene su objetivo y su recompensa. Concluiste la primera etapa tal y como lo había supuesto: lograste el objetivo que había determinado para ti. Ahora puedes pedirme lo que quieras.”
-“¿Entonces era una evaluación? ¿Me estabas probando?”
Amin asintió.

-“No quiero nada. Lo que deseé ya lo tengo: un hermoso reloj ornamentado demasiado caro.”
Amin sonrió. “No es caro si compararas ese precio con el de muchos otros relojes que aún no has visto.”
Me despedí con otro objetivo en mente: irrumpir en las bases de datos del registro civil y otras entidades que contenían datos fidedignos.



26 de febrero de 2017

Capítulo II: Visita a un desconocido

Mis cavilaciones no encontraron paz. Me senté a la mesa a observar el reloj y verificar que cada detalle era el mismo que vi en la tienda; cada adorno exquisitamente elaborado para lograr finalmente una obra perfecta. No me atreví a tocarlo.
Mientras tanto repasé mi lista de contactos, llamando a cada ser con quien me había relacionado los últimos días. Alguno de ellos debió haber sido testigo de mi deleite en la vitrina de aquella tienda. Luego se las ingenió para llegar antes que yo a mi casa, y tener el tiempo suficiente de quitar el artefacto de su caja y dejarlo cuidadosamente sobre la mesa mostrando la pantalla del reloj en dirección a la puerta, para obtener su imagen completa apenas entrara.
Ninguno de los llamados, respondió a mi curiosidad. Nadie dio la impresión de saber algo al respecto.

Frustrada extendí la mano y pasé un dedo por cupido. Estaba liso y frío. Su rostro expresaba cierta sonrisa satisfecha, con la mirada dirigida hacia el suelo. Estaba cómodamente sentado sobre el aro, despreocupado totalmente de su procedencia.
Extendí la otra mano y levanté el reloj. Pesaba menos de lo que supuse, por lo que debía de estar fabricado con materiales ligeros. Lo acerqué a mí y lo volteé. Y entonces encontré la respuesta a mi incógnita: Sobre un pequeño papel pegado había escrito una frase y debajo una dirección.
“Ven a verme este viernes a las 19:00 hrs. Sola.”
La dirección era en la misma ciudad, en un sector residencial cercano al mar.
Quité el papel y dejé el reloj sobre el mueble de roble de la sala de estar. Allí combinaba perfectamente, junto a mi colección de antigüedades.
No conocía a nadie que viviera en esa dirección, por lo que el sujeto posiblemente era un desconocido. Busqué inmediatamente mi computador e ingresé a Mapas. Escribí la dirección y me acerqué a buscar la casa mencionada. Recorrí la calle buscando el número, hasta que finalmente encontré una casa al frente de un edificio. Era una vivienda común de dos pisos, del mismo estilo que la mayoría, pintada de un amarillo claro con un pequeño antejardín. El número estaba visiblemente ubicado a un lado de la puerta.

Salí a comprar unas cerraduras nuevas y las instalé la misma tarde.
Tuve visitas en casa y llegaron mis amigos con pizza. Al notar el objeto nuevo se asombraron.
-“¡Vaya! No creí que fueses capaz de pagar ese dineral por comprar esto. Eso va totalmente contra tu estructurado método de vivir.” Dijo uno.
-“Muy lindo, pero ese no es el lugar correcto. Debes comprarte una mesita fina para esto y ponerlo allí.” Apuntó mi amiga en otra dirección.
-“No me gustan demasiado los niños desnudos.” Dijo otro con una mueca, “Si al menos las mujeres de abajo no hubiesen estado en paños…”
Los demás se rieron y luego enfocaron su atención en la pizza.

Al finalizar la velada le pedí a un amigo que se quedara conmigo mientras los demás regresaron a sus casas.
-“Toma asiento.” Le pedí, “Tengo que contarte algo.”
-“Esto parece que es serio.” Esbozó una sonrisa coqueta.
Me senté en el sofá con la tasa de té en las manos y le extendí el papel con la dirección.
-“Necesito que me acompañes a un lugar.”
Alek miró el papel, frunció el ceño y levantó la vista interrogante.
-“¿Quién escribió esto?”
-“No quiero contarte los detalles, pero tengo una invitación de una persona, a quien debo ir a ver. Sin embargo no deseo ir sola…”
-“Aquí dice que debes ir sola.”
-“Si, correcto. La idea es que me acompañes y me esperes en un lugar cercano. Tienes la dirección y sabes dónde queda. Si me demoro más de lo supuesto, entonces vas a recogerme.”
-“No conoces al sujeto, ¿verdad? ¿Con que fin irás a ver a un desconocido?”
-“Necesito que él me aclare algo que debo saber.”
Mi amigo desconfiado me clavó la mirada. Era obvio que no le gustaba el plan. Pero nada podía hacer para retenerme. Si yo quería arriesgarme, era bastante adulta para tomar la decisión.

El viernes fuimos a la dirección mencionada. Alek se quedó a dos cuadras del edificio, oculto tras las casas. Guardé mi teléfono móvil en el bolsillo interno y emprendí camino a la casa amarilla. Me sentí algo nerviosa.
-“Tienes exactamente 20 minutos desde que entres allí.” Me dijo Alek tras de mí.
El día estaba nublado pero tibio. El otoño apenas había comenzado. Encontré la casa inmediatamente, recordando los detalles de la calle que verifiqué en Mapas. Me acerqué al portón y dudé un instante en tocar el timbre. Eran casi las 7 y no podría arrepentirme de mi cometido luego de meditarlo tanto tiempo.
Toqué el timbre y la puerta no demoró en abrirse. Crucé el antejardín y me encontré ante un hombre sonriente. Era alto, tenía el cabello cuidado y largo, y rondaba los 35 años.
Desconfiada entré a la casa. Eché un vistazo al reloj de muñeca y lo cubrí con las mangas.
Crucé un pasillo y llegué a una cómoda sala de estar. Las paredes estaban revestidas de madera, cubiertas completamente de muebles y repisas de madera oscura. Del centro colgaba una lámpara de lágrimas sobre una mesita.
Me invitó a tomar asiento sobre el sofá mientras él tomó una butaca acomodándola al frente mío. La reunión había comenzado.
-“Me alegra que tomaras la decisión de venir.” Me dijo con una sonrisa.
-“¿Entonces me contarás como entraste a mi casa?” Fui directo al grano.
Pero responder mi interés específico no era su finalidad. Me ofreció algo para beber que rechacé.
-“No te voy a envenenar.” Bromeó. “¿Te gustó el obsequio?”
-“¿Cómo lo hiciste?”
-“No lo hice yo. Se hizo en una fábrica de relojes,” Continuó bromeando. “No me has respondido.”
Lo miré muda, analizando sus facciones y postura. Lo primero que yo solía hacer al conocer a alguien nuevo era analizar su persona; la personalidad, el carácter, el tipo de comentarios, el enfoque de interés, la calidad de las decisiones, la respuesta emocional; es fácil determinar una persona en una primera instancia si se tiene la oportunidad de verla actuar de forma natural. Se obtiene inmediatamente un perfil sicológico que aclara la incertidumbre acerca de la fiabilidad del sujeto en cuestión.
No había nada fuera de lo normal en él. Ningún indicio de intenciones alarmantes.

