5 de julio de 2015

Sangre

Sangre.
Líquido carmesí que fluye a través de nuestro cuerpo
Sangre.
Sangre que determina, sangre que elije, sangre que pertenece, sangre que hereda.
Sangre que pacta.
Sangre que determina la vida. Sangre que se ausenta, persona que muere.
Sangre que identifica.
Sangre que exige, sangre que se entrega, sangre que vende.
Sangre que atrae la atención, sangre que advierte, sangre que salva una vida.
Sangre que salva un alma.
El color más fuerte. La frecuencia visible más baja. La longitud más alta.
Sangre.
A los buenos les repela. A los malos les atrae.
Alma. Sangre. Humanidad. Ser vivo.
Cuentos, mitos y leyendas, la sangre está escrita.
Sangre buena. Sangre mala. Sangre que juzga.
Sangre que se consume.
Sangre.
Líquido carmesí que determina nuestra procedencia, existencia y trascendencia.

21 de junio de 2015


Algunas veces se animaba y charlaba vivamente y otras se volvía a sumergir en
las profundidades del océano, ausente, cabizbaja y ensimismada.

14 de mayo de 2015

Por un lado es bueno -y entretenido- cuando las cosas que se tienen en mente, hacia otra persona, se hacen sin un acuerdo previo.
Pero por otro lado, en mi caso, la curiosidad se justifica, ya que soy escritora, por lo tanto una narradora omnipresente que no solo disfruta con las sorpresas espontáneas, sino también con la planeación previa de los dos participantes.


28 de abril de 2015

¿Enemigo o idiota?

1.- Si quieres combatir contra tu enemigo, primero conócele; analízale,
pruébale, encuentra su punto débil, descubre su potencial mental.
Si te das cuenta que él en realidad es un idiota y su análisis no es 
tan elevado como el tuyo,ya habrás ganado la batalla.

1.1.- Si no está a tu altura, ni siquiera es tu enemigo. Es solo alguien
que molesta a la vista, pero no representa amenaza alguna.

1.1.1.- Qué escondía tras esa sonrisa simpática? Maldad?        
Quizás no escondía nada, tan solo era un idiota que no
se daba cuenta del daño que cometía.

1.1.1.1.- Al fin y al cabo solo era un idiota disfrazado de enemigo peligroso.





24 de abril de 2015

Los monstruos de Mr. Rohuh

La singular y a veces sobresaltante manera en que Mr. Rohuh dejaba mostrar
su rostro en el umbral de la puerta, me producía una sensación inquietante.
Al principio no lograba comprender por completo la finalidad de aquellas actitudes tan apropósitos.
En Mr. Rohuh había monstruos: monstruos mentales que emergían a la superficie y luego retornaban temporalmente a las profundidades.
Se presentaban en forma de comentarios fugaces que dejaba caer un momento
esperando causar con ellos alterar nuestro estado sereno de concentración.
En otras ocaciones se presentaban en distintas actitudes que esperaban impactar y lograr en nosotros una actitud sumisa ante nuestro agresor.
Solía visitarnos de vez en cuando en la sala, recorriéndonos con mirada suspicaz y recelo, para luego sacudirnos malintencionadamente con alguna acusación.
Si, era un tipo extraño. Se decía que sufría de asperguer.

Durante el café se sentó a mi frente para analizar mudo cada uno de mis movimientos. Pretendía provocarme e irritar mi control para encontrar un punto débil desde el cual, construir una torre de prejuicios en mi contra, y así, tener una excusa para deshacerse de mí.
Puesto que su análisis de personas no era muy efectivo, nunca comprendió que yo no era tan fácil de quebrar. Mi carácter se asemejaba al suyo, pero con una notoria diferencia de autocontrol y silencio.
Siempre estuve preparada para un enfrentamiento de palabras que destruiría su cargo. Aquello me aventajaba.

Algunas personas pensaban que a la mitad de una conversación poco juiciosa, se volvía cuerdo de improviso. Pero asimismo no tenían más remedio que admitir que de inmediato regresaba a su locura, que impedía hacia él cualquier forma de trato o acercamiento.


Lo ideal consistía en mantenerse alejado de Mr. Rohuh, ignorarlo por completo e insinuar su inexistencia. Aquello prevenía muchos problemas.




14 de abril de 2015

Capítulo 3 de Nueva Idea sin nombre

Capítulo III
Notas de Gabrielle


El martes llegando al trabajo me encuentro con una chica nueva allí. Estaba conversando con Jeremías mientras mordía sus uñas coqueta.
De algo me había perdido el día anterior y decidí ir a actualizarme rápidamente.

-"Buenos días Gabrielle, ven, acércate. Quiero presentarte a Diana, la chica nueva de cámara."
Grande fue mi sorpresa al enterarme de que ella se encargaría de las cámaras.
-"¿Qué pasó con José?" Pregunté temiendo lo peor.
-"Sentimos mucho que se haya ido. Encontró otro trabajo que le queda mucho más cerca. Ya no tendrá que viajar una hora para llegar a trabajar todos los días."
Era una lástima que las cosas hayan tenido que acabar así.
-"¿Dónde vives?" Le pregunté a la nueva.
-"Aquí mismo, en Madrid." Me respondió amable.
-"¿De dónde eres?" Su dialecto me parecía un poco extraño.
-"Soy de Chile. Acabo de llegar a España hace dos semanas."
-"¡Oh!" Atiné a decir y fui a quejarme con Jorge.

El jefe se quedó indiferente ante mi pregunta sobre José.
-"¿No se da cuenta que perdimos a un fotógrafo importante?" Intenté lograr su atención. "¿Cómo pudo despedir a José?"
-"Señorita, no fue despedido. El señor Faraway ya no se encuentra con nosotros por voluntad propia. Lamento la pérdida, pero hemos encontrado un buen reemplazo. Estoy seguro que Diana hará el mismo trabajo o incluso mejor."
-"Pues lo dudo bastante. ¿Sabe usted que ella no es profesional? Es solo una persona que le gusta jugar a tomar fotografías."
-"He visto su trabajo y desde mi punto de vista profesional es muy bueno. Solo hay que darle una oportunidad, no necesita un título para hacer un buen trabajo."
-"¡Que injusto...!"

