13 de septiembre de 2015

Aventura entre callejones



La primera vez que fui a Valparaíso me perdí; Entré en un laberinto de callejones angostos, muros coloridos y casonas abandonadas, subí escaleras pintadas y acaricié a los gatos, quienes me acosaban desde las ventanas de las casas y desde lo alto de los muros, burlescos, esbeltos y juguetones.

Deambulé por los cerros hasta que finalmente encontré el paraíso de las cafeterías y los poetas, quienes me acogieron con dulce aroma entre su tenue luz. Entre café y café brindé por los gatos, los callejones y las escaleras, mientras dibujaba mi firma en la pared del local.

*Proyecto Valparaiso en 100 palabras



31 de agosto de 2015

La mujer indolente


*Se recuerda al lector que los capítulos de La vida de Sky Cryster son un proyecto aparte, que no publicaré completo, excepto algunos capítulos que en este momento si considero aptos para el público.


La Vida de Sky Cryster - Capítulo **


No puedo decir que mi experiencia con mujeres es nula. Una vez hubo una que llegó a mí, y se fue del mismo modo en que había venido; en silencio y sin explicaciones.

Nunca supe que sintió ella por dentro, en su pequeño alma refugiado en un fuerte. Y nunca me atreví a preguntarle después, a pesar de que ardía por dentro por saberlo. Hay preguntas en mí, que florecieron en todo su esplendor y se marchitaron, ya que nunca obtuvieron respuestas. Tal vez era mejor no obtenerlas y permanecer en la duda.
No la conocía en absoluto. No sabía nada de ella. Trabajábamos a diario codo a codo en un gran escritorio, en silencio. Todo el día en absoluto silencio.
De vez en cuando me volteaba ligeramente a mirar su expresión de reojo, un bello rostro de mujer joven que se ocultaba tras una espesa mata de cabellos que utilizaba como un muro, un muro que impedía el acceso a todos aquellos que allí trabajábamos.
De vez en cuando alguien se atrevía a dirigirle la palabra y se arriesgaba a contarnos un chiste, para el cual ella apenas se inmutaba con una ligera mueca apenas visible. Era como una estatua, blanca, bella, rígida, o un robot que solo estaba entrenado para realizar su trabajo, sin emociones ni la capacidad para sociabilizar.

Llegaba puntualmente a la hora, saludaba al grupo, se sentaba en su puesto y se mantenía allí hasta la hora de la salida, ocultándose tras su cabello. No almorzaba, no se levantaba para ir al servicio, no se preparaba un café, no comía nada. Se concentraba en su trabajo en estricto silencio ocultando su rostro y con él cualquier oportunidad de acercamiento.

Soporté aquella rutina por dos meses. Luego no resistí más. Por dentro me quemaba el deseo de iniciar una conversación, un intercambio de palabras y opiniones humanas que rompiera aquel estado de estricta distancia.

Un día después del trabajo decidí seguirla. No es que yo fuera un sicópata que acostumbraba a hacerlo, pero la tentación me obligaba a averiguar quién era aquella estatua tan misteriosa. Solo había dos alternativas; Era una bella persona que se transformaba después del horario laboral y regresaba a su humanidad, o definitivamente siempre había sido un libro abierto, en el cual no había nada que leer, la misma mujer aburrida e inexpresiva que acostumbraba a trabajar con nosotros en la misma oficina.
Ella salió del edificio vistiendo su acostumbrado uniforme, una falda apretada y una blusa blanca.
Sobre ello llevaba un abrigo largo, bajo el cual se ocultaba dejando mostrar solo las piernas.
Se alejó del edificio cruzando calles y avenidas a paso rápido, dejando atrás todo lo que día a día la atormentaba. A cada paso se acercaba más y más a su libertad, a su refugio de tranquilidad y confianza, a su hogar. El momento del día que satisfactoriamente se quitaban las máscaras y se invitaba a la comodidad, para aquellos que no suelen ser uno mismo en presencia de la formalidad.
Esta era la única conclusión que esperaba comprobar acerca de ésta persona.
La seguí un rato por la ciudad, cuidadoso de ser visto en caso que ella diera la vuelta en algún momento, lo cual nunca hizo.
Me llevó por todo el centro, atravesando avenidas, puentes, y zonas de comercio, doblaba en esquinas tratando de perderme entre la multitud y los drásticos cambios de dirección, sin saberlo. ¿Lo intuía?
Después de un rato disminuyó el paso al cruzar un pequeño parque adornado con césped y flores, en donde el sol anaranjado del atardecer alumbraba aún las copas de los árboles.
Ella se quitó el abrigo y se sentó en la banca. Abrió su cartera, sacó de allí un pequeño objeto e hizo una llamada.
Entonces finalmente decidió echar un vistazo a su alrededor, verificar que se encontraba estratégicamente sola sin un ser humano en un radio cercano. Satisfecha continuó revolviendo su cartera.
Yo me mantuve escondido tras un vehículo estacionado, observándola a través de las ventanas.
El sol se alejó de las copas de los árboles manteniéndose en la azotea de los edificios. El día se estaba despidiendo y yo esperando continuar con el tour por la ciudad, curioso de los lugares hacia donde me llevaría.
Tal vez estaba esperando a alguien y yo debía darme por vencido, derrotado de la tentación de actuar como si de pronto me la cruzara casualmente por la ciudad.
La señorita finalizó su descanso levantándose de su asiento y volviendo por la dirección por la cual había llegado. Se volvió a colocar el abrigo y continuó por otro lado de prisa nuevamente. Yo por supuesto, la seguí.
Los faroles se encendieron y el sol desapareció. Un ligero viento helado comenzó a barrer por el paisaje otoñal, botando las hojas secas de los árboles y susurrando a través de sus ramas desnudas.
La mujer se alejaba del centro y su multitud, adentrándose en zonas residenciales que quedaban en una pequeña altura.
El cielo oscurecía y yo comencé a preguntarme si tal vez no era mejor dejarla sola, pues no tenía ningún plan para enfrentarla, llegada la oportunidad de hablar con ella.
Pero no era necesario mi plan ni la oportunidad de hablar. Todo sucedió muy rápido.
Me acerqué lo suficiente como para que me distinga apenas se diera vuelta, pero en vez de voltear, continuó su paso y dobló en una esquina en la que había grandes casonas, que contenían algunas ventanas iluminadas en su interior y otras aún oscuras.                               
Allí había un callejón sin salida en el cual ella decidió entrar, y entonces comprendí que se trataba de su domicilio. Alguna de esas ventanas oscuras se iluminaría luego que su habitante entrara a su hogar.
Aquella era mi última oportunidad de acercarme a ella, quien había decidido dirigirse a la puerta de la última casona del callejón, que se encontraba en una altura, accesible mediante escaleras de concreto.
Me acerqué a ella, quien se encontraba de espaldas hacia mí buscando la llave de su casa. Me detuve a un metro de ella en silencio. Ella presenció mi cercanía, y se dio vuelta de inmediato. Al verme allí tan cerca y reconocerme dio un leve grito de susto y quedó petrificada.
Di un paso hacia el frente y le tomé las manos.
Entonces el cielo ya no estaba azul ni quedaba rastros del día. Los faroles iluminaban las calles y avenidas pero no el callejón. Y allí estaba yo junto a ella, en la oscuridad.
La tomé por la cintura y la acerqué a mí, esperando una reacción de rechazo. No la hubo. Posé mis dedos sobre su cuello y lo recorrí con las yemas de los dedos hasta llegar a su mentón.
La acerqué a mí y la besé, sin permiso alguno, sin necesidad de algún intercambio de saludo.
Ella me correspondió en silencio buscándome en la oscuridad con sus manos. La abracé y le concedí que me devolviera el abrazo.
**aqui es donde la historia podría terminar sin más, o preferentemente, continuar con lo siguiente**
La tomé de las manos y la llevé a un lado de la escalera, una esquina protegida por un árbol, un lugar más privado para averiguar quién era mi compañera.
Ella se dejó guiar y se apoyó de espaldas en el tronco del árbol.   
La rodeé con los brazos y la besé, como pocas veces he tenido la oportunidad de besar a alguien.
Su rigidez y tensión fueron cediendo a medida que su cuerpo se acercaba más al mío, hasta eliminar por completo alguna distancia entre los dos, acomodándose ella entre mis brazos con un deseo casi imperceptible de poseerme. O tal vez yo solo me lo imaginaba.
Pero de que ella me deseaba en aquel momento, de eso puedo estar seguro, lo hacía.