Se encontraba sentado en el sitial, con la mirada fija, la expresión seria, recto y con los dedos entrelazados. El cuadro ofrecía un aspecto interesante, casi atractivo.
-“Te invité a visitarme porque quiero conversar sobre algo importante. Quiero ofrecerte una actividad interesante, algo así como un trabajo para lo cual tienes bastante habilidad.”
-“Cuéntame.” Le invité a proseguir.
-“Sé que buscaste mi casa en Mapas antes de venir.” Sonrió “Eres del tipo de persona que habría buscado datos sobre mi si te hubiera dado mi nombre. Me puedes llamar Amin; puedes confiar en mí.”
-“¿Amin?” Pregunté extrañada.
-“¡Si! Es un diminutivo. ¡No lo desprecies!” Hizo una pausa. “Quiero contratarte para esa clase de servicios.”
-“Creo que no acabo de entender…”
-“Estás ligada al mundo digital. Trabajaste anteriormente para la entidad del registro civil. Ahora trabajas para el ministerio de educación. Sé que tienes acceso a sistemas y bases de datos de registros de personas, y que además no has perdido esos accesos.” Destacó.
-“¿Cómo sabes eso?”
-“Nunca importa como sabemos las cosas, sino para qué las sabemos. Con qué fines guardamos información. Y la finalidad te la estoy revelando. Necesito tu ayuda. Aunque no tuvieses acceso a dichos servidores, aun así me interesarías.  No me puedes negar tu gran habilidad para encontrar información en Internet. No es necesario que te mencione ciertas personas a quienes haz espiado…”
-“¡¿Qué estás diciendo?!”
-“¡Vamos! No tiene nada de malo buscar información sobre cierto adjetivo, pronombre… sustantivo. Y hay personas que tienen más imaginación para búsquedas que otras, por lo tanto encuentran más cosas. ¡No me mires así! No te estoy pidiendo nada fuera de lo normal.”
Levanté la vista en dirección al pasillo por el cual había venido. Me pregunté cuanto rato había pasado desde que crucé la puerta. Amin no me daba la oportunidad de echar un vistazo a mi reloj. Recorrí con la mirada la sala de estar buscando entre los objetos dignos de un museo un reloj que me revelara la hora. Curiosamente no lo encontré. Impaciente me acomodé sobre el sofá.

-“¿Te gustó el reloj?” Insistió.
Volví a enfocarme en su persona y asentí levemente.
-“Si ya sabes la respuesta no deberías preguntar. Aparentemente me conoces mejor de lo que puedo desear. ¿Me dirás como entraste a mi casa?” Suspiré.
-“No. Hay cosas que prefiero mantenerlas para mí.”
-“Es hora de irme.” Dije levantándome. Pero no logré zafarme tan rápidamente. Amin (¿Qué clase de nombre era ese?) se levantó rápidamente, estrechándome las manos palpando levemente mi brazo. Sonrió adoptando una expresión de súplica.
-“Por favor. Te recompensaré. Pídeme lo que quieras a cambio. Solo necesito que realices algo que ya has hecho anteriormente.”
Buscó un bloc y escribió algo en una hoja que luego me estrechó. En ella había escrito un nombre y debajo un número de identificación.
-“¿Qué gracia tiene que además del nombre sepas el número de identificación? Eso es tan simple que lo puedes hacer tu mismo.” Le reproché.
-“Quiero que tú lo hagas. Al fin y al cabo tienes mejores herramientas que yo para hacerlo.” Sonrió insinuante.
-“Si lo hago, ¿Me dirás como ingresaste a mi casa?”
-“te lo diré en cuando obtengas toda la información relacionada con ese nombre.”

Me despedí llevándome el papel conmigo.
Cuando iba saliendo por la puerta, tratando de echar un vistazo a mi reloj, Amin se me acercó por detrás.
-“Además no era necesario que te acompañaran. Te dije que vinieras sola. Tenlo en cuenta para la próxima vez. Yo no muerdo. Tampoco te voy a hacer nada.”
Solté una carcajada y me apuré para salir de aquel sitio con una sensación extraña de nerviosismo y alivio. No pretendía desperdiciar tiempo averiguando como supo tantas cosas.

23 de enero de 2017

Capítulo I: El reloj

Ese asunto del reloj… Aún lo tengo en la sala de estar, sobre aquel mueble antiguo, ornamentado con maderas de roble. Cuando lo descubro, intento  imaginar cómo fue que llegó a mi casa. Realmente nunca lo supe los detalles.