Regresé a la sala y preparé el maquillaje para la llegada de las modelos de Yiinshe. El día anterior ya habían llegado las cajas con la vestimenta que debían lucir. Las desembalé y dejé cada prenda colgada, listas para ser puestas cuando llegara el momento.
De reojo observé como Katty explicaba a Diana el uso de las cámaras mientras ajustaba la luz en cada una.
Diana adoptaba la expresión de comprender perfectamente de que se hablaba mientras detecté algo de inseguridad al analizar más detenidamente sus facciones.
Katty me descubrió observándolas y con un gesto me invitó a acercarme.
-"Tú también podrías aprovechar de aprender algo de fotografía." Dijo riéndose.
-"Yo ya tengo mi ocupación." Respondí y regresé a mi trabajo.

Diana sacudía su cabello ondulado que ahora rojizo, alguna vez debió ser castaño.
Vestía bien y se notaba. No podía negar que en realidad la chica era guapa. Y quizás ella lo sabía y lo aprovechaba para conseguir trabajos que no eran de su profesión.


Extrañaba a José, a quien se le había reemplazado por esa extranjera. ¿En qué momento habrá tomado esa decisión? ¿Por qué no me avisó? ¿Cómo es que se fue tan rápido y al instante apareció Diana?



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Capítulo 2 de Nueva Idea sin nombre

Capítulo II
Notas de Jeremías

Durante la tarde del día habíamos logrado acabar con todo el trabajo pendiente. Habíamos devuelto la implementación de la escenografía completa, la vestimenta, el equipo extra que había que alquilar y las modelos se fueron a casa.
Después del trabajo fuimos a beber unas cervezas al local de enfrente y brindamos por haber logrado una excelente producción durante la semana.
Éramos un equipo excelente y cada uno cumplía su función específica. Yo me encargaba del escenario. Katty, mi fiel compañera y pareja de vida, se encargaba de la luz, y juntos hacíamos del trabajo una entretención.

El lunes siguiente llegué algo cansado al trabajo, pues la fiesta del fin de semana había acabado con mi energía. 
-"Jeremías, espera."
Apenas crucé el umbral de la puerta fui detenido por Jorge, mi jefe, quien en pocas palabras me informó acerca de la chica nueva que comenzaba su día allí. Y así conocí a Diana.
Al principio me pareció algo tímida, allí de pie en medio de la sala del recibidor.
La llevé con los demás, le presenté nuestro equipo de trabajo y compañeros de noches de cerveza y luego le di un recorrido por la empresa. No había donde perderse, pues no habían tantas salas. Algunas oficinas, algunos estudios de producción específicos y la sala grande, en donde hacíamos las sesiones la mayoría de las veces.

-"¿Cuál es tu área?" Le pregunté queriendo saber cuál iba a ser su trabajo en aquel lugar.
-"Cámara." Me respondió.
Ella sería la encargada de las cámaras fotográficas. ¿Qué había pasado con el chico de la cámara? Aquel día no llegó al trabajo. ¿Se había ido?
-"Bienvenida." Le sonreí.

Los lunes no había mucho trabajo, pues se analizaban los proyectos que se iban a desarrollar durante los días siguientes.
Para el martes estaba programada una sesión para publicidad en ropa de marca. Jeans, y cosas así, ropa de mujeres. En esas sesiones siempre había un exceso de maquillaje y un exceso en apariencia, refiriéndome a las modelos. Nunca usaban mujeres normales, siempre tenía que haber alguna con rasgos exagerados que pudiera absorber y combinar la cantidad de pintura con la que se le bañaba el rostro. No era mi asunto, yo solo me encargaba del escenario. Diana podría haber sido buena para el cargo de la modelo, pero esas no eran mis decisiones.

-"¿Eres fotógrafa?" Le pregunté esperando una obvia respuesta afirmativa. Pero ella movió la cabeza.
-"Me encanta la fotografía, y soy muy aficionada. Pero no es mi profesión. Mi profesión es administradora de empresas."
-"Perdón, ¿qué?"
Se rió y luego me explicó detalladamente su pasión por la fotografía y su concepto de arte.


-"Bien. Aceptado." Dije ya más tranquilo. "Hoy te encargarás de revisar la propuesta para la sesión de mañana. Vendrá nuevamente Yiinshe a promocionar sus pantalones extra apretados para mujeres. Tal vez me puedas dar algunas ideas de escena. En este caso tengo la total libertad de elegir como recrearla. Estoy pensando en una sesión de bosque otoñal con hojas de colores y ese tipo de cosas, ¿qué opinas?" Me la llevé a la oficina.


Capítulo 1 de Nueva Idea sin nombre





Capítulo I
Notas de Armand

Aquel día me dijo que la esperara en la cafetería después del trabajo. Accedí y me dirigí al lugar de siempre, un bello café, agradable, acogedor. Un ambiente cálido en donde el ambiente estaba aromatizado con distintos brebajes, té, café, infusiones y especias.
Solíamos vernos allí algunas veces por semana, cuando queríamos hacer algo distinto que estar en la casa mirándonos las caras como en una rutina.

Cuando llegué ella ya estaba allí. No me esperaba verla tan temprano pues su horario de trabajo me daba ventaja para llegar antes, pues mi día en la universidad no era tan largo como el suyo.
Me saludó con una sonrisa, como de costumbre, esa sonrisa que hacía un tiempo atrás me había enamorado de ella.
Elegimos una mesa, yo pedí un té con canela y ella pidió un café. Le encantaba el café. Lo pedía siempre con una sonrisa y lo recibía con satisfacción. Yo la miraba de reojo mientras jugaba con la bolsa de mi té.

Esta vez la tarde iba a ser diferente, algo iba a cambiar. Pero no lo noté a tiempo. Ella se mantenía serena, con esa actitud tranquila tan propia de sí.
Luego del café procedió a decir lo que tenía en mente.

-"Armand," me dijo tranquila, "te quería comentar algo; Me voy. Lo he estado pensando y ya es una decisión definitiva. Me voy el próximo mes."
-"¿A qué te refieres?" Pregunté extrañando presintiendo que lo próximo me iba a asustar.
-"Me voy de aquí, de la ciudad, del país. Ya tengo el pasaje a Europa y es para el próximo mes. Comenzaré una vida nueva, abandonaré lo que tengo aquí. Hace mucho que me quería ir, pero solo me había quedado por ti. Después de analizarlo mucho he llegado a la conclusión de que no sirvo para esto y me voy. Todo lo que he querido lo tuve, ahora debo dar le próximo paso."
-"Diana, ¿hay algún problema entre nosotros?" Pregunté luego muy asustado.
-"No, en ti no hay ningún problema." Dijo determinada. "Eres un hombre excelente. Eres la persona que siempre soñé tener, alguien que esperé por muchos años, un milagro que me fue regalado. Pero verás, yo creí que con alguien como tú las cosas iban a cambiar. Que finalmente yo sería la persona que debo ser. Pero no es así, me he dado cuenta que con cualquier persona me sucede lo mismo; como con aquellos con los que salí algún día y por algún motivo no resultó. Creí que el problema eran ellos. Pero ahora que tengo a quien de verdad necesitaba, me sucede lo mismo; no sirvo para esto, no sirvo para relaciones de pareja. Por eso me voy antes que te enamores seriamente de mí. Me encantas, eres el ideal pero... hay algo en mí que no funciona como el resto de la gente... sinceramente no sirvo para esto."