Abrí su abrigo en el momento en que sus piernas rozaban las mías incitándome a deshacerme de las telas que la cubrían y que impedían mi total acceso. Aunque mi objetivo no fuera precisamente el acceso, contemplé la tela fina deslizarse sobre una piel suave con aroma a lavanda. Era hermosa, estéticamente bella, como suelen ser las mujeres, una delicadeza a la cual yo no estaba acostumbrado.
Sin decir una palabra me entregué aquella noche junto a ese árbol a un instante, al que jamás habría atribuido a mi propia experiencia, convirtiéndolo siempre en algo ajeno y codiciado por los demás. Probablemente fue mi merecido no impresionarme ante la calidad del disfrute ni en la magia que contenía, pues no fue sorpresa alguna el resultado que ya anteriormente había supuesto.
Mi deleite consistía en descubrir las crecientes emociones de mi compañera, quien se complacía en poseerme de una manera no convencional, a la intemperie y en un lugar público, como fantasía de muchos y de la cual su goce yo ponía en duda.
Y de alguna forma me divertía percibirla tan cerca y de un modo tan distinto a lo acostumbrado, una repentina confianza anteriormente imposible y todas las actitudes socialmente obligatorias esfumadas en un momento en el que ella me disfrutaba y me utilizaba para complacerse sin saber que yo solo era un medio, ya que no me era posible comprender aquellos sentimientos y sentirlos por completo.
No era mi intención arruinar el momento, ni mi deseo alejarme de allí ni abandonar mi cometido. Me dejé llevar a un mundo del que todos regresan emocionados y con anhelo de regresar. Tal vez yo no regresaré. Haberlo visitado una vez me dejó lo suficientemente satisfecho para no necesitar volver.

Me despedí con un beso y una sonrisa de su parte, pero aún sin decir palabra. El silencio no opacaba la confianza que de pronto nació entre los dos. Ni siquiera me había preguntado cómo fue que llegué hasta allí. Ninguna explicación hacía falta para defender con algún argumento lo sucedido.
Ella regresó a la puerta de su casa y desapareció tras ella.
Yo continué bajo el árbol un tiempo corto, observando como en una de las ventanas de la gran casona se encendía una luz y acto seguido se cerraban las cortinas.
Entre la neblina nocturna me fui de allí, camino de regreso al centro preguntándome que sucedería desde allí en adelante.
***
Volví al día siguiente a la oficina, un poco atrasado y un poco extasiado. Ella se encontraba como siempre en su lugar, inexpresiva, rígida y en silencio. No volteó a mirarme. Durante el día no avancé mucho en mi proyecto de entonces, pues esperaba de su parte algún gesto, alguna aprobación o emoción. Pero no recibí nada de ello. Su silencio la mantuvo firme y concentrada en su actividad.
Al día siguiente lo volví a intentar. Y en un momento del día volteé y la miré fijamente, pero ella no me devolvió la mirada. Simplemente actuaba como si yo no existiera, como si no hubiera pasado nada, como si ella misma no estuviera allí.
Al principio fue perturbador, y con el tiempo dejé de intentarlo y acepté mi derrota. No se le puede pedir a una máquina que responda por iniciativa propia. Tampoco la volví a seguir después del trabajo. Apenas la saludaba a diario, como la ley social obliga como comunicación mínima exigida.
Tuve que conformarme con haber vivido la intimidad máxima con una completa desconocida que veía a diario durante todo el día. Hasta que renuncié. Cuando me fui de allí y me despedí de mis compañeros, solo le dije adiós, el cual ella me devolvió cordialmente. Después de eso, nunca más la volví a ver.

Esta fue mi experiencia, de la cual no suelo acordarme muy seguido, ni hablar sobre ello con muchas personas.


Fue tan solo una simple experiencia, una entre muchas otras cosas que me han sucedido en la vida, ni más ni menos importante que el resto. Hago mención de ella por el simple hecho de que al público le importa mucho más que a mí mismo.

21 de agosto de 2015

Análisis sobre el libro Cumbres Borrascosas de Emily Brontë - Personaje Sr. Lockwood

Hoy quiero hablar sobre algo en particular. Más que el libro en sí, es sobre un personaje en particular que ha robado mi corazón. Trata sobre el Señor Lockwood. Este me ha atraído especialmente por la semejanza que tiene con uno de mis propios personajes.
El libro no habla mucho sobre el personaje, y es una lástima, pues el Sr. Lockwood es solo el oyente y narrador, a quien se le cuenta la historia, el drama entre dos familias del norte de Inglaterra. Si estuviera en mis manos, haría una historia enfocada solo de su vida, y por supuesto,  como había ansiado a lo largo de toda la historia, cambiar el final y acabarlo a mi manera.
No es un personaje que se muestra en las películas, pues forma parte del juego de los dos narradores., por lo tanto, este análisis será el único que hablará sobre este personaje, y el único que lo toma verdaderamente en cuenta y lo incluye en la historia.

Sentir deleite al leer frases bien construidas y elegidas con exactitud, palabras hermosas y exquisitas narrativas, es algo que no todos saben y/o pueden disfrutar.
Hasta ahora no he encontrado a una persona que disfrute con tanto placer leer un libro escrito entre el siglo XVIII y el siglo XIX, aunque sea solo una traducción al español de su original inglés de Inglaterra. 
Suelo elegir esos libros específicamente por el lenguaje que se utiliza para narrar la historia. Y la historia en sí, claro. Pero quiero enfocarme principalmente en el lenguaje. Y no puedo describir cuan hermoso lo considero, porque hasta ahora no he adquirido la habilidad para describir acertadamente lo que pienso. Es como intentar describir una bella obra de pintura, o una mujer hermosa desde el punto de vista de un enamorado.
He comenzado a hacer un análisis del libro que recientemente comencé a leer, “Cumbres Borrascosas” de Emily Brontë, libro que recibí de regalo de una buena amiga para mi primera graduación en la universidad (si, ahora estoy por graduarme de nuevo, pues he finalizado mis estudios el año pasado).

Luego de leer otro libro que no me aportó conocimiento alguno en expresión y vocabulario (no diré el título), volví al estilo que solía leer, de aquella bella época de señores elegantes y finos modales.
A continuación pegaré algunos párrafos que considero de lo más placenteros, un deleite que –repito nuevamente- no muchos saben experimentar.

Debo aclarar que es solo una traducción (y he analizado varias traducciones de este mismo libro, y la que cito a continuación es la mejor), pero aun así, felicito el lenguaje que ocuparon para traducir el texto. Específicamente la editorial Ediciones Bronte S.L., traducción de Elisabeth Martínez.
(Ignorando los errores que tiene esta edición, ya que el libro está repleto de ellos.)
Destacaré aquellas frases que me parecen más importantes:

Emily Brontë

El Sr. Lokwood relata sobre su nuevo conocido, su casero. Se nota principalmente la fe que tiene en la humanidad, aunque esta se desmorona al verse aclarados los misterios en el transcurso de la historia.

“Puede que algunas personas le tildaran cierto grado de soberbia grosera; yo albergo dentro de mí una cierta conformidad con él que me dice que no hay nada de eso; sé por instinto que su reserva proviene de una aversión por su parte a las exhibiciones aparatosas de sentimientos, a las manifestaciones mutuas de benignidad. Ama y odia sin ostentaciones, y le parecería una impertinencia que le devolvieran su amor o su odio. No, no me precipito. Le estoy achancando pródigamente mis propios atributos. Puede que el señor Heathcliff tenga unas razones completamente distintas de las que me mueven a mí para no tender la mano cuando se encuentra ante una persona a la que no quiere conocer. Quiero confiar en que mi constitución es casi singular: Mi querida madre solía decir que yo no tendría jamás un hogar acogedor. Y el mismo verano pasado demostré que soy absolutamente indigno de tenerlo. 
(Aquí haré una pausa y me enfocaré en la descripción de la personalidad del propio Sr. Lockwood. Lo que no he podido entender, después de haberme leído el libro y haberme saciado de la historia, es el por qué Emily Brontë se molestó en describir a alguien que no es relevante en la historia. ¿Por quééééé? Ya que esto fue lo que creó mi lazo con el personaje. Continuemos:)
Disfrutando de un mes de buen tiempo en la costa, me encontré en compañía de una criatura seductora, de una verdadera diosa a mis ojos, mientras no se fijó en mí. “Nunca manifestaré mi amor” con palabras; no obstante, si es que las miradas tienen lengua, la idiota más grande podría haber adivinado que yo estaba hasta las orejas; me comprendió al fin y me devolvió las miradas… con la mirada más dulce que se puede imaginar. Y ¿qué hice yo? Con vergüenza lo confieso: me retraje fríamente sobre mí mismo, como un caracol; a cada mirada suya me retiraba más, y más gélido; hasta que, por fin, la pobre inocente llegó a dudar de sus sentidos y, abrumada por el apuro que producía su supuesta equivocación, persuadió a su madre de que las dos tomaran el portante. Esta curiosa inclinación mía me ha merecido fama de crueldad intencionada: sólo yo puedo apreciar lo injusto de esta fama.”