Ya fue hace un tiempo, cuando caminaba aquella tarde después del trabajo por el centro de la ciudad, observando distraída los escaparates de las tiendas del boulevar. No tenía ningún deseo de ver algo específico, por lo que simplemente avanzaba calle arriba en dirección hacia la plaza, para posteriormente tomar el tren a mi casa.
Al atardecer se llenaban las calles de gente; aquellos que salían cansados del trabajo, vendedores ambulantes que vendían toda clase de productos a bajo precio, artistas presentando funciones rápidas, músicos, retratistas, bailarines e incluso transformistas. Un circo callejero.
Había quedado con una amiga en un café, pero por algún motivo ella canceló nuestra cita, por lo que avancé aburrida entre el bullicio.
Pasé por un ventanal en el cual colgaban toda clase de lámparas colgantes, mesitas con pequeñas estatuas, relojes de pared y lámparas de pie. Y entonces lo vi: Un hermoso reloj de un color metálico oscuro, el cual estaba sobre una mesita elegante. Me detuve y lo observé con atención; Estaba ornamentado con dos pequeñas estatuas de mujeres, que sostenían en el centro el círculo del reloj, sobre algo que simulaba un puente curvo, bajo el cual había unos niños exquisitamente tallados. Sobre el mismo reloj había otro niño similar a Cupido con una corona de abetos en sus brazos.
Me quedé fascinada con aquella obra de arte, cuyo precio excedía en gran manera mi presupuesto disponible para un reloj de ornamentación. Mi sala de estar ya tenía dos, uno de pared y otra antigüedad de porcelana heredado de mi abuela. Siempre me gustaron los relojes, pero todos los que he poseído habían sido un regalo de alguien. Este sin embargo era una belleza, un objeto que solo alguien con gustos definidos compraría, más como un adorno que para fines funcionales. Y de todas maneras para alguien que gozaba de un buen ingreso monetario.
Guardé en mi memoria todos los detalles de este artículo y continué mi camino hacia la plaza.

De camino me compré un helado mientras contemplé una mujer disfrazada de mimo de Alicia (Alicia en el país de las maravillas), la cual trataba de mantener la seriedad mientras dos niños corrían a su alrededor chillando alegres imitando escenas de la película, mientras su madre intentaba lograr una buena foto de ellos.
Más allá un violinista cautivaba al público cercano con su gran habilidad y entusiasmo de llegar con su gracia hasta aquellos pasantes menos interesados en detenerse a escucharlo.
Había señora de edad que paseaba un coche de bebés sin un bebé dentro, sino que en su lugar había un gato, envuelto en unas mantas de suaves colores y un pequeño sombrero con encajes, el cual tenía recortado minuciosamente los agujeros para las orejas. Otras señoras admiraban al gato realizando los mismos gestos de ternura y sorpresa como si el gato fuera un verdadero bebé.
En una esquina había un extranjero vendiendo joyas de plata, las cuales estaban prendidas ordenadamente sobre una sombrilla de terciopelo negro.

Olvidé la tienda, las bellas lámparas y aquel reloj, me subí al tren y me abstraje en mis sueños despiertos con la música de mis audífonos.

Llegué a casa, un departamento en un piso alto de un edificio. Saqué las llaves de mi abrigo y las metí en la cerradura. Giré el pomo y entré a lo que era mi paraíso personal.
Mi departamento era pequeño, diseñado para una persona soltera o pareja con pocas posesiones.
Una sala de estar pintada de blanco, un gran ventanal que miraba hacia un parque. Todo estaba en absoluto silencio, alejado de la vorágine de la ciudad.
Dirigí la mirada hacia la mesita de comedor y me llevé una sorpresa: Sobre ella estaba el reloj que observé en la tienda hacía una hora atrás. Estaba fuera de su caja, la cual estaba cuidadosamente puesta a un lado y abierta. El reloj estaba armado y funcionando, marcaba las 7.30 de la tarde. Tic tac. Tic tac. Un sonido apenas perceptible, pero que en aquel momento se hizo fuerte en medio del silencio de mi departamento.
Mi primer pensamiento fue de susto, ¿Estaba sola en casa?
Graciosamente tomé un cuchillo grande de la cocina y me dirigí a mi dormitorio para registrarlo. Abrí el closet, miré bajo la cama, entré al baño, corrí la cortina de la ducha… nada. No había nadie.
Mi puerta tenía doble cerradura, y solo había una persona que tenía una copia de la llave de mi casa, la cual era una amiga quien en aquel momento se encontraba de viaje.
Tomé el teléfono y llamé a mi amiga. Inmediatamente la entrevisté acerca del reloj. Me aseguró que tenía la llave junto a las suyas y que no había vuelto. Ella no había sido.

¿Cómo había llegado el reloj allí? ¿Quién entró a mi casa? ¿Cómo lo hizo?



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27 de diciembre de 2016

Nada es perfecto


Nada es perfecto. Podemos decir como un acuerdo universal, que todos somos imperfectos. No existe un humano perfecto sobre la faz de la tierra. Y con ello, todo lo que el hombre crea. Toda creación humana es en sí una creación imperfecta por el mero hecho de ser creado por manos humanas; 
Pero ¿hay realmente algo perfecto aquí?  Hablando de cosas físicas y perceptibles por los sentidos más básicos, excluyendo toda deidad y mundos espirituales.
Las plantas no son perfectas; muchas de ellas tienen errores genéticos. Los animales también.
Y las rocas, ¿Son perfectas? ¿El mar lo es? Los objetos sin vida, ¿lo son? ¿Podemos decir que las cosas naturales sin vida son perfectas? ¿La vida es lo que les quita la perfección? ¿Qué es la perfección?

Son preguntas que un filósofo podría responder.

Bajo mi propia filosofía, considero el sonido como perfecto; perfecto para mí. 
El sonido creado por algo sin vida, considerando como conclusión anterior, que toda creación de un ser vivo es imperfecta.
El canto de un ave es imperfecto, la voz humana también lo es. Estos seres pueden acercarse lo más posible a la nota cantada pero nunca será un sonido totalmente perfecto. Un niño que toca la flauta tampoco. Siempre habrá algo erróneo en lo que realizan porque bajo la ley universal nunca podrán ser totalmente correctos.
Pero entonces, la música digital, ¿Si puede ser perfecta? Es reproducida por un objeto sin vida, compuesta en una plataforma en donde los sonidos son alineados de forma exacta, sin existir de por medio un instrumento tocado por un ser imperfecto. Está todo calculado; la cantidad de bits, la frecuencia exacta, el tiempo específico… a pesar de haber sido compuesta por un humano, el trabajo no fue reproducida por el mismo.
¿Esto lo convierte en un sonido perfecto?
¿Es ésta música algo sublime? ¿Algo sin error, ni equivocación, ni falla….?
¿O podemos juzgar al computador que la reproduce por las fallas operativas que posee? Tales como el modo en que fue programado, el lenguaje en que fue escrito y los errores que tiene el código. Si aquello influye en el resultado final de lo que produce, entonces nuevamente podremos decir que ni siquiera los objetos sin vida creadas por manos humanas, pueden imitar al ser imperfecto, con resultados perfectos.