Aquello fue lo que lo dijo hace un mes. Y entonces se fue sin contarme los detalles de su problema, llevándose sus esperanzas de una vida nueva y dejándome en la incógnita y el dolor.
A veces nos comunicamos y le pregunto cómo se encuentra, y me responde emocionada contándome que Europa es otro mundo totalmente distinto.

A veces me envía una foto y yo me la imagino allí, en medio del paisaje. Me imagino como debe estar transcurriendo su vida. Y a veces me pregunto si aún piensa en mí, si sueña conmigo o si analiza la causa por la que me dejó.

18 de marzo de 2015

Volar en vehículo

Hasta ahora he mantenido el secreto. Pero ya es hora de contártelo;

Tu vehículo es un portal para volar. Cada vez que me subo al copiloto y comienzas a avanzar, todo se difumina, se elimina, deja de existir. El ambiente cambia, y comienza aparecer un mundo nuevo. 

Mayormente un escenario ovalado, con un público incierto que lo rodea.
Y entonces todo comienza; Los esgrimistas toman su lugar, y después de la característica reverencia, comienzan a luchar. 
Si colocas música, ésta suena en el fondo, y los esgrimistas comienzan una danza entre agresivos movimientos de ataque y defensa, mientras el público susurra los últimos chismes acerca de los personajes, los cuales después de la introducción de lucha se vuelven la historia detrás del escenario.

Entonces frenas, te detienes o te estacionas y me dices algo. Y así me arrancas del mundo, de la esgrima, de la danza y su música y me devuelves por un rato a la realidad., la carretera, la ciudad, las conversaciones banales y demás tonterías.


28 de febrero de 2015

Entrevista a Sky Cryster

*Proyecto aparte, que no publicaré, excepto algunos capítulos que en este momento si considero aptos para el público.
La Vida de Sky Cryster - Capítulo I


El gerente de la empresa G.A.T.O me miraba con sus feos ojos de indistinguible color frunciendo el ceño y mirándome fijamente para ver si su mueca causaba alguna impresión en mí. Pero lo único que me causaba era que no pudiera evitar ver sus facciones desagradables a la vista. Creo que en ese momento yo tenía una cara de póker. No sabía si reírme, si deprimirme o si fingir que estaba asustado y desesperado por conseguir un trabajo en aquel lugar.
En sus manos sucias tenía los blancos pliegues de mi curriculum recién impreso en la librería de la esquina, y aún le quedaban el olor a tinta fresca.
Creo que esa entrevista de trabajo no resultó, por algún enigma entre él y yo. O él era demasiado feo para ser digno en ser mi futuro jefe, o yo era demasiado atractivo para el promedio de personas que se admitían allí. Pero eso no me preocupaba. En el fondo de mi alma yo sabía que de todas maneras sería un trabajo temporal, al menos que éste tuviera alguna cualidad que me atrapara y me hiciera adictivo a la actividad. Pero yo podía estar completamente seguro que nunca un trabajo me satisfaría tanto como para desear seguir ejerciéndolo durante el resto de mi vida.
En realidad solo necesitaba dinero para comprarme una impresora nueva y así imprimir currículums más extensos para otras empresas más dignas de mis encantos.

-“Señor Sky… Sky… ¿es ese su nombre realmente?” Preguntó el hombre haciendo tiritar sus cejas al pronunciarme.
-“Si, señor. Le aseguro que no lo puse para ahorrar tinta.” Le aseguré con naturalidad. Pero no parecí convencerlo. Me lanzó una mirada desaprobadora.
-“Pues me parece un diminutivo.” Aseguró.

Y nuevamente me encontré ante un gran dilema existencialista. Si no le gustaba mi nombre, entonces ¿para qué me había llamado?
Siempre me han hecho la misma pregunta. Que si Sky, que si Skyler, que si Skyle, Skule, Skipper, Skype,  y tantos otros que no recuerdo. ¿Por qué no se conformaban simplemente con un nombre de tres letras? ¿Por qué les parecía tan imposible que una persona pudiera llamarse así?

-“Si quiere, puede llamarme Mi Cielo.” Bromeé. Pero al tipo repugnante no le gustó. Creo que no le gustaba nada en mí, de lo contrario habría demostrado un poco más educación y decoro.
-“¿Y cómo se pronuncia su apellido?”
¡Eso fue el colmo de los colmos! ¿Cómo es posible que una persona en un mundo tan globalizado como éste me preguntara semejante estupidez? Es verdad que en mi nombre no le encontraba nada anormal que alguien no fuera capaz de pronunciar.
-“Crys-ter.” Disimulé lo irritado. Al menos yo si sabía disimular.
-“Pues espero que con ese apellido usted no sea muy llorón.” Se burló el señor feo.
-“Pues a mí me sorprende más que usted sepa lo que significa Cry, y que no sepa pronunciar mi nombre. ¿Para qué finge lo ignorante?”
-“No me falte el respeto señor Sky. Que yo sepa lo que signifique Cry no significa que debo saber cómo se pronuncia. No sé para qué le ponen la Y, si con I es el mismo resultado. Su nombre se pronuncia Crister, no Craister.”
-“Por supuesto que no me llamo Craister. Ningún inglés en su sano juicio pronunciaría esas primeras cuatro letras de una forma tan tosca. Sepa usted que la R allá no es pronunciada igual que aquí.”
El gerente me volvió a lanzar una mirada de esas espantosas. Yo fingí una expresión de inocencia. No acababa de entender como una entrevista de trabajo se había convertido en una clase de lingüística.