Bueno, Sr. Lockwood, lo siento mucho por ti. Pero a la vez no tienes idea de cuánto te entiendo.
Este párrafo fue el que hizo del comienzo del libro un encanto para mí. Pero un encanto mal enfocado, pues me he enamorado de un personaje que no tiene relevancia.
Y para más remate, este tímido y delicado oyente, relata su atracción platónica nuevamente:

“Hasta entonces había estado apartada de la luz. Ahora vi con claridad toda su figura y su rostro. Era esbelta, y al parecer apenas había salido de la pubertad; unas formas admirables. Y la carita más exquisita que he tenido el placer de contemplar en mi vida: rasgos pequeños, muy hermosos; bucles rubios, o más bien dorados, que le colgaban sueltos en el cuello delicado; y unos ojos que si su expresión hubiera sido agradable, habrían sido subyugantes; por fortuna para mi corazón impresionable, el único sentimiento que manifestaban estaba entre el desprecio y una especie de desesperación que era notablemente anormal detectar allí.”

Y aquí es donde el Sr. Lockwood hace referencia a su edad, lo cual lo expresa elegantemente con un tono añorando la ventaja que alguna vez podría haber tenido, en una época pasada.

“-Me refiero a la señora de Heathcliff, a su esposa.
-Bueno, si… ¡Ah! Usted quiere dar a entender que su espíritu ha ocupado el puesto de ángel guardián, y que cuida de la suerte de Cumbres Borrascosas aún después de faltar su cuerpo. ¿Es así?
Percibiendo que había cometido un error, intenté encomendarlo. Podría haber advertido que existía demasiada diferencia de edad entre las partes como para que fuera posible que fuesen marido y mujer. El uno tenía unos cuarenta años; es un período de vigor mental en el que los hombres no solemos aceptar el engaño de que las muchachas se casan con nosotros por amor; ese sueño queda reservado para el solaz del ocaso de nuestra vida. 
La otra no aparentaba haber cumplido los diecisiete.
Entonces se me ocurrió… “El palurdo que está a mi lado, que se está tomando el té en un tazón y que se está comiendo el pan con las manos sin lavar, puede ser el marido de ella. Heathcliff hijo, claro está. He aquí la consecuencia de enterrarse en vida: ¡Se ha arrojado en brazos de ese gañán, por pura ignorancia de que existen personas mejores! Una lástima: deberé guardarme de ser la causa de que se arrepienta de su elección.” Ésta última reflexión mía puede parecer presuntuosa, pero no lo era. Mi vecino de mesa me parecía casi repugnante; yo sabía por experiencia que yo resultaba tolerablemente atractivo.


Ejem… repito: ¿¿“Por pura ignorancia de que existen personas mejores”?? Con esto ya tenemos claro que el Sr. Lockwood ha quedado encantado con la señorita de bucles dorados. 
Entonces reitero, ¿Por qué la autora de este gran libro se ha empeñado en ser tan específica en detallar los sentimientos del personaje a quien le es contado la historia, pero que apenas participa en ella? Y luego, ¿por qué nos devuelve tan poca continuidad acerca de este mismo personaje? 
Primero nos incita en relatarnos acerca de este personaje, adornar su personalidad y luego quitarnos la ilusión de continuar contándonos su historia y desarrollar sus deseos. Lo utiliza como un simple juguete para seducirnos, atraparnos, y luego vendernos una historia totalmente distinta de la que habíamos esperado.
Y para más remate destaca: “Deberé guardarme de ser la causa de que se arrepienta de su elección.”
En otra traducción del mismo libro dice: “Éstas son las consecuencias de vivir lejos del mundo: ella ha debido casarse con este patán creyendo que no hay otros que valgan más que él. Es lamentable. Y yo debo procurar que, por culpa mía, no vaya a arrepentirse de su elección.
Bueno, yo personalmente si habría querido que ella se arrepintiera de su elección, si es que la historia hubiera continuado con esa percepción.
Y por sobreremate: “Yo sabía por experiencia que yo resultaba tolerablemente atractivo.” (Esto me recuerda tanto a uno de mis propios personajes).
El señor Lockwood es indudablemente el personaje que nos prometió ser: “Nunca manifestaré mi amor con palabras”.

Y entonces el Señor Lockwood tendrá que aceptar su derrota, de haber sido solo el narrador, y no haber formado realmente parte de la historia. 
Y nuevamente cumple su promesa anteriormente destacada, limitando su amor solo a la vista.

“Me mordí el labio de despecho por haber desaprovechado la ocasión que podría haber tenido la oportunidad de hacer algo más que limitarme de mirar aquella prodigiosa belleza.”

Y finaliza la historia dejándome con ansiedad de haber querido algo mejor para su desenlace, alguna ganancia para él, satisfaciendo mi curiosidad inicial por mi querido Señor Lockwood.

“Cuando llegaron al umbral, y se detuvieron a echar una última mirada a la luna (o, más precisamente, a mirarse el uno al otro a su luz), sentí el impulso irresistible de huir de ellos otra vez…”

Dejaré mi análisis hasta aquí. Y lo seguiré haciendo con mis libros favoritos. Les dejo la foto de mi libro, que descansa leído junto a mi colección, e iré a imaginarme un final y una historia levemente distinta, en donde mi querido narrador obtiene un papel más importante, que solo ser testigo del drama familiar de otros.



Link de descarga de la otra traducción, la que no es tan buena como la del libro:
http://goo.gl/m9HdE5

5 de julio de 2015

Sangre

Sangre.
Líquido carmesí que fluye a través de nuestro cuerpo
Sangre.
Sangre que determina, sangre que elije, sangre que pertenece, sangre que hereda.
Sangre que pacta.
Sangre que determina la vida. Sangre que se ausenta, persona que muere.
Sangre que identifica.
Sangre que exige, sangre que se entrega, sangre que vende.
Sangre que atrae la atención, sangre que advierte, sangre que salva una vida.
Sangre que salva un alma.
El color más fuerte. La frecuencia visible más baja. La longitud más alta.
Sangre.
A los buenos les repela. A los malos les atrae.
Alma. Sangre. Humanidad. Ser vivo.
Cuentos, mitos y leyendas, la sangre está escrita.
Sangre buena. Sangre mala. Sangre que juzga.
Sangre que se consume.
Sangre.
Líquido carmesí que determina nuestra procedencia, existencia y trascendencia.

21 de junio de 2015


Algunas veces se animaba y charlaba vivamente y otras se volvía a sumergir en
las profundidades del océano, ausente, cabizbaja y ensimismada.

14 de mayo de 2015

Por un lado es bueno -y entretenido- cuando las cosas que se tienen en mente, hacia otra persona, se hacen sin un acuerdo previo.
Pero por otro lado, en mi caso, la curiosidad se justifica, ya que soy escritora, por lo tanto una narradora omnipresente que no solo disfruta con las sorpresas espontáneas, sino también con la planeación previa de los dos participantes.


28 de abril de 2015

¿Enemigo o idiota?

1.- Si quieres combatir contra tu enemigo, primero conócele; analízale,
pruébale, encuentra su punto débil, descubre su potencial mental.
Si te das cuenta que él en realidad es un idiota y su análisis no es 
tan elevado como el tuyo,ya habrás ganado la batalla.

1.1.- Si no está a tu altura, ni siquiera es tu enemigo. Es solo alguien
que molesta a la vista, pero no representa amenaza alguna.

1.1.1.- Qué escondía tras esa sonrisa simpática? Maldad?        
Quizás no escondía nada, tan solo era un idiota que no
se daba cuenta del daño que cometía.

1.1.1.1.- Al fin y al cabo solo era un idiota disfrazado de enemigo peligroso.





24 de abril de 2015

Los monstruos de Mr. Rohuh

La singular y a veces sobresaltante manera en que Mr. Rohuh dejaba mostrar
su rostro en el umbral de la puerta, me producía una sensación inquietante.
Al principio no lograba comprender por completo la finalidad de aquellas actitudes tan apropósitos.
En Mr. Rohuh había monstruos: monstruos mentales que emergían a la superficie y luego retornaban temporalmente a las profundidades.
Se presentaban en forma de comentarios fugaces que dejaba caer un momento
esperando causar con ellos alterar nuestro estado sereno de concentración.
En otras ocaciones se presentaban en distintas actitudes que esperaban impactar y lograr en nosotros una actitud sumisa ante nuestro agresor.
Solía visitarnos de vez en cuando en la sala, recorriéndonos con mirada suspicaz y recelo, para luego sacudirnos malintencionadamente con alguna acusación.
Si, era un tipo extraño. Se decía que sufría de asperguer.