23 de noviembre de 2016

El color real de las montañas

Algunas veces me he permitido pensar en la posibilidad de que yo pudiese ser normal.

Pero cuando extiendo esas alas largas de reaparecen cada mañana por mis espaldas y siento el viento soplar desde la ventana, se me olvidan los deseos de posibilidades tan lejanas como imposibles.

No, no son las alas. Es aquello por lo que los demás sonríen cuando lo consiguen y algunos lloran cuando les es restringido. Aquello que los ata a peligrosas pasiones descontroladas que les quita la razón y el entendimiento, reduciéndolos a básicos animales guiados por instintos.

Ellos no tienen alas. No son libres ni conocen la concepción de libertad tal y como la vivimos nosotros. Dentro de sus jaulas dibujan ideales de cosas que son solo productos de sus mentes sometiendo sus creaciones al concepto de felicidad.

Por esto nosotros conocemos el color real de las montañas.
Ni de pinturas ni de cuentos de experiencias ajenas, pues las hemos visto desde las alturas y hemos volado hasta allí.
Hemos contemplado los paisajes que prometían y la eternidad visual que ofrecían.

¿Tienen ellos más ventajas sobre nosotros? 
¿O tenemos nosotros la ventaja, la cual ellos niegan y nosotros solo podemos gozar en silencio tras la sombra de su ignorancia?

¿O somos demasiado distintos como para considerar nuestras diferencias como ventajas?

Foto: Cerro La Campana, V Región de Valparaiso, Chile

17 de octubre de 2016

Lejos, donde reina el silencio


Déjame mostrarte la belleza del silencio
Oír un pato sobre el lago cordillerano
Sentir  la tranquilidad de la soledad
Lejos del murmullo de la humanidad

Vamos a conocer la paz del crepúsculo
Cuando las aves ya no cantan y el día llega a su fin
Ser los únicos expectantes de una noche estrellada
Despertar tras un nuevo amanecer

Vámonos lejos, lejos
Donde solo hay árboles y montañas
Donde los ríos son las carreteras
Y los lagos asentamientos

Donde la lluvia no necesita lavar el polvo de la ciudad
Ni yo confundir tus huellas con las de los demás...

Foto: Lago Verde, X Region de Los Lagos, Chile

21 de septiembre de 2016

La historia tras ...A Distance There Is... - Theatre of Tragedy


No tengo demasiado conocimiento sobre música, y creo que ni la más remota idea de composición musical, pero me da igual. He aquí describo lo que percibo sobre el tema …A distance there is… de Theatre of Tragedy.
No conozco demasiado sobre la banda, ni muchos temas, pero este es de unos pocos que me gustan mucho.
Le damos play al video, escuchamos la canción, y damos rienda suelta a nuestra imaginación y percepción de ruidos música.




El piano comienza lentamente a tocar. Triste, tranquilo, nostálgico... Sobre lluvia y neblina, seguro como un típico paisaje inglés en invierno; tormenta a lo lejos, truenos… y junto a él una hermosa voz soprano que le acompaña al ritmo, lamentando  la distancia entre su felicidad y su situación.
Pausa y viola entrante, descansando  la muchacha momentáneamente de su pena.

Poco a poco el Piano apenas perceptible, aumenta su velocidad, pero aun así mantiene un tiempo constante, fiel a su ritmo original. La voz llora sus lamentos de forma limpia y rítmica, ajustándose al piano y dando paso al juego del ritmo próximo que pacifica la situación, acabado por el piano, y dando una pisca de paz a los lamentos...por un rato... hasta que éstos regresan.

"Mi heart, my heart, my heart....." el piano que hasta ahora había estado melancólico, cambia su estado anímico de inmediato y comienza a corretear velozmente bajo los dedos apresurados de su dueño… "my heart is frailty...."

Pausa y batería.

Un piano algo más veloz, y una voz un poco más apresurada corren por las notas nostálgicas, pero diferentes, mucho más graves, dando contraste a la voz alta y a la historia que cuenta. Algunas pausas, dividen los versos líricos cantando "I run, i run, i run..." Hasta dejar el piano agotado de la carrera, dando paso a la viola.

Continúa el ritmo normal, suplicando "i leave, i leave", sin saber yo lo que deja, pero al rato la melodía hace una pequeña variación interesante de melodías altas, pausas suaves y viola acompañante, notas altas, voz tranquila, hasta que finalmente calla lentamente el piano dando paso a otra pausa.

Silencio.

Segunda parte. El piano corretea con una melodía totalmente diferente, haciendo carrera con la voz que esta vez permanece en su ritmo normal.
Un juego de tiempos. Un piano rápido y una voz más lenta. Hermoso. Bello. Estimulador.
Esta combinación de notas y silencios por parte de la voz me encantan. Un ritmo aceptable para mover ligeramente el cuerpo al son del ritmo de las teclas soberanas. Teclas que suben y bajan escaleras, siendo ésta vez ellas quienes están al frente, perdiendo la importancia a la voz llorosa a lo lejos... "A distance there is... distance there is."


Fin de la obra.







Ahora que conocen el análisis de los instrumentos, analicen por ustedes mismos la letra de la canción junto a las pausas, los cambios melódicos, los tiempos y los espacios que van creando en conjunto y verán como todo coincide. Maravilloso, ¿verdad?




17 de septiembre de 2016

Nosotros, los inmortales

El tiempo pasa
La vida pasa ante nuestros ojos
Mientras observamos.

Nosotros permanecemos.
Testigos del transcurso,
Jueces del tiempo.

No persistimos en sus memorias,
pues éstas son perecederas como el sol
Nacen una mañana y mueren al atardecer.
Los humanos son transitorios,
nosotros somos eternos.

Para sobrevivir la eternidad,
se necesita más que paciencia.
La eternidad des una fría decisión
De no apegarse a lo efímero
Y de adaptarse al cambio.



31 de agosto de 2016

Pegadilla


¡Me estoy ahogando en un mar de trabajo! pensé, 

hasta que desperté hambrienta


y a causa de encontrar la despensa vacía,

recordé ¡Menos mal, era solo una pesadilla!