Finalizado el dilema de mi nombre continuamos con otro tema. Advertí que el feo estaba impaciente y me quería echar luego de allí. Pero yo no tenía la menor intención de irme.
-“Y dígame señor Cryster, ¿Cuál es su especialidad?”
-“Supongo que se refiere en términos de profesión. Ya que esta pregunta puede dar rienda suelta a mi imaginación y si no  me controlo podemos terminar de hablar sobre recetas de cocina. Pero supongo que no es el caso, ya que usted no tiene cara de que le guste la buena comida ni el arte culinario, a pesar de que yo soy un excelente cocinero y puedo hacer suspirar a cualquier señorita con una de mis especialidades. Pero ya que no es el caso, se lo diré; soy arquitecto. ¿Cuál es mi especialidad? Pues… arquitectar ¿No es obvio?”
En ese momento no estaba muy seguro de la existencia de esa palabra, pero eso no tenía la menor importancia, yo la había inventado, estrenado y dado a conocer al mundo. Como artista que soy tengo derecho a ser extravagante y a inventar de vez en cuando una palabra. Al fin y al cabo la arquitectura es considerada una rama artística. Y no era la única rama que yo ejercía.
-“No me diga…”
-“¿No? Entonces cambiemos de tema.”
El viejo parecía enfadado. Y yo como un ser que hasta en su nombre profesaba inocencia no sabía el motivo de esta tragedia… en realidad sí. Yo no era tonto, solo era irónico, y no me resultaba difícil actuar.
-“Tengo bastante claro lo que hace un arquitecto…” Continuó el adefesio.
-“… ¿entonces para qué pregunta? Ups, lo siento, lo interrumpí.”
-“Hay, Señor mío…”
-“¿Suyo? ¿Yo? ¿Quiere decir que ya me ha contratado?” Le puse la sonrisa más falsa que había hecho jamás.
-“¡No! Aún no hemos siquiera hablado lo suficiente de usted. Aquí me dice que terminó sus estudios en Londres. Me sorprende. ¿Es usted inglés?”
-“¡Claro que soy inglés! ¿O como se explica el buen parecido? Además ya lo había mencionado.” Oh, creo que acabo de cagarla. No quería decir que los ingleses fueran precisamente hermosos, ya que el mito indicaba lo contrario, pero la pregunta que este caballero acababa de hacerme me enaltecía el ego. Mi orgullo estaba plantado en mis dos nacionalidades. Las dos tan orgullosas que heredé el doble orgullo con todo mi orgullo. Y orgullosamente inflé el pecho y me puse la mano al corazón. “No me malinterprete. No quería decir que los ingleses fueran todos lindos, pero yo si lo s… sé que los argentinos igualmente lo somos. Entonces cabe comprender que de ambas partes he heredado no solo mi buen parecido, sino que también mi belleza.”
-“¿¡Qué!? ¿Es usted gay o narcisista o ambos?”
-“Ninguno de los anteriores.”
-“Porque me parece que tiene usted un concepto demasiado alto de sí mismo. Físicamente hablando.”
-“¿Acaso lo niega?”
-“No estoy en condiciones de responder eso.”
¡Claro! Pensé, con lo feo que es no tiene ningún derecho. Pero no quise decírselo. Podía herir su autoestima.

-“¿Siempre es así de infantil?” retomó el gerente la conversación.
-“Para nada. No soy infantil. Solo alegre. Y le aseguro que mi alegría ha ayudado a muchos.”
-“Pues no me parece gracioso. Y dígame ¿Hace cuánto que vive en Argentina?”
-“Nací en Argentina. Me criaron aquí hasta los quince años. Luego me fui a Inglaterra a estudiar y conocer familiares. Terminé la secundaria allá. Siempre me han encantado ambos países, son hermosos. Nunca he sido capaz de decidirme por uno en el cual planear mi futuro. Estuve en Inglaterra desde los quince hasta los veintidós. Desde que he vuelto hasta ahora he estado haciendo varias cosas, he trabajado en algunas empresas de construcción, pero ninguna me ha gustado lo suficiente para quedarme. También estuve un tiempo dedicándome a un trabajo de familia. Resulta que mis padres son dueños de tierras en la Patagonia, y pues, les ayudé a administrarlas. Desde entonces hace poco menos de un año no me he vuelto a dedicar a la arquitectura, aunque mi mente siempre trabaja día y noche y podría aprovecharlo de emplear mejor mi tiempo. Tengo muchos planos e ideas de palacios en la cabeza. Todas son realizables. Solo necesito un buen sueldo que sustente mis constantes viajes y le diseño todos los edificios que quiera.”
-“¿Qué edad tiene ahora, señor Cryster?”
-“hace poco cumplí los veinticinco. En el día de todos los santos. Aún no resuelvo el dilema de que si soy un santo o no. Mi nombre al menos lo incita a pensar, pero el haber nacido en una fecha tan especial no me hace más santo que otros.”
-“¿Y siempre ha llevado el cabello tan largo?” Preguntó después de otra pequeña pausa para tragar saliva y asimilar mis respuestas.
-“Si, mi madre jamás me lo cortó. Solo las puntas. Siempre las puntas, entonces lo he llevado siempre igual.”
-“¿No cree que eso falta a las normas de una empresa seria?”
-“Lo dudo bastante. Una empresa seria se fijaría en mi inteligencia, habilidad, capacidad, conocimientos, destrezas, virtudes, y no en el largo de mi cabello.”
-“¿Ha trabajado usted en Londres como arquitecto?”
-“Claro que sí, ¡se nota que no ha leído nada de lo que he escrito en mi currículum! ¡Me ha hecho gastar dinero de gusto!”
-“No sea exagerado por favor, un par de impresiones no cuestan tanto.”
-“No costarían tanto si tuviera un trabajo y un sueldo.”
-“No me convence usted con sus viajes a cada rato. ¿Cómo puedo asegurarme de que realmente se dedicará a trabajar y no solo a viajar?”
-“De algún lado tengo que sacar inspiración para realizar mi arte, ¿no?”


Creo que no recibí el trabajo, porque hasta ahora no me han vuelto a llamar.


27 de enero de 2015

Sirius III

A cada lugar al que voy
Siempre aparto lugares
Paisajes y momentos,
Que guardo con la esperanza
De llevarte un día para allá,
Mostrarte el mundo y sus inspiraciones,
Sensaciones y sentimientos
Que producen el contemplarlo.
¿Dónde estás ahora?
¿Cuánto más debo esperar

Para compartirme?


Estoy volando por los aires
No puedo dormir,
El viaje acaba al amanecer.

Estoy dolida por abandonar
Este precioso lugar…

Cada persona se ha quedado con una parte de mí.
Cada amor me arrebata un poco de ternura,
Un poco de esencia, y un trozo de mis sueños.
Ha llegado el último y se ha llevado lo que quedaba.
Ahora me siento vacío,
En mí ya no queda nada para entregar.
Y aún no apareces.
No ha quedado nada para ti.
Entre más te espero, menos te espera a ti.