Durante el café se sentó a mi frente para analizar mudo cada uno de mis movimientos. Pretendía provocarme e irritar mi control para encontrar un punto débil desde el cual, construir una torre de prejuicios en mi contra, y así, tener una excusa para deshacerse de mí.
Puesto que su análisis de personas no era muy efectivo, nunca comprendió que yo no era tan fácil de quebrar. Mi carácter se asemejaba al suyo, pero con una notoria diferencia de autocontrol y silencio.
Siempre estuve preparada para un enfrentamiento de palabras que destruiría su cargo. Aquello me aventajaba.

Algunas personas pensaban que a la mitad de una conversación poco juiciosa, se volvía cuerdo de improviso. Pero asimismo no tenían más remedio que admitir que de inmediato regresaba a su locura, que impedía hacia él cualquier forma de trato o acercamiento.


Lo ideal consistía en mantenerse alejado de Mr. Rohuh, ignorarlo por completo e insinuar su inexistencia. Aquello prevenía muchos problemas.




14 de abril de 2015

Capítulo 3 de Nueva Idea sin nombre

Capítulo III
Notas de Gabrielle


El martes llegando al trabajo me encuentro con una chica nueva allí. Estaba conversando con Jeremías mientras mordía sus uñas coqueta.
De algo me había perdido el día anterior y decidí ir a actualizarme rápidamente.

-"Buenos días Gabrielle, ven, acércate. Quiero presentarte a Diana, la chica nueva de cámara."
Grande fue mi sorpresa al enterarme de que ella se encargaría de las cámaras.
-"¿Qué pasó con José?" Pregunté temiendo lo peor.
-"Sentimos mucho que se haya ido. Encontró otro trabajo que le queda mucho más cerca. Ya no tendrá que viajar una hora para llegar a trabajar todos los días."
Era una lástima que las cosas hayan tenido que acabar así.
-"¿Dónde vives?" Le pregunté a la nueva.
-"Aquí mismo, en Madrid." Me respondió amable.
-"¿De dónde eres?" Su dialecto me parecía un poco extraño.
-"Soy de Chile. Acabo de llegar a España hace dos semanas."
-"¡Oh!" Atiné a decir y fui a quejarme con Jorge.

El jefe se quedó indiferente ante mi pregunta sobre José.
-"¿No se da cuenta que perdimos a un fotógrafo importante?" Intenté lograr su atención. "¿Cómo pudo despedir a José?"
-"Señorita, no fue despedido. El señor Faraway ya no se encuentra con nosotros por voluntad propia. Lamento la pérdida, pero hemos encontrado un buen reemplazo. Estoy seguro que Diana hará el mismo trabajo o incluso mejor."
-"Pues lo dudo bastante. ¿Sabe usted que ella no es profesional? Es solo una persona que le gusta jugar a tomar fotografías."
-"He visto su trabajo y desde mi punto de vista profesional es muy bueno. Solo hay que darle una oportunidad, no necesita un título para hacer un buen trabajo."
-"¡Que injusto...!"

Regresé a la sala y preparé el maquillaje para la llegada de las modelos de Yiinshe. El día anterior ya habían llegado las cajas con la vestimenta que debían lucir. Las desembalé y dejé cada prenda colgada, listas para ser puestas cuando llegara el momento.
De reojo observé como Katty explicaba a Diana el uso de las cámaras mientras ajustaba la luz en cada una.
Diana adoptaba la expresión de comprender perfectamente de que se hablaba mientras detecté algo de inseguridad al analizar más detenidamente sus facciones.
Katty me descubrió observándolas y con un gesto me invitó a acercarme.
-"Tú también podrías aprovechar de aprender algo de fotografía." Dijo riéndose.
-"Yo ya tengo mi ocupación." Respondí y regresé a mi trabajo.

Diana sacudía su cabello ondulado que ahora rojizo, alguna vez debió ser castaño.
Vestía bien y se notaba. No podía negar que en realidad la chica era guapa. Y quizás ella lo sabía y lo aprovechaba para conseguir trabajos que no eran de su profesión.


Extrañaba a José, a quien se le había reemplazado por esa extranjera. ¿En qué momento habrá tomado esa decisión? ¿Por qué no me avisó? ¿Cómo es que se fue tan rápido y al instante apareció Diana?



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Capítulo 2 de Nueva Idea sin nombre

Capítulo II
Notas de Jeremías

Durante la tarde del día habíamos logrado acabar con todo el trabajo pendiente. Habíamos devuelto la implementación de la escenografía completa, la vestimenta, el equipo extra que había que alquilar y las modelos se fueron a casa.
Después del trabajo fuimos a beber unas cervezas al local de enfrente y brindamos por haber logrado una excelente producción durante la semana.
Éramos un equipo excelente y cada uno cumplía su función específica. Yo me encargaba del escenario. Katty, mi fiel compañera y pareja de vida, se encargaba de la luz, y juntos hacíamos del trabajo una entretención.

El lunes siguiente llegué algo cansado al trabajo, pues la fiesta del fin de semana había acabado con mi energía. 
-"Jeremías, espera."
Apenas crucé el umbral de la puerta fui detenido por Jorge, mi jefe, quien en pocas palabras me informó acerca de la chica nueva que comenzaba su día allí. Y así conocí a Diana.
Al principio me pareció algo tímida, allí de pie en medio de la sala del recibidor.
La llevé con los demás, le presenté nuestro equipo de trabajo y compañeros de noches de cerveza y luego le di un recorrido por la empresa. No había donde perderse, pues no habían tantas salas. Algunas oficinas, algunos estudios de producción específicos y la sala grande, en donde hacíamos las sesiones la mayoría de las veces.

-"¿Cuál es tu área?" Le pregunté queriendo saber cuál iba a ser su trabajo en aquel lugar.
-"Cámara." Me respondió.
Ella sería la encargada de las cámaras fotográficas. ¿Qué había pasado con el chico de la cámara? Aquel día no llegó al trabajo. ¿Se había ido?
-"Bienvenida." Le sonreí.

Los lunes no había mucho trabajo, pues se analizaban los proyectos que se iban a desarrollar durante los días siguientes.
Para el martes estaba programada una sesión para publicidad en ropa de marca. Jeans, y cosas así, ropa de mujeres. En esas sesiones siempre había un exceso de maquillaje y un exceso en apariencia, refiriéndome a las modelos. Nunca usaban mujeres normales, siempre tenía que haber alguna con rasgos exagerados que pudiera absorber y combinar la cantidad de pintura con la que se le bañaba el rostro. No era mi asunto, yo solo me encargaba del escenario. Diana podría haber sido buena para el cargo de la modelo, pero esas no eran mis decisiones.

-"¿Eres fotógrafa?" Le pregunté esperando una obvia respuesta afirmativa. Pero ella movió la cabeza.
-"Me encanta la fotografía, y soy muy aficionada. Pero no es mi profesión. Mi profesión es administradora de empresas."
-"Perdón, ¿qué?"
Se rió y luego me explicó detalladamente su pasión por la fotografía y su concepto de arte.


-"Bien. Aceptado." Dije ya más tranquilo. "Hoy te encargarás de revisar la propuesta para la sesión de mañana. Vendrá nuevamente Yiinshe a promocionar sus pantalones extra apretados para mujeres. Tal vez me puedas dar algunas ideas de escena. En este caso tengo la total libertad de elegir como recrearla. Estoy pensando en una sesión de bosque otoñal con hojas de colores y ese tipo de cosas, ¿qué opinas?" Me la llevé a la oficina.


Capítulo 1 de Nueva Idea sin nombre





Capítulo I
Notas de Armand

Aquel día me dijo que la esperara en la cafetería después del trabajo. Accedí y me dirigí al lugar de siempre, un bello café, agradable, acogedor. Un ambiente cálido en donde el ambiente estaba aromatizado con distintos brebajes, té, café, infusiones y especias.
Solíamos vernos allí algunas veces por semana, cuando queríamos hacer algo distinto que estar en la casa mirándonos las caras como en una rutina.

Cuando llegué ella ya estaba allí. No me esperaba verla tan temprano pues su horario de trabajo me daba ventaja para llegar antes, pues mi día en la universidad no era tan largo como el suyo.
Me saludó con una sonrisa, como de costumbre, esa sonrisa que hacía un tiempo atrás me había enamorado de ella.
Elegimos una mesa, yo pedí un té con canela y ella pidió un café. Le encantaba el café. Lo pedía siempre con una sonrisa y lo recibía con satisfacción. Yo la miraba de reojo mientras jugaba con la bolsa de mi té.

Esta vez la tarde iba a ser diferente, algo iba a cambiar. Pero no lo noté a tiempo. Ella se mantenía serena, con esa actitud tranquila tan propia de sí.
Luego del café procedió a decir lo que tenía en mente.