2 de julio de 2016

Los placeres de la imaginación II

"El que posee una imaginación delicada, participa de muchos y grandes placeres, de los que no puede disfrutar un hombre vulgar. Puede conversar con una pintura, y hallar en una estatua una compañera agradable, encuentra un deleite secreto en una descripción, y a veces siente mayor satisfacción en la perspectiva de los campos y de los prados, que la que tiene otro en poseerlos. La viveza de su imaginación le da una especie de propiedad sobre cuanto mira; y hace que sirvan a sus placeres las partes mas eriales de la naturaleza."
(Los placeres de la imaginación secundarios, Joseph Addison)

(Atardecer con neblina)

3 de junio de 2016

Suben los precios, bajan los sueldos

Estoy cansada de las empresas negreras.
Me refiero a negreras, porque, tratan a sus trabajadores como mercancías, como máquinas que tienen como único fin, realizar su trabajo, sin importar que son personas, que detrás de cada persona hay un alma, una familia, una vida, una historia, un mundo.
Éstas empresas, que al buscar personal, ofrecen un sueldo un poco más alto, que el mínimo aceptado por la ley, a cambio de un horario casi completo, una vida completa dedicada a ellos.
Estos empresarios, que se enriquecen con el esfuerzo de sus funcionarios, sin valorar que el tiempo de ellos (y de cada persona) es lo más valioso que hay en el mundo, un intangible que nunca regresa, y que se pierde por siempre.
¿Vale la pena? Desperdiciar la vida entre cuatro paredes, a cambio de una paga que no permite vivir.
¿Para que se trabaja? Para vivir. ¿Y si con tal trabajo no se puede vivir?

He tenido trabajos, en donde me he visto obligada a tener dos trabajos, porque con uno no podía vivir. Un solo trabajo, realizado de lunes a sábado, no me cubría todos los gastos (mínimos) para vivir. Entonces me pregunto, ¿Para que trabajo? Si el trabajo no me permite vivir.
¿Es vivir para trabajar o trabajar para vivir?
Más bien la primera opción, pues trabajar de 9:00 a 22:00, en el cual la ganancia apenas cubre los gastos de vida, es algo totalmente ilógico.
"¿Adonde pretendes viajar/que pretendes comprar/para que quieres tanto dinero/cual es la avaricia?" fueron algunas de las preguntas que recibí mientras vivía en esta situación.
No queridos, no es la avaricia; es la necesidad.
La necesidad de pagarme un techo sobre la cabeza, unas paredes que me cubran del frío, unos muebles para guardar mis cosas, abrigo para el frío, comida para el cuerpo, y otras cosas básicas.

El sueldo mínimo sube cada año. El precio de la comida sube cada año. La locomoción, la educación, el vestido, los gastos básicos, ¡el arriendo/alquiler!
Pero... los sueldos no mínimos no suben. Desde hace 10 años, continuamos recibiendo los mismos sueldos, sin recibir lo que recibíamos en aquella época.
Al parecer los ingeniosos empresarios, no se dan cuenta que los sueldos normales también deberían ser alzados, acorde a los precios de todo, acorde a la inflación de la moneda. Acorde al IPC. Acorde a la crisis económica. Acorde a la crisis política. Acorde a la caída de la bolsa. Acorde al alza de los precios.

¿O es la finalidad, usar humanos como máquinas, sin darle importancia a sus vidas, a sus tiempos, pretendiendo únicamente enriquecerse en base a su trabajo?
¿Que no hay conciencia? ¿O es la extremada estupidez, la que mantiene vivas aquellas empresas?

¡Si no es capaz de pagar al personal como corresponde, entonces no tenga empresa!
¡Si no puede asumir sus gastos como persona racional, entonces no se comprometa!
¡Actúe como adulto responsable que debería ser, y deje las niñerías de avaricia y arrogancia, porque de esos, hay de sobra en este mundo!


"¿El sábado quería libre? Ha! Agradezca que no trabaja también el domingo" - El dueño de mi antiguo trabajo.

2 de junio de 2016

Arte culinario: Cordero al horno con frutas

Ya sea cordero, o costillas de cerdo, hay una forma más entretenida de prepararlo al horno en vez de echarle solo sal:
La receta de hoy, es otro invento mío, basado en la salsa de frutas para cordero al horno, pero sin las frutas que indicaba tal receta original.

Mi receta:

Adobar un costillar con sal, y condimentos existentes en la casa.
Añadir cebollas en juliana
Un poco de vino tinto encima
Manzanas en trozos
Kaki en trozos

Semillas de girasol.

Todo lo anterior añadido como gustes.

Foto de referencia de mi receta:



A falta de manzanas y kakis, la receta original sugiere ciruelas y pasas.

Esto va al horno media hora, o tiempo relativo al tamaño del trozo de carne.


30 de mayo de 2016

¿Me creerás que acabo de escuchar latir mi corazón?

30 de abril de 2016

Marchitos

Florecimos
Y no hubo verano entre nosotros
y marchitamos.

El otoño está amarillo y se nos va
como las hojas que caen al suelo
nos marchitamos.

Nos aplastamos y nos lleva el agua.


Llueve


Llueve por mi.
Llévate el polvo bajo mis pies.
Lava el mundo y su desinterés.
Lávame el rostro
de las gotas que caen a mis pies.


18 de abril de 2016

Lluvia

La luz resplandece 
de las hojas mojadas por la lluvia, 
las pocas que aún quedan sobre las ramas, hermanas de las que están en el suelo, 
que agonizan a todo color en el agua.

Aún la vida que se muere, 
continua siendo hermosa.



17 de abril de 2016

Llamado a Sirius IV

He malgastado mis ganas de encontrarte, en otras personas.

He reemplazado la paciencia por esperarte en castillos sobre nubes.

Nunca fuiste esas personas.
Siempre me fallaron en no ser como tú.
A pesar de que las moldeaba
Según tus características.

¿Donde te escondes? ¿Cuanto falta por encontrarte?
¿Nos encontraremos en esta vida o en la próxima?

Mi desilusión crece acorde a mis experiencias.
Mi desesperanza crece junto a mis expectativas.

Entre más personas conozco,
Menos esperanza tengo de encontrarte
Y mayor es mi decepción.

Entre más rápido pasa el tiempo,
Más siento que te alejas del momento
de nuestro encuentro.

Te he buscado entre la multitud,
Y sólo he visto caras ajenas.
Nadie se parecía siquiera un poco.