He derrochado mis esperanzas de encontrarte en otras personas.
No has sido ninguna de éstas personas.

¿Alguna vez te encontraré entre ellas?

Este texto ha sido eliminado temporalmente para un concurso
 y se devolverá el mes de diciembre.

4 de diciembre de 2014

Ángel de alas negras

Bello ángel, ¿Por cual camino te has decidido? 
Dime ángel, ¿Cuales son las piedras por las que tropiezas?
Errante, indeciso, ser de alas negras
¿Qué destino te depara? ¿Qué destino nos separa?
Escapa de las sombras, encuentra tu camino
Haz que vuelva a amanecer.


30 de noviembre de 2014

Las esgrimistas

Cuando la había vencido, se mantuvo quieta delante de ella, esperando despedirse adecuadamente para luego recibir los aplausos del público. Su país había triunfado una vez más en esgrima gracias a ella.
Pero la perdedora hizo algo no esperado. Durante la lucha había cubierto su rostro con un velo negro, impidiendo reconocer sus rasgos faciales. Al ser vencida se acercó a su oponente y se quitó el velo con el cual había cubierto su rostro durante la lucha. Debajo apareció un bello rostro blanco, enmarcado con un cabello negro azabache, y unos brillantes ojos azules.
Regaló una atractiva sonrisa a su vencedora, quien, sorprendida no hacía más que observar ese impactante color azul.
Ambas chicas se miraron a los ojos, una sonriendo y la otra atónita por los ojos que la miraban.
Entonces la perdedora retrocedió unos pasos, se dió vuelta, recogió su espada y volvió hacia su vencedora. Se arrodilló, dobló un brazo por encima de su pecho y le entregó la espada como obsequio a su vencedora.

La ganadora aún más atónita, recibió la espada, encantada con la persona que había vencido sin verle el rostro anteriormente. Cerró los ojos, cruzó sus manos sobre el pecho y se dobló ligeramente hacia adelante, señal de saludo para éstos esgrimistas en particular.
Después abrió los ojos y expresó su agradecimiento hacia su oponente con una mirada profunda, llena de amor que nadie en el público notó.


Luego se dieron vuelta, dando fin a la función.



16 de octubre de 2014

Cuento: La sobreviviente

Prólogo

Varios meses después sostuve el recorte noticiero en mis manos, sonriendo leí murmurando y recordando aquel tiempo, en el que todos estaban asustados pendientes de nuevas noticias, mientras yo tomaba infusiones y chocolate calientes en una cabaña en la montaña, totalmente desconectada del mundo a mi alrededor.

En el año 2010 sucedió la tragedia, una gran noticia que impacto casi el mundo entero y de  la cual se habló bastante.
Fue el 1 de agosto que el avión de pasajeros salió desde Sao Paulo a las 22:30 en dirección a Santiago de Chile. Pero jamás llegó a su destino.
Al día siguiente todos los noticieros habían alborotado el tema del mes; la desaparición del
Aéreo-237, el cual había dejado de enviar información al sobrevolar el territorio argentino. Los cuerpos de rescate estaban en pleno trabajo de buscar la nave y sus posibles sobrevivientes.
Luego de una semana de búsqueda finalmente encontraron los restos de la nave. Había caído sobre la Cordillera de los Andes, en medio de una quebrada de altas montañas, destrozada y semi cubierta de nieve. Encontraron todos los cuerpos de los pasajeros dentro, nadie había sobrevivido. Luego de la identificación de cuerpos se percataron de que faltaba uno, la persona que debía estar allí con los demás había desaparecido.
Y así fue como comenzó el misterio de la mujer desaparecida, a quien buscaron por varias semanas más, por toda la zona del accidente. ¿Había sobrevivido ? ¿Estaban seguros de que realmente había despegado de Sao Paulo? Jamás la encontraron.

Cuarenta días después, luego de investigar y buscar se dieron por vencidos y asumieron de que jamás la encontrarían. Un día apareció la mujer, como si nada, sana y salva, en un pequeño pueblo argentino, anunciando de que estaba viva.
Muchos se desconcertaron, y los medios de comunicaciones la atormentaron con preguntas, ¿Cómo había logrado sobrevivir? ¿Cómo había logrado llegar hasta allí sin un dejo de cansancio, sin un rasguño, ni apariencia de superviviente? ¿Realmente era ella?
Nadie lo supo, ella simplemente no dijo nada. Lo único que advirtió fue que la dejaran tranquila, porque no podía dar ningún tipo de explicaciones.







1

Habían sido unas estupendas vacaciones en Italia. Tres semanas de viaje por distintas ciudades  lograron olvidarme un poco de la universidad, y el estrés que implicaba estudiar en el último año de ingeniería en informática.
Las últimas semanas de clase del primer semestre las había pasado estudiando para múltiples exámenes que me mantenían la mayor parte del día mirando la pantalla del computador portátil, escribiendo símbolos y códigos, unos jeroglíficos que sólo los geeks programadores como yo comprendíamos. Pero yo esperaba con ansias de que las vacaciones de invierno esta vez no las iba a pasar en casa en Viña del Mar, sino que tocaba conocer algo de Europa. Al principio pensé en viajar a España, ya que allí no iba a tener complicaciones con el idioma, pero luego decidí enfrentarme a un reto mayor, por lo que finalmente elegí Italia. Al menos el italiano es un idioma fácil de comprender, por su parecido con el español.
El viajar sola esta vez también implicaba un reto, pero el hecho de vivir de forma independiente por ya casi cuatro años, me había acostumbrado a la idea de no tener siempre a alguien a mi lado que solucionara mis problemas. Al ver esa tentadora oferta de vuelo en Internet no dudé en tomarla. Y así fue como comenzó mi viaje.

