28 de diciembre de 2022

Comparación de mentalidad

Luego de terminar una competencia internacional de Surf de Viento (windsurf) en Oceanía y obtener el 8.º lugar de entre los competidores, me entrevistó un periodista. Mi nombre estaba escrito entre los finalistas junto a mi nacionalidad. Yo, alemana.

El periodista se acercó felicitándome por mi logro y me dijo: ¿Dónde aprendiste este deporte? Le dije, es gracioso, lo aprendí cuando viví en Alemania. Trabaje para una empresa, la cual nos llevó unos días a Holanda de vacaciones, en donde nos ofrecieron cursos de Surf con viento. Me gustó inmediatamente y me di cuenta de que tenía una gran facilidad para manejar la vela. Comprendí inmediatamente la técnica y aprendí a controlar la vela en el viento. A sentirla, a saber en qué momento ladear, levantar, mantener firme o soltar. ¡Qué orgullo para tu país que una de las finalistas es de su nacionalidad! ¿Nacionalidad? Le pregunté. Solo viví dos años en Alemania, en cambio, viví 29 años en Chile y en ninguna parte aparece esta bandera. ¿Qué mérito tiene Alemania por poner su bandera al lado de mi nombre? Deberían poner ambas banderas, pues tengo doble nacionalidad. El periodista se sorprendió. ¿Prefieres que la cambiemos? No!, le dije, tampoco estaría conforme si allí aparece la bandera chilena. Es que no me siento ni de un país, ni de otro. Pasé la mayor parte de mi vida en uno, pero siempre sentí que soy del otro. ¿Con cuál te identificas más? Volvió a preguntar sin entender realmente. Con ninguno, contesté. Las personas de doble nacionalidad mayormente se sienten divididas. No soy de aquí ni de allá, no soy de ninguna parte. Es por esto que me he vuelto nómada y he decidido vivir por temporadas en sitios distintos. ¿Y la gente? ¿Con cuál te identificas más? Con ninguna. Los chilenos poseen una cultura muy distinta a como soy yo. Los alemanes, en cambio, tengo mucho sobre qué criticarles. Pero en mí fluye sangre alemana, me identifico un poco más con la mentalidad de ellos. Dicen que los alemanes son amargados, bromeó el periodista. Sí, es cierto. ¡Pero no todos! Hablemos de un porcentaje, que es más grande en Alemania que en el resto del mundo, que contiene gente amargada. Hay muchos que son infelices y se les nota en la cara y en los comentarios. El alemán suele quejarse de todo. ¿Esto a qué se debe? Me preguntó curioso. Pues veamos, le contesté. No sé realmente el origen de la infelicidad del alemán. Pero en un aspecto lo descubrí, y te lo puedo comparar conmigo misma. El alemán quiere hacer todo perfecto, bien hecho, duradero, de calidad. Y por lo general, los productos alemanes o las empresas funcionan bien bajo ese concepto. En cambio, el latino es mediocre. No le interesa la perfección, por esto es más feliz. Hablo en términos generales, te voy a dar un ejemplo. El alemán es tan perfeccionista que se estresa, se enoja, acaba con dolores de espalda, para conseguir que algo que está haciendo, le quede perfecto. El latino, probablemente llegue a medio camino, se dé por vencido, pero sigue siendo feliz. Ese es uno de los aspectos por el cual el alemán posee ese carácter desagradable de amargado. Por ejemplo, si voy en la calle con la bicicleta por la vereda, por no existir ciclovía, y me ve una señora alemana amargada, inmediatamente me va a mirar enojada y me va a hacer un comentario desagradable. Lo mismo si voy por la vereda en sentido contrario. Antes de siquiera saludar, me va a decir, que debería ir por la vereda de enfrente, aunque mi destino esté por este lado, ella va a querer que me vaya por el frente, siga dos cuadras y en el semáforo doble en U para venirme por mi vereda. ¡Para un latino eso es absurdo! ¡Si mi destino está a 50 metros de mí y es necesario usar una bicicleta en sentido contrario en la vereda, se hace! Al fin y al cabo, voy en bicicleta y no por la pista de vehículos. No le importa a nadie. La misma señora en ese escenario, si fuera latina, sería feliz porque le importaría un comino. En cambio, la alemana, en ese momento, sería muy infeliz y eso alimentaria su amargura. No podemos ser Robots. Hay una frase famosa que se llama "Errar es humano". Pero el humano alemán quiere parecerse a un robot que con cada equivocación se amarga la vida. ¡Claro que el sistema funciona mejor en Alemania, por eso! Pero vamos, la gente es infeliz, y lo será siempre, porque nunca podrá llegar a la perfección completa. El latino sabe que ni se acerca a la perfección, y lo admite, y no se preocupa ni se estresa, solo sigue siendo feliz. Entonces, señor periodista, si obtuve el 8.º lugar en una competencia, es una vergüenza para Alemania, pero un orgullo para Chile. Porque de los 10 finalistas ningún otro tiene estas nacionalidades y yo soy la única. ¿Y sabes qué? Esto me hace feliz, y no amargada.