Te esperé en lugares que deberían gustarte y no coincidimos el momento.
Me pregunto si habías ido  alguna vez.

Incluso he llegado a perder por completo la ilusión y desecharte de mi mente, convenciéndome que eres un astro, que no brilla para mi.

Sin embargo aquí estoy,
rogando una vez más,
que mi llamado llegue hasta ti.


(IV versión de la serie de poemas Llamado a Sirius)






Minnie




Ella espera de mi más de lo que le entrego
me conversa durante el día, me despierta en la mañana
me exige atención de juegos y caricias
me despierta por las noches con su aguda vocesita
no tengo experiencia de ser madre
pero ella lo espera de mi parte.
En teoría es mi hija, pues yo la he adoptado
le di comida, un techo y compañía
a pesar de que estoy fuera todo el día
me espera al regreso y me ruega no dormir
me trae la pelota y me persigue por la casa

buscando un abrazo más que a la cena
y pacientemente me va educando 
hasta haberme convertido en su madre.








14 de abril de 2016

Alcest - Autre Temps (Otros tiempos)







Una oración lejana llevada por el viento de la tarde
Anima las hojas en su danza lánguida
Es el himno de los viejos árboles, cantado para ti
Para aquellos bosques sombríos que ahora están dormidos
Tantas temporadas han pasado sin esperarnos a nosotros
Las hojas de oro que caen al suelo para morir
algún día renacerán a la vida bajo un cielo radiante
Pero nuestro mundo erosionado seguirá siendo el mismo
Y mañana, tú y yo nos habremos ido.






29 de marzo de 2016

Fantasma


Mi mente divaga, se va lejos. Yo no estoy aquí, yo no estoy en ninguna parte.
Mis pensamientos se desplazan junto a la neblina sobre las montañas.
Soy un fantasma que tirita junto al fuego, con la vista fija en algún punto mientras sorbe de su mate...

25 de marzo de 2016

Fotografía

Hay momentos fugaces de perfección
El ojo percibe solo un instante
tan veloz que no se alcanza a disfrutar

Una fotografía es un momento
petrificado en una imagen
plasmado eternamente en el tiempo
permitiendo un disfrute más prolongado


14 de febrero de 2016

Soneto 116 - William Shakespeare

No permitáis que la unión de unas almas fieles
admita impedimentos. No es amor el amor
que cambia cuando un cambio encuentra
o que se adapta a la distancia al distanciarse.
¡Oh, no!, es un faro imperturbable
que contempla la tormenta sin llegar a estremecerse,
es la estrella para un barco sin rumbo,
de valor desconocido, aun contando su altura.
No es un capricho del tiempo, aunque los rosados labios
y mejillas caigan bajo un golpe de guadaña.
El amor no varía durante breves horas o semanas,
sino que se confirma incluso ante la muerte.
Si esto es erróneo y se me puede probar,
Yo nunca nada escribí, ni nadie nunca amé.

14 de enero de 2016

Lo sublime de lo bello

¿Como es que nos deleitan el terror y el abatimiento, cuando el sentirlos y aún el temerlos nos incomoda tanto en otras ocaciones? ( Joseph Addinson)


Respuesta: La naturaleza de este placer no nace tanto de la descripción de lo terrible, sino que lo que nos complace es la consideración que no estamos en peligro ante ello.
Cuanto mas terrible sea su apariencia, tanto mayor es el placer que recibimos del sentimiento de nuestra propia seguridad. 



3 de enero de 2016

Los placeres de la imaginación

¿Que entiende Joseph Addison por "los placeres de la imaginación"?

"Entiendo los placeres que nos dan los objetos visibles, sea que los tengamos actualmente a la vista, sea que se exciten sus ideas por medio de las pinturas, las estatuas, de las descripciones, u otros semejantes."  



Es como cuando observo "La primavera" de Boticelli:



¡Feliz año nuevo 2016!

Valparaiso, Chile

Cachagua, Chile

1 de diciembre de 2015

Sinopsis película LABERINTO UTÓPICO

Hola a todos!!
Me es un agrado poder publicar al fin la fecha del pre-estreno de la película, cuyo guión escribí yo, y por lo tanto un momento muy importante en mi carrera/hobbie artístico.

A continuación dejo la sinopsis y la fecha/lugar.


SINOPSIS:

¿Somos dueños de nuestro destino? En caso negativo ¿Qué posibilidades tenemos de elegir nuestro propio camino? Dani es un joven paramédico que se cuestiona estas interrogantes.
Cuando conoce a Alejandra, la bella enfermera, se ve enfrentado a una serie de enigmas y situaciones que carecen de lógica. Pronto deberá tomar una decisión que lo enfrentará con la dura realidad, pero encontrará  la clave para controlar su propio destino y a crear a su antojo y capricho su propio mundo.



Laberinto Utópico es una película que nos hará cuestionar nuestra propia conciencia y la percepción del mundo que nos rodea, pues las cosas no siempre son como parecen.


Trailer de película:

Teaser de película:



PRE-ESTRENO;


22 de diciembre de 2015
19:00 hrs.
Cine Arte, Viña del Mar


Entrada liberada. ¡¡Todos invitados!!




26 de noviembre de 2015

Mundos y personajes de fantasía

...Pero bien, ¿la mejor sensualidad no se da en la imaginación? Donde podemos crear seres que nos gustan y éstos allí si existen.
y entonces nosotros también somos diferentes y hacemos cosas allí que nunca jamas haríamos aquí en la vida real.
Yo tengo de esos mundos, porque se es libre y todo es posible. 
Lo creo a mi antojo y en ellos habitan seres con características que yo deseo.


Mundo Propio. Mi mundo. Mi propio mundo interno.

13 de octubre de 2015

Los bares oscuros del puerto




¿Dónde quedaron aquellos bares oscuros, sucios y hediondos, en los que se dejaban caer los marineros para emborrachar su noche? Aquellos que llegaban a tierra en busca de alcohol y placeres baratos que seducían por las esquinas al caer la noche.
Y a pesar de lo aterradores, esos bares tenían algo romántico, como la vida misma en la ruina o las leyendas de piratas, peligrosas pero atrayentes que se convertían en cuentos para niños.

Hoy solo quedan algunos, cerca del puerto de Valparaiso. Han perdido a sus marineros y su estilo. Han olvidado la tradición del viejo borracho porteño.