-"Armand," me dijo tranquila, "te quería comentar algo; Me voy. Lo he estado pensando y ya es una decisión definitiva. Me voy el próximo mes."
-"¿A qué te refieres?" Pregunté extrañando presintiendo que lo próximo me iba a asustar.
-"Me voy de aquí, de la ciudad, del país. Ya tengo el pasaje a Europa y es para el próximo mes. Comenzaré una vida nueva, abandonaré lo que tengo aquí. Hace mucho que me quería ir, pero solo me había quedado por ti. Después de analizarlo mucho he llegado a la conclusión de que no sirvo para esto y me voy. Todo lo que he querido lo tuve, ahora debo dar le próximo paso."
-"Diana, ¿hay algún problema entre nosotros?" Pregunté luego muy asustado.
-"No, en ti no hay ningún problema." Dijo determinada. "Eres un hombre excelente. Eres la persona que siempre soñé tener, alguien que esperé por muchos años, un milagro que me fue regalado. Pero verás, yo creí que con alguien como tú las cosas iban a cambiar. Que finalmente yo sería la persona que debo ser. Pero no es así, me he dado cuenta que con cualquier persona me sucede lo mismo; como con aquellos con los que salí algún día y por algún motivo no resultó. Creí que el problema eran ellos. Pero ahora que tengo a quien de verdad necesitaba, me sucede lo mismo; no sirvo para esto, no sirvo para relaciones de pareja. Por eso me voy antes que te enamores seriamente de mí. Me encantas, eres el ideal pero... hay algo en mí que no funciona como el resto de la gente... sinceramente no sirvo para esto."

Aquello fue lo que lo dijo hace un mes. Y entonces se fue sin contarme los detalles de su problema, llevándose sus esperanzas de una vida nueva y dejándome en la incógnita y el dolor.
A veces nos comunicamos y le pregunto cómo se encuentra, y me responde emocionada contándome que Europa es otro mundo totalmente distinto.

A veces me envía una foto y yo me la imagino allí, en medio del paisaje. Me imagino como debe estar transcurriendo su vida. Y a veces me pregunto si aún piensa en mí, si sueña conmigo o si analiza la causa por la que me dejó.

18 de marzo de 2015

Volar en vehículo

Hasta ahora he mantenido el secreto. Pero ya es hora de contártelo;

Tu vehículo es un portal para volar. Cada vez que me subo al copiloto y comienzas a avanzar, todo se difumina, se elimina, deja de existir. El ambiente cambia, y comienza aparecer un mundo nuevo. 

Mayormente un escenario ovalado, con un público incierto que lo rodea.
Y entonces todo comienza; Los esgrimistas toman su lugar, y después de la característica reverencia, comienzan a luchar. 
Si colocas música, ésta suena en el fondo, y los esgrimistas comienzan una danza entre agresivos movimientos de ataque y defensa, mientras el público susurra los últimos chismes acerca de los personajes, los cuales después de la introducción de lucha se vuelven la historia detrás del escenario.

Entonces frenas, te detienes o te estacionas y me dices algo. Y así me arrancas del mundo, de la esgrima, de la danza y su música y me devuelves por un rato a la realidad., la carretera, la ciudad, las conversaciones banales y demás tonterías.


28 de febrero de 2015

Entrevista a Sky Cryster

*Proyecto aparte, que no publicaré, excepto algunos capítulos que en este momento si considero aptos para el público.
La Vida de Sky Cryster - Capítulo I


El gerente de la empresa G.A.T.O me miraba con sus feos ojos de indistinguible color frunciendo el ceño y mirándome fijamente para ver si su mueca causaba alguna impresión en mí. Pero lo único que me causaba era que no pudiera evitar ver sus facciones desagradables a la vista. Creo que en ese momento yo tenía una cara de póker. No sabía si reírme, si deprimirme o si fingir que estaba asustado y desesperado por conseguir un trabajo en aquel lugar.
En sus manos sucias tenía los blancos pliegues de mi curriculum recién impreso en la librería de la esquina, y aún le quedaban el olor a tinta fresca.
Creo que esa entrevista de trabajo no resultó, por algún enigma entre él y yo. O él era demasiado feo para ser digno en ser mi futuro jefe, o yo era demasiado atractivo para el promedio de personas que se admitían allí. Pero eso no me preocupaba. En el fondo de mi alma yo sabía que de todas maneras sería un trabajo temporal, al menos que éste tuviera alguna cualidad que me atrapara y me hiciera adictivo a la actividad. Pero yo podía estar completamente seguro que nunca un trabajo me satisfaría tanto como para desear seguir ejerciéndolo durante el resto de mi vida.
En realidad solo necesitaba dinero para comprarme una impresora nueva y así imprimir currículums más extensos para otras empresas más dignas de mis encantos.

-“Señor Sky… Sky… ¿es ese su nombre realmente?” Preguntó el hombre haciendo tiritar sus cejas al pronunciarme.
-“Si, señor. Le aseguro que no lo puse para ahorrar tinta.” Le aseguré con naturalidad. Pero no parecí convencerlo. Me lanzó una mirada desaprobadora.
-“Pues me parece un diminutivo.” Aseguró.

Y nuevamente me encontré ante un gran dilema existencialista. Si no le gustaba mi nombre, entonces ¿para qué me había llamado?
Siempre me han hecho la misma pregunta. Que si Sky, que si Skyler, que si Skyle, Skule, Skipper, Skype,  y tantos otros que no recuerdo. ¿Por qué no se conformaban simplemente con un nombre de tres letras? ¿Por qué les parecía tan imposible que una persona pudiera llamarse así?

-“Si quiere, puede llamarme Mi Cielo.” Bromeé. Pero al tipo repugnante no le gustó. Creo que no le gustaba nada en mí, de lo contrario habría demostrado un poco más educación y decoro.
-“¿Y cómo se pronuncia su apellido?”
¡Eso fue el colmo de los colmos! ¿Cómo es posible que una persona en un mundo tan globalizado como éste me preguntara semejante estupidez? Es verdad que en mi nombre no le encontraba nada anormal que alguien no fuera capaz de pronunciar.
-“Crys-ter.” Disimulé lo irritado. Al menos yo si sabía disimular.
-“Pues espero que con ese apellido usted no sea muy llorón.” Se burló el señor feo.
-“Pues a mí me sorprende más que usted sepa lo que significa Cry, y que no sepa pronunciar mi nombre. ¿Para qué finge lo ignorante?”
-“No me falte el respeto señor Sky. Que yo sepa lo que signifique Cry no significa que debo saber cómo se pronuncia. No sé para qué le ponen la Y, si con I es el mismo resultado. Su nombre se pronuncia Crister, no Craister.”
-“Por supuesto que no me llamo Craister. Ningún inglés en su sano juicio pronunciaría esas primeras cuatro letras de una forma tan tosca. Sepa usted que la R allá no es pronunciada igual que aquí.”
El gerente me volvió a lanzar una mirada de esas espantosas. Yo fingí una expresión de inocencia. No acababa de entender como una entrevista de trabajo se había convertido en una clase de lingüística.

Finalizado el dilema de mi nombre continuamos con otro tema. Advertí que el feo estaba impaciente y me quería echar luego de allí. Pero yo no tenía la menor intención de irme.
-“Y dígame señor Cryster, ¿Cuál es su especialidad?”
-“Supongo que se refiere en términos de profesión. Ya que esta pregunta puede dar rienda suelta a mi imaginación y si no  me controlo podemos terminar de hablar sobre recetas de cocina. Pero supongo que no es el caso, ya que usted no tiene cara de que le guste la buena comida ni el arte culinario, a pesar de que yo soy un excelente cocinero y puedo hacer suspirar a cualquier señorita con una de mis especialidades. Pero ya que no es el caso, se lo diré; soy arquitecto. ¿Cuál es mi especialidad? Pues… arquitectar ¿No es obvio?”
En ese momento no estaba muy seguro de la existencia de esa palabra, pero eso no tenía la menor importancia, yo la había inventado, estrenado y dado a conocer al mundo. Como artista que soy tengo derecho a ser extravagante y a inventar de vez en cuando una palabra. Al fin y al cabo la arquitectura es considerada una rama artística. Y no era la única rama que yo ejercía.
-“No me diga…”
-“¿No? Entonces cambiemos de tema.”
El viejo parecía enfadado. Y yo como un ser que hasta en su nombre profesaba inocencia no sabía el motivo de esta tragedia… en realidad sí. Yo no era tonto, solo era irónico, y no me resultaba difícil actuar.
-“Tengo bastante claro lo que hace un arquitecto…” Continuó el adefesio.
-“… ¿entonces para qué pregunta? Ups, lo siento, lo interrumpí.”
-“Hay, Señor mío…”
-“¿Suyo? ¿Yo? ¿Quiere decir que ya me ha contratado?” Le puse la sonrisa más falsa que había hecho jamás.
-“¡No! Aún no hemos siquiera hablado lo suficiente de usted. Aquí me dice que terminó sus estudios en Londres. Me sorprende. ¿Es usted inglés?”
-“¡Claro que soy inglés! ¿O como se explica el buen parecido? Además ya lo había mencionado.” Oh, creo que acabo de cagarla. No quería decir que los ingleses fueran precisamente hermosos, ya que el mito indicaba lo contrario, pero la pregunta que este caballero acababa de hacerme me enaltecía el ego. Mi orgullo estaba plantado en mis dos nacionalidades. Las dos tan orgullosas que heredé el doble orgullo con todo mi orgullo. Y orgullosamente inflé el pecho y me puse la mano al corazón. “No me malinterprete. No quería decir que los ingleses fueran todos lindos, pero yo si lo s… sé que los argentinos igualmente lo somos. Entonces cabe comprender que de ambas partes he heredado no solo mi buen parecido, sino que también mi belleza.”
-“¿¡Qué!? ¿Es usted gay o narcisista o ambos?”
-“Ninguno de los anteriores.”
-“Porque me parece que tiene usted un concepto demasiado alto de sí mismo. Físicamente hablando.”
-“¿Acaso lo niega?”
-“No estoy en condiciones de responder eso.”
¡Claro! Pensé, con lo feo que es no tiene ningún derecho. Pero no quise decírselo. Podía herir su autoestima.