Apenas finalizado el semestre, la primera semana de julio, viajé a Santiago, la gran metrópolis contaminada, desde donde salía mi vuelo al atardecer. Tuve una corta escala en Madrid, de dos horas, en donde aproveché de mirar distintos tipos de artesanías en las tiendas de recuerdos.
Mi destino finalmente fue en La Toscana, en el aeropuerto internacional de Pisa.
Pisa es una ciudad hermosa, con su atractiva arquitectura antigua, a la cual no me cansaba de fotografiar cada detalle. También el Río Arno, con sus hermosos edificios color sepia reflejados en el agua. Y obviamente no me podía perder la torre de Pisa, en donde multitudes de personas se deformaban para sacarse la típica foto sosteniendo la torre fotografiada desde un ángulo exagerado para mostrarla aun mas torcida, como al punto de caerse sobre sus admiradores. A su lado la hermosa catedral y el baptisterio, adornando con áreas verdes la Piazza Miracoli.
También estuve en Firenze (Florencia), gran ciudad por donde pasa también el Río Arno. Visité su hermosa catedral con sus miles de detalles y pude admirar al fin la famosa escultura de mármol del David, de Miguel Ángel.
Así como bella, también cara, de Firenze me traslade a Lucca, antigua ciudad encantadora, como las demás, con una llamativa muralla a su alrededor, en el cual gaste casi toda la memoria de la cámara digital. Es de esas ciudades clásicas medievales de La Toscana que se han conservado por muchos siglos y que hoy en día podemos admirar en todo su esplendor.
Conocí algunos lugares rurales, alrededor de las ciudades, los cerros con plantaciones de olivos, castillos antiguos, en donde mayormente sólo quedaban las ruinas. Los colores de La Toscana, amarillos, verdes, rojos oxidados. Un placer para la mirada artística de aquellos pintores a los que a veces me incluyo.

2

Mis tres semanas de vacaciones habían pasado rápido. Descansé del estrés de la universidad enfocando toda mi atención al mundo totalmente distinto al que estaba acostumbrada.

Regresé al aeropuerto de Pisa y me di cuenta que mi vuelo se había atrasado media hora. Me aseguré de comer algo antes, ya que mi viaje era después de la hora de almuerzo, y lo más probable es que ya no me iban a dar nada en el avión antes de la noche.
El vuelo fue bastante tranquilo, me tocó un asiento en la ventana y el puesto a mi lado estaba vacío, por lo que dormité unas horas. Me despertaron para la cena. El sabor de la comida fue excelente, algo de gastronomía italiana. Finalicé con un vino tinto, para relajarme. Escuché algo de música y luego intenté  dormir. La noche fue tranquila y logré soñar un par de cosas que no recuerdo. Normalmente no solía dormir en los viajes, pero ése fue placentero.
A la mañana siguiente desperté para el desayuno. Los altavoces anunciaban de que faltaba poco para llegar a Sao Paulo, donde tenía escala de cinco horas. Descendimos al gran aeropuerto y pisé tierra brasileña. Estaba nublado aquel día pero hacia calor dentro del edificio. Las horas pasaban muy lentas y el aburrimiento aumentaba. Paseaba por el aeropuerto, mirando las mercancías de los distintos locales. Todo costaba tres veces más de lo que acostumbraba a gastar. Me senté a esperar a que pasara el tiempo para poder chequear mi siguiente vuelo. Me coloqué los audífonos y me sumergí en la música.

A medianoche ingresé al avión. La música me había hecho dormitar en el asiento por lo que no me di cuenta cuando abrieron la puerta del check-in. Muchas personas ya se habían organizado en varias filas, por orden de asiento. Yo no tenía asiento porque la aerolínea no me la había podido emitir en Italia, y la tuve que pedir allí. Me uní a una de las filas y me molesté un poco por la cantidad de personas delante mío.
El avión era pequeño con un pasillo con tres asientos a cada lado hacia las ventanas. Como un bus, pero más grande.
Más enojada estuve conmigo misma, cuando buscando mi fila de asientos, me di cuenta que no tenía ventana como yo quería, sino pasillo. Y para peor me había tocado la última fila de todas, en la cola del avión.
Decepcionada me senté y acomodé mi equipaje de mano que constaba de una mochila que llevaba mi chaqueta de cuero, por si hiciere frío al llegar a Santiago. También llevaba la música que me acompañaba en todos los viajes.
La idea de sentarme en la ventana era de ver la Cordillera de los Andes al sobrevolarla. Íbamos a aterrizar en la madrugada, al amanecer, pero de todas formas algo se podía divisar y la vista desde la altura debía ser genial.
Recibí la cena y pedí un amareto que  tal vez me ayudaba  a dormir. Conecté los audífonos que venían junto a una almohada y una frazada, y averigüé que tipo de películas había disponibles, en la pantalla al frente. Finalmente me decidí por una música tranquila New Age para tratar de sentir algo de sueño. Fue algo imposible, ya que no tenía sueño en absoluto. Desconecté los audífonos y me acomodé en el asiento. Casi no podía reclinarme, y dormir recta se convertía en todo un reto. Cerré los ojos pero no pude conciliar el sueño. Temía estar cansada todo el siguiente día, pero ¿que podía hacer?
No llevaba unos quince minutos dormitando cuando unos movimientos me despertaron. Abrí los ojos y noté que los demás pasajeros estaban durmiendo. Yo parecía ser la única persona que parecía no poder  dormir. Estábamos pasando por turbulencias y los movimientos bruscos no me dejaban descansar. En las altavoces nos advirtieron sobre las turbulencias, y que mantuviéramos los cinturones de seguridad abrochados. Me recosté nuevamente pero ya ni siquiera podía dormitar. Los movimientos eran cada vez más fuertes y yo me imaginaba mareada. Me levanté y fui al baño a refrescarme la cara. Volví a acomodarme en el asiento y cerré los ojos. Desistí en escuchar música a pesar de que lo deseaba, porque pensaba en el cansancio del día siguiente; aterrizaría en Santiago, pasaría por inmigraciones, buscaría mi equipaje entre las tantas maletas que pertenecían a los demás pasajeros. Luego saldría a respirar el aire contaminado de la capital. Buscaría un bus de acercamiento hacia el terminal de buses. El viaje continuaría en un bus hacia la ciudad de Viña del Mar aproximadamente dos horas hacia la costa. Luego tomaría otro bus urbano que me acercara hasta mi casa, para llegar al fin a mi hogar cansada, con sueño y a dormir el resto del día incapaz de hacer algo sin antes haber perdido un día entero en la cama. El sólo hecho de imaginarlo me bajaba el ánimo. Disfrutaba de los viajes en avión, pero odiaba aquellos en bus. El aire acondicionado de los aviones me hacían sudar, mi cabello se aplastaba, y tenía que aguantar varias horas sin poder ducharme, y luego tener que salir al calor de la ciudad era desagradable.
Las turbulencias se hicieron más fuertes y más incómodas. Algunos pasajeros habían despertado y estaban preocupados. Por las altavoces nuevamente nos sugerían permanecer tranquilos en los asientos, que todo era absolutamente normal por el mal tiempo.
Siempre volví a recordar ese día y a preguntarme si realmente me había dado cuenta de la situación antes de que sucediera. Como una especie de intuición. Comencé a asustarme mucho. Los demás estaban alarmados, y todo sucedió muy rápido.
Sentimos un fuerte temblor y la inestabilidad en que atravesaba la tormenta. Algunos gritaron y luego nos cayeron las bolsas de oxígeno sobre nuestras cabezas. Sentimos como si una mano gigante nos tomara y nos agitara con todas sus fuerzas por los aires, descendiendo a gran velocidad. El piloto dijo algunas cosas que no recuerdo entre una multitud alborotada. Y sentí miedo, por primera vez en mi vida sentí ese miedo profundo por mi vida, por terminar en medio de un montón de chatarra, sin poder huir. Caíamos desde los aires, atravesando distintos estados de presión, y finalizamos en un lugar incierto.