* Proyecto Valparaiso en 100 palabras

13 de septiembre de 2015

Aventura entre callejones



La primera vez que fui a Valparaíso me perdí; Entré en un laberinto de callejones angostos, muros coloridos y casonas abandonadas, subí escaleras pintadas y acaricié a los gatos, quienes me acosaban desde las ventanas de las casas y desde lo alto de los muros, burlescos, esbeltos y juguetones.

Deambulé por los cerros hasta que finalmente encontré el paraíso de las cafeterías y los poetas, quienes me acogieron con dulce aroma entre su tenue luz. Entre café y café brindé por los gatos, los callejones y las escaleras, mientras dibujaba mi firma en la pared del local.

*Proyecto Valparaiso en 100 palabras



31 de agosto de 2015

La mujer indolente


*Se recuerda al lector que los capítulos de La vida de Sky Cryster son un proyecto aparte, que no publicaré completo, excepto algunos capítulos que en este momento si considero aptos para el público.


La Vida de Sky Cryster - Capítulo **


No puedo decir que mi experiencia con mujeres es nula. Una vez hubo una que llegó a mí, y se fue del mismo modo en que había venido; en silencio y sin explicaciones.

Nunca supe que sintió ella por dentro, en su pequeño alma refugiado en un fuerte. Y nunca me atreví a preguntarle después, a pesar de que ardía por dentro por saberlo. Hay preguntas en mí, que florecieron en todo su esplendor y se marchitaron, ya que nunca obtuvieron respuestas. Tal vez era mejor no obtenerlas y permanecer en la duda.
No la conocía en absoluto. No sabía nada de ella. Trabajábamos a diario codo a codo en un gran escritorio, en silencio. Todo el día en absoluto silencio.
De vez en cuando me volteaba ligeramente a mirar su expresión de reojo, un bello rostro de mujer joven que se ocultaba tras una espesa mata de cabellos que utilizaba como un muro, un muro que impedía el acceso a todos aquellos que allí trabajábamos.
De vez en cuando alguien se atrevía a dirigirle la palabra y se arriesgaba a contarnos un chiste, para el cual ella apenas se inmutaba con una ligera mueca apenas visible. Era como una estatua, blanca, bella, rígida, o un robot que solo estaba entrenado para realizar su trabajo, sin emociones ni la capacidad para sociabilizar.

Llegaba puntualmente a la hora, saludaba al grupo, se sentaba en su puesto y se mantenía allí hasta la hora de la salida, ocultándose tras su cabello. No almorzaba, no se levantaba para ir al servicio, no se preparaba un café, no comía nada. Se concentraba en su trabajo en estricto silencio ocultando su rostro y con él cualquier oportunidad de acercamiento.

Soporté aquella rutina por dos meses. Luego no resistí más. Por dentro me quemaba el deseo de iniciar una conversación, un intercambio de palabras y opiniones humanas que rompiera aquel estado de estricta distancia.

Un día después del trabajo decidí seguirla. No es que yo fuera un sicópata que acostumbraba a hacerlo, pero la tentación me obligaba a averiguar quién era aquella estatua tan misteriosa. Solo había dos alternativas; Era una bella persona que se transformaba después del horario laboral y regresaba a su humanidad, o definitivamente siempre había sido un libro abierto, en el cual no había nada que leer, la misma mujer aburrida e inexpresiva que acostumbraba a trabajar con nosotros en la misma oficina.
Ella salió del edificio vistiendo su acostumbrado uniforme, una falda apretada y una blusa blanca.
Sobre ello llevaba un abrigo largo, bajo el cual se ocultaba dejando mostrar solo las piernas.
Se alejó del edificio cruzando calles y avenidas a paso rápido, dejando atrás todo lo que día a día la atormentaba. A cada paso se acercaba más y más a su libertad, a su refugio de tranquilidad y confianza, a su hogar. El momento del día que satisfactoriamente se quitaban las máscaras y se invitaba a la comodidad, para aquellos que no suelen ser uno mismo en presencia de la formalidad.
Esta era la única conclusión que esperaba comprobar acerca de ésta persona.
La seguí un rato por la ciudad, cuidadoso de ser visto en caso que ella diera la vuelta en algún momento, lo cual nunca hizo.
Me llevó por todo el centro, atravesando avenidas, puentes, y zonas de comercio, doblaba en esquinas tratando de perderme entre la multitud y los drásticos cambios de dirección, sin saberlo. ¿Lo intuía?
Después de un rato disminuyó el paso al cruzar un pequeño parque adornado con césped y flores, en donde el sol anaranjado del atardecer alumbraba aún las copas de los árboles.
Ella se quitó el abrigo y se sentó en la banca. Abrió su cartera, sacó de allí un pequeño objeto e hizo una llamada.
Entonces finalmente decidió echar un vistazo a su alrededor, verificar que se encontraba estratégicamente sola sin un ser humano en un radio cercano. Satisfecha continuó revolviendo su cartera.
Yo me mantuve escondido tras un vehículo estacionado, observándola a través de las ventanas.
El sol se alejó de las copas de los árboles manteniéndose en la azotea de los edificios. El día se estaba despidiendo y yo esperando continuar con el tour por la ciudad, curioso de los lugares hacia donde me llevaría.
Tal vez estaba esperando a alguien y yo debía darme por vencido, derrotado de la tentación de actuar como si de pronto me la cruzara casualmente por la ciudad.
La señorita finalizó su descanso levantándose de su asiento y volviendo por la dirección por la cual había llegado. Se volvió a colocar el abrigo y continuó por otro lado de prisa nuevamente. Yo por supuesto, la seguí.
Los faroles se encendieron y el sol desapareció. Un ligero viento helado comenzó a barrer por el paisaje otoñal, botando las hojas secas de los árboles y susurrando a través de sus ramas desnudas.
La mujer se alejaba del centro y su multitud, adentrándose en zonas residenciales que quedaban en una pequeña altura.
El cielo oscurecía y yo comencé a preguntarme si tal vez no era mejor dejarla sola, pues no tenía ningún plan para enfrentarla, llegada la oportunidad de hablar con ella.
Pero no era necesario mi plan ni la oportunidad de hablar. Todo sucedió muy rápido.
Me acerqué lo suficiente como para que me distinga apenas se diera vuelta, pero en vez de voltear, continuó su paso y dobló en una esquina en la que había grandes casonas, que contenían algunas ventanas iluminadas en su interior y otras aún oscuras.                               
Allí había un callejón sin salida en el cual ella decidió entrar, y entonces comprendí que se trataba de su domicilio. Alguna de esas ventanas oscuras se iluminaría luego que su habitante entrara a su hogar.
Aquella era mi última oportunidad de acercarme a ella, quien había decidido dirigirse a la puerta de la última casona del callejón, que se encontraba en una altura, accesible mediante escaleras de concreto.
Me acerqué a ella, quien se encontraba de espaldas hacia mí buscando la llave de su casa. Me detuve a un metro de ella en silencio. Ella presenció mi cercanía, y se dio vuelta de inmediato. Al verme allí tan cerca y reconocerme dio un leve grito de susto y quedó petrificada.
Di un paso hacia el frente y le tomé las manos.
Entonces el cielo ya no estaba azul ni quedaba rastros del día. Los faroles iluminaban las calles y avenidas pero no el callejón. Y allí estaba yo junto a ella, en la oscuridad.
La tomé por la cintura y la acerqué a mí, esperando una reacción de rechazo. No la hubo. Posé mis dedos sobre su cuello y lo recorrí con las yemas de los dedos hasta llegar a su mentón.
La acerqué a mí y la besé, sin permiso alguno, sin necesidad de algún intercambio de saludo.
Ella me correspondió en silencio buscándome en la oscuridad con sus manos. La abracé y le concedí que me devolviera el abrazo.
**aqui es donde la historia podría terminar sin más, o preferentemente, continuar con lo siguiente**
La tomé de las manos y la llevé a un lado de la escalera, una esquina protegida por un árbol, un lugar más privado para averiguar quién era mi compañera.
Ella se dejó guiar y se apoyó de espaldas en el tronco del árbol.   
La rodeé con los brazos y la besé, como pocas veces he tenido la oportunidad de besar a alguien.
Su rigidez y tensión fueron cediendo a medida que su cuerpo se acercaba más al mío, hasta eliminar por completo alguna distancia entre los dos, acomodándose ella entre mis brazos con un deseo casi imperceptible de poseerme. O tal vez yo solo me lo imaginaba.
Pero de que ella me deseaba en aquel momento, de eso puedo estar seguro, lo hacía.