-“¿Siempre es así de infantil?” retomó el gerente la conversación.
-“Para nada. No soy infantil. Solo alegre. Y le aseguro que mi alegría ha ayudado a muchos.”
-“Pues no me parece gracioso. Y dígame ¿Hace cuánto que vive en Argentina?”
-“Nací en Argentina. Me criaron aquí hasta los quince años. Luego me fui a Inglaterra a estudiar y conocer familiares. Terminé la secundaria allá. Siempre me han encantado ambos países, son hermosos. Nunca he sido capaz de decidirme por uno en el cual planear mi futuro. Estuve en Inglaterra desde los quince hasta los veintidós. Desde que he vuelto hasta ahora he estado haciendo varias cosas, he trabajado en algunas empresas de construcción, pero ninguna me ha gustado lo suficiente para quedarme. También estuve un tiempo dedicándome a un trabajo de familia. Resulta que mis padres son dueños de tierras en la Patagonia, y pues, les ayudé a administrarlas. Desde entonces hace poco menos de un año no me he vuelto a dedicar a la arquitectura, aunque mi mente siempre trabaja día y noche y podría aprovecharlo de emplear mejor mi tiempo. Tengo muchos planos e ideas de palacios en la cabeza. Todas son realizables. Solo necesito un buen sueldo que sustente mis constantes viajes y le diseño todos los edificios que quiera.”
-“¿Qué edad tiene ahora, señor Cryster?”
-“hace poco cumplí los veinticinco. En el día de todos los santos. Aún no resuelvo el dilema de que si soy un santo o no. Mi nombre al menos lo incita a pensar, pero el haber nacido en una fecha tan especial no me hace más santo que otros.”
-“¿Y siempre ha llevado el cabello tan largo?” Preguntó después de otra pequeña pausa para tragar saliva y asimilar mis respuestas.
-“Si, mi madre jamás me lo cortó. Solo las puntas. Siempre las puntas, entonces lo he llevado siempre igual.”
-“¿No cree que eso falta a las normas de una empresa seria?”
-“Lo dudo bastante. Una empresa seria se fijaría en mi inteligencia, habilidad, capacidad, conocimientos, destrezas, virtudes, y no en el largo de mi cabello.”
-“¿Ha trabajado usted en Londres como arquitecto?”
-“Claro que sí, ¡se nota que no ha leído nada de lo que he escrito en mi currículum! ¡Me ha hecho gastar dinero de gusto!”
-“No sea exagerado por favor, un par de impresiones no cuestan tanto.”
-“No costarían tanto si tuviera un trabajo y un sueldo.”
-“No me convence usted con sus viajes a cada rato. ¿Cómo puedo asegurarme de que realmente se dedicará a trabajar y no solo a viajar?”
-“De algún lado tengo que sacar inspiración para realizar mi arte, ¿no?”


Creo que no recibí el trabajo, porque hasta ahora no me han vuelto a llamar.


27 de enero de 2015

Sirius III

A cada lugar al que voy
Siempre aparto lugares
Paisajes y momentos,
Que guardo con la esperanza
De llevarte un día para allá,
Mostrarte el mundo y sus inspiraciones,
Sensaciones y sentimientos
Que producen el contemplarlo.
¿Dónde estás ahora?
¿Cuánto más debo esperar

Para compartirme?


Estoy volando por los aires
No puedo dormir,
El viaje acaba al amanecer.

Estoy dolida por abandonar
Este precioso lugar…

Cada persona se ha quedado con una parte de mí.
Cada amor me arrebata un poco de ternura,
Un poco de esencia, y un trozo de mis sueños.
Ha llegado el último y se ha llevado lo que quedaba.
Ahora me siento vacío,
En mí ya no queda nada para entregar.
Y aún no apareces.
No ha quedado nada para ti.
Entre más te espero, menos te espera a ti.

He derrochado mis esperanzas de encontrarte en otras personas.
No has sido ninguna de éstas personas.

¿Alguna vez te encontraré entre ellas?

Este texto ha sido eliminado temporalmente para un concurso
 y se devolverá el mes de diciembre.

4 de diciembre de 2014

Ángel de alas negras

Bello ángel, ¿Por cual camino te has decidido? 
Dime ángel, ¿Cuales son las piedras por las que tropiezas?
Errante, indeciso, ser de alas negras
¿Qué destino te depara? ¿Qué destino nos separa?
Escapa de las sombras, encuentra tu camino
Haz que vuelva a amanecer.


30 de noviembre de 2014

Las esgrimistas

Cuando la había vencido, se mantuvo quieta delante de ella, esperando despedirse adecuadamente para luego recibir los aplausos del público. Su país había triunfado una vez más en esgrima gracias a ella.
Pero la perdedora hizo algo no esperado. Durante la lucha había cubierto su rostro con un velo negro, impidiendo reconocer sus rasgos faciales. Al ser vencida se acercó a su oponente y se quitó el velo con el cual había cubierto su rostro durante la lucha. Debajo apareció un bello rostro blanco, enmarcado con un cabello negro azabache, y unos brillantes ojos azules.
Regaló una atractiva sonrisa a su vencedora, quien, sorprendida no hacía más que observar ese impactante color azul.
Ambas chicas se miraron a los ojos, una sonriendo y la otra atónita por los ojos que la miraban.
Entonces la perdedora retrocedió unos pasos, se dió vuelta, recogió su espada y volvió hacia su vencedora. Se arrodilló, dobló un brazo por encima de su pecho y le entregó la espada como obsequio a su vencedora.

La ganadora aún más atónita, recibió la espada, encantada con la persona que había vencido sin verle el rostro anteriormente. Cerró los ojos, cruzó sus manos sobre el pecho y se dobló ligeramente hacia adelante, señal de saludo para éstos esgrimistas en particular.
Después abrió los ojos y expresó su agradecimiento hacia su oponente con una mirada profunda, llena de amor que nadie en el público notó.


Luego se dieron vuelta, dando fin a la función.



16 de octubre de 2014

Cuento: La sobreviviente

Prólogo

Varios meses después sostuve el recorte noticiero en mis manos, sonriendo leí murmurando y recordando aquel tiempo, en el que todos estaban asustados pendientes de nuevas noticias, mientras yo tomaba infusiones y chocolate calientes en una cabaña en la montaña, totalmente desconectada del mundo a mi alrededor.

En el año 2010 sucedió la tragedia, una gran noticia que impacto casi el mundo entero y de  la cual se habló bastante.
Fue el 1 de agosto que el avión de pasajeros salió desde Sao Paulo a las 22:30 en dirección a Santiago de Chile. Pero jamás llegó a su destino.
Al día siguiente todos los noticieros habían alborotado el tema del mes; la desaparición del
Aéreo-237, el cual había dejado de enviar información al sobrevolar el territorio argentino. Los cuerpos de rescate estaban en pleno trabajo de buscar la nave y sus posibles sobrevivientes.
Luego de una semana de búsqueda finalmente encontraron los restos de la nave. Había caído sobre la Cordillera de los Andes, en medio de una quebrada de altas montañas, destrozada y semi cubierta de nieve. Encontraron todos los cuerpos de los pasajeros dentro, nadie había sobrevivido. Luego de la identificación de cuerpos se percataron de que faltaba uno, la persona que debía estar allí con los demás había desaparecido.
Y así fue como comenzó el misterio de la mujer desaparecida, a quien buscaron por varias semanas más, por toda la zona del accidente. ¿Había sobrevivido ? ¿Estaban seguros de que realmente había despegado de Sao Paulo? Jamás la encontraron.