3

Recuerdo que desperté en un momento, estaba todo oscuro a mi alrededor, no podía oír ningún ruido y todo estaba quieto. No sabía donde me encontraba hasta que recordé que me había subido a un avión. En medio de pesadillas sentí mucho frío, pero estaba demasiado dormida como para remediarlo.
Volví a despertar, seguramente muchas horas después. Estaba rodeada de una tenue luz, todo estaba quieto y en silencio. Intenté moverme para mirar a mi alrededor, me costó levantarme de mi asiento, el que se encontraba muy inclinado hacia el pasillo. Cuando mis ojos al fin se acostumbraron a la luz y distinguí mi alrededor, me llevé un gran susto. El avión se encontraba inclinado, apoyado hacia la pared de las ventanas de la otra fila de asientos, los cuales estaban destruidos. Los pasajeros de aquellos asientos eran cadáveres molidos. Algunos de mi fila de asientos habían caído sobre los otros, o estaban esparcidos por los pasillos. El espectáculo fue horroroso. Cadáveres dispersos, ventanas rotas, asientos aplastados por toneladas de chatarra. La punta del avión se había hecho pedazos y había sepultado los pasajeros de la primera clase. Rápidamente me liberé de mi asiento, avanzando con cuidado por el pasillo, evitando ver demasiados detalles, como la última expresión de las personas antes de morir. No podía sentir mi brazo izquierdo, el cual debió haber recibido un golpe de la persona a mi lado. Avancé con dificultad llamando a alguien, para recibir respuesta de los sobrevivientes. Pero no escuché nada, ningún ruido que me despertada de aquella aterradora pesadilla.
No recuerdo cuanto esperé por algún llamado de auxilio, o algún llanto de un herido. Lo único que deseaba era huir de allí, alejarme de ese montón de cadáveres que se mezclaba con la chatarra destruida, casi enterrada en la  nieve. Tomé mi equipaje de mano y me fui.
No tenía la sensibilidad para apreciar el paisaje nevado, la alta cordillera extendiéndose hacia donde podía mirar. Las cumbres que me rodeaban eran como una jaula amenazante. Todo blanco, todo frío, y yo sintiéndome fatal.

Emprendí el camino dificultoso por la nieve fresca, la cual me congelaba las piernas. No tenía opción. No quería quedarme en medio de cadáveres ¡y no había nadie vivo! Rechacé de inmediato la interrogante del por qué sólo yo había sobrevivido. Sólo quería avanzar, alejarme de allí, abandonar ese accidente y llegar lo más pronto a un lugar y pedir ayuda. Pero no tenía idea hacia que dirección caminar. ¡Ni siquiera sabía donde me encontraba!
No sentía los pies, no sentía mi brazo, y el frío me penetraba hasta en los huesos. Me sentí muy cansada pero me obligué a seguir, a continuar, y no abandonar los esfuerzos. Mi vida dependía de ello.
No recuerdo cuanto avancé, pero debieron haber sido muchas horas y haber avanzado muy poco. Sólo sé que en algún lugar de la Cordillera de los Andes me desmayé en medio de la nieve, sola, aterrada, y sin esperanzas de llegar a una zona habitada antes del anochecer.

4

Desperté sin saber cuanto tiempo había dormido. Abrí los ojos recorriendo con la mirada la habitación. Era un dormitorio muy agradable, el cielo y las paredes eran tablas de madera, las cortinas blancas estaban cerradas. Había silencio. Estaba desconcertada, ¿dónde me encontraba?
De inmediato recordé todo lo sucedido anteriormente, ¿había sido un sueño? Traté de mover el brazo izquierdo, y sentí dolor. Bajo mis pies había una bolsa de agua caliente y me encontraba bastante abrigada y con un plumón encima. Era muy cómodo, sin embargo, ¿dónde estaba?
Al cabo de unos minutos una figura entró en la habitación, cerró la puerta con cuidado y se desplazó sin hacer ruido hasta mi cama. Me miró por un instante hasta percatarse de que ya estaba despierta. Me saludó con una amplia sonrisa y me preguntó como me sentía. Sin saber bien que contestarle miré a mi alrededor. Mi expresión debió relatar mi confusión.
“Estás en mi casa. Te encontré en la nieve, habías perdido el conocimiento.”
Traté de moverme y levantarme, pero él me detuvo. “Aún estás muy débil como para levantarte. Descansa, duerme, debiste haber pasado por mucho.”
No estaba muy segura si él realmente sabía acerca del accidente, pero asumí de que algo debía suponer, ya que no preguntó por qué me encontraba sola. Me cambió la bolsa de agua por una más caliente, y me sugirió dormir. Al parecer le hice caso.

Al despertar nuevamente, él estaba sentado a los pies de mi cama. Me ayudó a levantarme y me llevó al cuarto de baño. Me ofreció un baño caliente en su tina, argumentando que era lo mejor para evitar enfermarme. Me había encontrado congelada, y de no haber sido que pasaba de casualidad por ahí, me habría muerto.
El baño de agua caliente fue muy placentero. Aún me encontraba confundida por todo lo que había sucedido, pero estaba agradecida de que todo había terminado bien... para mi.