Abrí su abrigo en el momento en que sus piernas rozaban las mías incitándome a deshacerme de las telas que la cubrían y que impedían mi total acceso. Aunque mi objetivo no fuera precisamente el acceso, contemplé la tela fina deslizarse sobre una piel suave con aroma a lavanda. Era hermosa, estéticamente bella, como suelen ser las mujeres, una delicadeza a la cual yo no estaba acostumbrado.
Sin decir una palabra me entregué aquella noche junto a ese árbol a un instante, al que jamás habría atribuido a mi propia experiencia, convirtiéndolo siempre en algo ajeno y codiciado por los demás. Probablemente fue mi merecido no impresionarme ante la calidad del disfrute ni en la magia que contenía, pues no fue sorpresa alguna el resultado que ya anteriormente había supuesto.
Mi deleite consistía en descubrir las crecientes emociones de mi compañera, quien se complacía en poseerme de una manera no convencional, a la intemperie y en un lugar público, como fantasía de muchos y de la cual su goce yo ponía en duda.
Y de alguna forma me divertía percibirla tan cerca y de un modo tan distinto a lo acostumbrado, una repentina confianza anteriormente imposible y todas las actitudes socialmente obligatorias esfumadas en un momento en el que ella me disfrutaba y me utilizaba para complacerse sin saber que yo solo era un medio, ya que no me era posible comprender aquellos sentimientos y sentirlos por completo.
No era mi intención arruinar el momento, ni mi deseo alejarme de allí ni abandonar mi cometido. Me dejé llevar a un mundo del que todos regresan emocionados y con anhelo de regresar. Tal vez yo no regresaré. Haberlo visitado una vez me dejó lo suficientemente satisfecho para no necesitar volver.

Me despedí con un beso y una sonrisa de su parte, pero aún sin decir palabra. El silencio no opacaba la confianza que de pronto nació entre los dos. Ni siquiera me había preguntado cómo fue que llegué hasta allí. Ninguna explicación hacía falta para defender con algún argumento lo sucedido.
Ella regresó a la puerta de su casa y desapareció tras ella.
Yo continué bajo el árbol un tiempo corto, observando como en una de las ventanas de la gran casona se encendía una luz y acto seguido se cerraban las cortinas.
Entre la neblina nocturna me fui de allí, camino de regreso al centro preguntándome que sucedería desde allí en adelante.
***
Volví al día siguiente a la oficina, un poco atrasado y un poco extasiado. Ella se encontraba como siempre en su lugar, inexpresiva, rígida y en silencio. No volteó a mirarme. Durante el día no avancé mucho en mi proyecto de entonces, pues esperaba de su parte algún gesto, alguna aprobación o emoción. Pero no recibí nada de ello. Su silencio la mantuvo firme y concentrada en su actividad.
Al día siguiente lo volví a intentar. Y en un momento del día volteé y la miré fijamente, pero ella no me devolvió la mirada. Simplemente actuaba como si yo no existiera, como si no hubiera pasado nada, como si ella misma no estuviera allí.
Al principio fue perturbador, y con el tiempo dejé de intentarlo y acepté mi derrota. No se le puede pedir a una máquina que responda por iniciativa propia. Tampoco la volví a seguir después del trabajo. Apenas la saludaba a diario, como la ley social obliga como comunicación mínima exigida.
Tuve que conformarme con haber vivido la intimidad máxima con una completa desconocida que veía a diario durante todo el día. Hasta que renuncié. Cuando me fui de allí y me despedí de mis compañeros, solo le dije adiós, el cual ella me devolvió cordialmente. Después de eso, nunca más la volví a ver.

Esta fue mi experiencia, de la cual no suelo acordarme muy seguido, ni hablar sobre ello con muchas personas.


Fue tan solo una simple experiencia, una entre muchas otras cosas que me han sucedido en la vida, ni más ni menos importante que el resto. Hago mención de ella por el simple hecho de que al público le importa mucho más que a mí mismo.