Cuarenta días después, luego de investigar y buscar se dieron por vencidos y asumieron de que jamás la encontrarían. Un día apareció la mujer, como si nada, sana y salva, en un pequeño pueblo argentino, anunciando de que estaba viva.
Muchos se desconcertaron, y los medios de comunicaciones la atormentaron con preguntas, ¿Cómo había logrado sobrevivir? ¿Cómo había logrado llegar hasta allí sin un dejo de cansancio, sin un rasguño, ni apariencia de superviviente? ¿Realmente era ella?
Nadie lo supo, ella simplemente no dijo nada. Lo único que advirtió fue que la dejaran tranquila, porque no podía dar ningún tipo de explicaciones.







1

Habían sido unas estupendas vacaciones en Italia. Tres semanas de viaje por distintas ciudades  lograron olvidarme un poco de la universidad, y el estrés que implicaba estudiar en el último año de ingeniería en informática.
Las últimas semanas de clase del primer semestre las había pasado estudiando para múltiples exámenes que me mantenían la mayor parte del día mirando la pantalla del computador portátil, escribiendo símbolos y códigos, unos jeroglíficos que sólo los geeks programadores como yo comprendíamos. Pero yo esperaba con ansias de que las vacaciones de invierno esta vez no las iba a pasar en casa en Viña del Mar, sino que tocaba conocer algo de Europa. Al principio pensé en viajar a España, ya que allí no iba a tener complicaciones con el idioma, pero luego decidí enfrentarme a un reto mayor, por lo que finalmente elegí Italia. Al menos el italiano es un idioma fácil de comprender, por su parecido con el español.
El viajar sola esta vez también implicaba un reto, pero el hecho de vivir de forma independiente por ya casi cuatro años, me había acostumbrado a la idea de no tener siempre a alguien a mi lado que solucionara mis problemas. Al ver esa tentadora oferta de vuelo en Internet no dudé en tomarla. Y así fue como comenzó mi viaje.

Apenas finalizado el semestre, la primera semana de julio, viajé a Santiago, la gran metrópolis contaminada, desde donde salía mi vuelo al atardecer. Tuve una corta escala en Madrid, de dos horas, en donde aproveché de mirar distintos tipos de artesanías en las tiendas de recuerdos.
Mi destino finalmente fue en La Toscana, en el aeropuerto internacional de Pisa.
Pisa es una ciudad hermosa, con su atractiva arquitectura antigua, a la cual no me cansaba de fotografiar cada detalle. También el Río Arno, con sus hermosos edificios color sepia reflejados en el agua. Y obviamente no me podía perder la torre de Pisa, en donde multitudes de personas se deformaban para sacarse la típica foto sosteniendo la torre fotografiada desde un ángulo exagerado para mostrarla aun mas torcida, como al punto de caerse sobre sus admiradores. A su lado la hermosa catedral y el baptisterio, adornando con áreas verdes la Piazza Miracoli.
También estuve en Firenze (Florencia), gran ciudad por donde pasa también el Río Arno. Visité su hermosa catedral con sus miles de detalles y pude admirar al fin la famosa escultura de mármol del David, de Miguel Ángel.
Así como bella, también cara, de Firenze me traslade a Lucca, antigua ciudad encantadora, como las demás, con una llamativa muralla a su alrededor, en el cual gaste casi toda la memoria de la cámara digital. Es de esas ciudades clásicas medievales de La Toscana que se han conservado por muchos siglos y que hoy en día podemos admirar en todo su esplendor.
Conocí algunos lugares rurales, alrededor de las ciudades, los cerros con plantaciones de olivos, castillos antiguos, en donde mayormente sólo quedaban las ruinas. Los colores de La Toscana, amarillos, verdes, rojos oxidados. Un placer para la mirada artística de aquellos pintores a los que a veces me incluyo.

2

Mis tres semanas de vacaciones habían pasado rápido. Descansé del estrés de la universidad enfocando toda mi atención al mundo totalmente distinto al que estaba acostumbrada.

Regresé al aeropuerto de Pisa y me di cuenta que mi vuelo se había atrasado media hora. Me aseguré de comer algo antes, ya que mi viaje era después de la hora de almuerzo, y lo más probable es que ya no me iban a dar nada en el avión antes de la noche.
El vuelo fue bastante tranquilo, me tocó un asiento en la ventana y el puesto a mi lado estaba vacío, por lo que dormité unas horas. Me despertaron para la cena. El sabor de la comida fue excelente, algo de gastronomía italiana. Finalicé con un vino tinto, para relajarme. Escuché algo de música y luego intenté  dormir. La noche fue tranquila y logré soñar un par de cosas que no recuerdo. Normalmente no solía dormir en los viajes, pero ése fue placentero.
A la mañana siguiente desperté para el desayuno. Los altavoces anunciaban de que faltaba poco para llegar a Sao Paulo, donde tenía escala de cinco horas. Descendimos al gran aeropuerto y pisé tierra brasileña. Estaba nublado aquel día pero hacia calor dentro del edificio. Las horas pasaban muy lentas y el aburrimiento aumentaba. Paseaba por el aeropuerto, mirando las mercancías de los distintos locales. Todo costaba tres veces más de lo que acostumbraba a gastar. Me senté a esperar a que pasara el tiempo para poder chequear mi siguiente vuelo. Me coloqué los audífonos y me sumergí en la música.

A medianoche ingresé al avión. La música me había hecho dormitar en el asiento por lo que no me di cuenta cuando abrieron la puerta del check-in. Muchas personas ya se habían organizado en varias filas, por orden de asiento. Yo no tenía asiento porque la aerolínea no me la había podido emitir en Italia, y la tuve que pedir allí. Me uní a una de las filas y me molesté un poco por la cantidad de personas delante mío.
El avión era pequeño con un pasillo con tres asientos a cada lado hacia las ventanas. Como un bus, pero más grande.
Más enojada estuve conmigo misma, cuando buscando mi fila de asientos, me di cuenta que no tenía ventana como yo quería, sino pasillo. Y para peor me había tocado la última fila de todas, en la cola del avión.
Decepcionada me senté y acomodé mi equipaje de mano que constaba de una mochila que llevaba mi chaqueta de cuero, por si hiciere frío al llegar a Santiago. También llevaba la música que me acompañaba en todos los viajes.
La idea de sentarme en la ventana era de ver la Cordillera de los Andes al sobrevolarla. Íbamos a aterrizar en la madrugada, al amanecer, pero de todas formas algo se podía divisar y la vista desde la altura debía ser genial.
Recibí la cena y pedí un amareto que  tal vez me ayudaba  a dormir. Conecté los audífonos que venían junto a una almohada y una frazada, y averigüé que tipo de películas había disponibles, en la pantalla al frente. Finalmente me decidí por una música tranquila New Age para tratar de sentir algo de sueño. Fue algo imposible, ya que no tenía sueño en absoluto. Desconecté los audífonos y me acomodé en el asiento. Casi no podía reclinarme, y dormir recta se convertía en todo un reto. Cerré los ojos pero no pude conciliar el sueño. Temía estar cansada todo el siguiente día, pero ¿que podía hacer?
No llevaba unos quince minutos dormitando cuando unos movimientos me despertaron. Abrí los ojos y noté que los demás pasajeros estaban durmiendo. Yo parecía ser la única persona que parecía no poder  dormir. Estábamos pasando por turbulencias y los movimientos bruscos no me dejaban descansar. En las altavoces nos advirtieron sobre las turbulencias, y que mantuviéramos los cinturones de seguridad abrochados. Me recosté nuevamente pero ya ni siquiera podía dormitar. Los movimientos eran cada vez más fuertes y yo me imaginaba mareada. Me levanté y fui al baño a refrescarme la cara. Volví a acomodarme en el asiento y cerré los ojos. Desistí en escuchar música a pesar de que lo deseaba, porque pensaba en el cansancio del día siguiente; aterrizaría en Santiago, pasaría por inmigraciones, buscaría mi equipaje entre las tantas maletas que pertenecían a los demás pasajeros. Luego saldría a respirar el aire contaminado de la capital. Buscaría un bus de acercamiento hacia el terminal de buses. El viaje continuaría en un bus hacia la ciudad de Viña del Mar aproximadamente dos horas hacia la costa. Luego tomaría otro bus urbano que me acercara hasta mi casa, para llegar al fin a mi hogar cansada, con sueño y a dormir el resto del día incapaz de hacer algo sin antes haber perdido un día entero en la cama. El sólo hecho de imaginarlo me bajaba el ánimo. Disfrutaba de los viajes en avión, pero odiaba aquellos en bus. El aire acondicionado de los aviones me hacían sudar, mi cabello se aplastaba, y tenía que aguantar varias horas sin poder ducharme, y luego tener que salir al calor de la ciudad era desagradable.
Las turbulencias se hicieron más fuertes y más incómodas. Algunos pasajeros habían despertado y estaban preocupados. Por las altavoces nuevamente nos sugerían permanecer tranquilos en los asientos, que todo era absolutamente normal por el mal tiempo.
Siempre volví a recordar ese día y a preguntarme si realmente me había dado cuenta de la situación antes de que sucediera. Como una especie de intuición. Comencé a asustarme mucho. Los demás estaban alarmados, y todo sucedió muy rápido.
Sentimos un fuerte temblor y la inestabilidad en que atravesaba la tormenta. Algunos gritaron y luego nos cayeron las bolsas de oxígeno sobre nuestras cabezas. Sentimos como si una mano gigante nos tomara y nos agitara con todas sus fuerzas por los aires, descendiendo a gran velocidad. El piloto dijo algunas cosas que no recuerdo entre una multitud alborotada. Y sentí miedo, por primera vez en mi vida sentí ese miedo profundo por mi vida, por terminar en medio de un montón de chatarra, sin poder huir. Caíamos desde los aires, atravesando distintos estados de presión, y finalizamos en un lugar incierto.

3

Recuerdo que desperté en un momento, estaba todo oscuro a mi alrededor, no podía oír ningún ruido y todo estaba quieto. No sabía donde me encontraba hasta que recordé que me había subido a un avión. En medio de pesadillas sentí mucho frío, pero estaba demasiado dormida como para remediarlo.
Volví a despertar, seguramente muchas horas después. Estaba rodeada de una tenue luz, todo estaba quieto y en silencio. Intenté moverme para mirar a mi alrededor, me costó levantarme de mi asiento, el que se encontraba muy inclinado hacia el pasillo. Cuando mis ojos al fin se acostumbraron a la luz y distinguí mi alrededor, me llevé un gran susto. El avión se encontraba inclinado, apoyado hacia la pared de las ventanas de la otra fila de asientos, los cuales estaban destruidos. Los pasajeros de aquellos asientos eran cadáveres molidos. Algunos de mi fila de asientos habían caído sobre los otros, o estaban esparcidos por los pasillos. El espectáculo fue horroroso. Cadáveres dispersos, ventanas rotas, asientos aplastados por toneladas de chatarra. La punta del avión se había hecho pedazos y había sepultado los pasajeros de la primera clase. Rápidamente me liberé de mi asiento, avanzando con cuidado por el pasillo, evitando ver demasiados detalles, como la última expresión de las personas antes de morir. No podía sentir mi brazo izquierdo, el cual debió haber recibido un golpe de la persona a mi lado. Avancé con dificultad llamando a alguien, para recibir respuesta de los sobrevivientes. Pero no escuché nada, ningún ruido que me despertada de aquella aterradora pesadilla.
No recuerdo cuanto esperé por algún llamado de auxilio, o algún llanto de un herido. Lo único que deseaba era huir de allí, alejarme de ese montón de cadáveres que se mezclaba con la chatarra destruida, casi enterrada en la  nieve. Tomé mi equipaje de mano y me fui.
No tenía la sensibilidad para apreciar el paisaje nevado, la alta cordillera extendiéndose hacia donde podía mirar. Las cumbres que me rodeaban eran como una jaula amenazante. Todo blanco, todo frío, y yo sintiéndome fatal.

Emprendí el camino dificultoso por la nieve fresca, la cual me congelaba las piernas. No tenía opción. No quería quedarme en medio de cadáveres ¡y no había nadie vivo! Rechacé de inmediato la interrogante del por qué sólo yo había sobrevivido. Sólo quería avanzar, alejarme de allí, abandonar ese accidente y llegar lo más pronto a un lugar y pedir ayuda. Pero no tenía idea hacia que dirección caminar. ¡Ni siquiera sabía donde me encontraba!
No sentía los pies, no sentía mi brazo, y el frío me penetraba hasta en los huesos. Me sentí muy cansada pero me obligué a seguir, a continuar, y no abandonar los esfuerzos. Mi vida dependía de ello.
No recuerdo cuanto avancé, pero debieron haber sido muchas horas y haber avanzado muy poco. Sólo sé que en algún lugar de la Cordillera de los Andes me desmayé en medio de la nieve, sola, aterrada, y sin esperanzas de llegar a una zona habitada antes del anochecer.

4

Desperté sin saber cuanto tiempo había dormido. Abrí los ojos recorriendo con la mirada la habitación. Era un dormitorio muy agradable, el cielo y las paredes eran tablas de madera, las cortinas blancas estaban cerradas. Había silencio. Estaba desconcertada, ¿dónde me encontraba?
De inmediato recordé todo lo sucedido anteriormente, ¿había sido un sueño? Traté de mover el brazo izquierdo, y sentí dolor. Bajo mis pies había una bolsa de agua caliente y me encontraba bastante abrigada y con un plumón encima. Era muy cómodo, sin embargo, ¿dónde estaba?
Al cabo de unos minutos una figura entró en la habitación, cerró la puerta con cuidado y se desplazó sin hacer ruido hasta mi cama. Me miró por un instante hasta percatarse de que ya estaba despierta. Me saludó con una amplia sonrisa y me preguntó como me sentía. Sin saber bien que contestarle miré a mi alrededor. Mi expresión debió relatar mi confusión.
“Estás en mi casa. Te encontré en la nieve, habías perdido el conocimiento.”
Traté de moverme y levantarme, pero él me detuvo. “Aún estás muy débil como para levantarte. Descansa, duerme, debiste haber pasado por mucho.”
No estaba muy segura si él realmente sabía acerca del accidente, pero asumí de que algo debía suponer, ya que no preguntó por qué me encontraba sola. Me cambió la bolsa de agua por una más caliente, y me sugirió dormir. Al parecer le hice caso.

Al despertar nuevamente, él estaba sentado a los pies de mi cama. Me ayudó a levantarme y me llevó al cuarto de baño. Me ofreció un baño caliente en su tina, argumentando que era lo mejor para evitar enfermarme. Me había encontrado congelada, y de no haber sido que pasaba de casualidad por ahí, me habría muerto.
El baño de agua caliente fue muy placentero. Aún me encontraba confundida por todo lo que había sucedido, pero estaba agradecida de que todo había terminado bien... para mi.

La casa era muy acogedora, una cabaña de madera equipada con todo lo necesario para el invierno en medio de la nevada cordillera. Tenía grandes ventanales térmicos, a través de los cuales se podía apreciar el hermoso paisaje blanco, y las majestuosas montañas al fondo.
Karim, mi salvador, me había preparado chocolate caliente. Disfrutaba ver los copos de nieve caer, como pequeños algodones que cubrían todos los rastros del horror vivido, mientras adentro el fuego ardía en la chimenea. Así me pasaba las tardes, entre conversaciones con Karim, y soñando despierta, mientras observaba el tranquilo pasar del tiempo, a través de las ventanas.
Él me contaba que vivía allí, lejos de la civilización, dedicándose a escribir. Era un poeta escritor que pasaba los inviernos en su cabaña, de la cual nadie tenía registro. Acercándose el verano regresaba a Buenos Aires, a continuar con su rutina y su trabajo. Todo lo que había en la cabaña, se lo había arreglado solo, como ermitaño pasaba allí los meses helados, solo y feliz, sin que nadie interrumpiera sus obras de arte. Era algo nuevo para mi, quien amaba el caluroso verano, pero un nuevo placer había descubierto, y comprendía a la perfección la inspiración al observar  por las tardes los copos de nieve en silencio, y descubrir tras ellos, todo un mundo imaginario.

El tiempo que pasé allí en medio de las montañas fue sereno y hermoso. Yo sabía que algún día iba a regresar a visitar a Karim en su cabaña, o tal vez él se tomaba un tiempo para visitarme en Chile. Siempre estaré muy agradecida de que la casualidad del destino lo haya guiado hasta mí, para apartarme de aquel fin, los cuidados que recibí, y el haberme acompañado hasta el último minuto, cuando bajamos la cordillera en su trineo hasta el primer poblado argentino, en donde pude anunciar que había sobrevivido. Siempre cumpliré su única petición; que no hablara sobre nuestro encuentro, o su existencia en esas tierras sin dueño.
“Nunca, pero nunca, relates lo que viviste en la montaña, que conociste a una persona y que estuviste en su cabaña. Nunca nadie debe enterarse de que vivo allí arriba, alejado de la sociedad, rodeado de naturaleza. Vete en paz, la vida te ha dado una nueva oportunidad.”