La casa era muy acogedora, una cabaña de madera equipada con todo lo necesario para el invierno en medio de la nevada cordillera. Tenía grandes ventanales térmicos, a través de los cuales se podía apreciar el hermoso paisaje blanco, y las majestuosas montañas al fondo.
Karim, mi salvador, me había preparado chocolate caliente. Disfrutaba ver los copos de nieve caer, como pequeños algodones que cubrían todos los rastros del horror vivido, mientras adentro el fuego ardía en la chimenea. Así me pasaba las tardes, entre conversaciones con Karim, y soñando despierta, mientras observaba el tranquilo pasar del tiempo, a través de las ventanas.
Él me contaba que vivía allí, lejos de la civilización, dedicándose a escribir. Era un poeta escritor que pasaba los inviernos en su cabaña, de la cual nadie tenía registro. Acercándose el verano regresaba a Buenos Aires, a continuar con su rutina y su trabajo. Todo lo que había en la cabaña, se lo había arreglado solo, como ermitaño pasaba allí los meses helados, solo y feliz, sin que nadie interrumpiera sus obras de arte. Era algo nuevo para mi, quien amaba el caluroso verano, pero un nuevo placer había descubierto, y comprendía a la perfección la inspiración al observar  por las tardes los copos de nieve en silencio, y descubrir tras ellos, todo un mundo imaginario.

El tiempo que pasé allí en medio de las montañas fue sereno y hermoso. Yo sabía que algún día iba a regresar a visitar a Karim en su cabaña, o tal vez él se tomaba un tiempo para visitarme en Chile. Siempre estaré muy agradecida de que la casualidad del destino lo haya guiado hasta mí, para apartarme de aquel fin, los cuidados que recibí, y el haberme acompañado hasta el último minuto, cuando bajamos la cordillera en su trineo hasta el primer poblado argentino, en donde pude anunciar que había sobrevivido. Siempre cumpliré su única petición; que no hablara sobre nuestro encuentro, o su existencia en esas tierras sin dueño.
“Nunca, pero nunca, relates lo que viviste en la montaña, que conociste a una persona y que estuviste en su cabaña. Nunca nadie debe enterarse de que vivo allí arriba, alejado de la sociedad, rodeado de naturaleza. Vete en paz, la vida te ha dado una nueva oportunidad.”



28 de septiembre de 2014

Había mucho que contar, pero nada tan urgente que desperdiciara primero el silencio, la mirada y la risa. Compartimos la misma emoción sin necesidad de advertirlo verbalmente, simplemente entender que en aquel momento las dos sentíamos lo mismo, y nuestros ojos lo expresaban.
(Darcy sobre Iris, Arenkes)


23 de agosto de 2014

Jóvenes y casamenteros

*Proyecto aparte, que no publicaré, excepto algunos capítulos que en este momento si considero aptos para el público.

La Vida de Sky Cryster - Capítulo IX

Recuerdo la vez en que era un simple anónimo en internet. En mi red social jamás había puesto una fotografía mía, y muchos dudaron si yo realmente era yo, u otra persona haciéndose pasar por mi (lo habría perdonado, sé que debe ser un honor y una gran tentación hacerse pasar por mi).
Lo único verídico tal vez, era mi género sexual. Decía que era hombre. Y digo tal vez, porque no hay nada que yo pudiera demostrarles, queridos lectores, que yo realmente soy un hombre. No puedo interactuar más con ustedes, que a través de unas letras, que en mayor parte no son escritas por mí, sino por la escritora  que contraté (Sara).
En este caso me he puesto a imaginar, cómo sería una vida siendo mujer. En vez de Sky, imaginar un rato a Skyler en mi lugar.
Me preguntaba qué pasaría si en mi red social, colocara que soy mujer y me cambiara el nombre. ¿Alguien lo distinguiría? ¿Quién sería capaz de juzgarme, mediante los comentarios que escribo, las entradas que publico, y otras pocas veces en que participo en la comunidad? ¿Quién se daría cuenta de ello? Creo que casi nadie, aparte de los que me conocen. Ya que no se puede identificar el género de alguien mediante un par de palabras que no representen una actitud específica de mi sexo.

Esto me ha llevado a imaginarme en una situación en la que yo soy una mujer.
Yo seré Skyler, y a continuación daré  a conocer una vida paralela, un tal vez, un “¿Qué habría sucedido si…?”, en una época específica, típica de mis encantos.


Lo conocí cuando le presentamos su familia a mi hermana. Yo como hermana mayor tuve la obligación de acompañarla a la cita, que se convertiría en su compromiso matrimonial con el joven Winwood.
Aquel día fuimos mi padre, mi madre, mi hermana menor y yo a visitar a los Winwood. Ellos eran una familia rica de Londres en pleno siglo XVIII. Poseían una gran casa acomodada en la ciudad y tierras en las afueras de la ciudad, donde habíamos sido invitados aquel día. Gerard Winwood acababa de terminar sus estudios en Oxford y había regresado para hacerse cargo de los negocios de su padre.
Los Winwood y los Cryster disfrutábamos de su amistad desde hacía un par de años. Esta amistad era ventajosa para nosotros, en especial porque mi hermana era un par de años menor que el primogénito de los Winwood.
Yo, por suerte, no había sido tomada en cuenta para esas tonterías. Quiero decir, que me alegraba mucho que aquella familia orgullosa no tuviera un hijo mayor acorde en edad para mí, ya que no habría podido soportar la idea de unirme ante personas tan superficiales. Pero mi hermana era lo suficientemente tonta como para aceptar proposiciones de ellos encantada. Mis padres tampoco eran más astutos para encontrar a otro pretendiente igual de provechoso.
Yo había sido presentada en sociedad hacía un par de años atrás. Pero nunca llegó alguien que me gustara lo suficiente como para imaginarme una vida a su lado. En ese entonces no sabía muy bien lo que quería en la vida (a pesar de no tener tantas oportunidades como para decidir qué elegir) y no me sentía segura con nadie. Yo solo sabía que no había en Londres joven alguno que fuera guapo, inteligente, adinerado, de buenos modales, bondadoso y de familia agradable como para hacerme feliz. Yo simplemente exigía demasiado en alguien, y no tenía idea si había tal persona que cumpliera con esos requisitos que yo consideraba mínimos. Poco a poco fui rechazando a mis pretendientes hasta que finalmente no quedó ninguno interesado. Así fue como logre liberarme de esa obligación.
Gerard Winwood era de esos jóvenes pretenciosos que creían que al chasquear los dedos se producían cosas asombrosas como la inmediata presencia de alguna persona que pudiera hacer realidad todos sus deseos. No bastó nada más que chasquear los dedos para que mi hermana apareciera en el umbral junto con aquellas que poseían el honor de estar entre las que podía elegir como futura señora de la casa. No sé qué fue lo que lo hizo decidir finalmente por mi querida Irma.
Habíamos sido invitados para el té aquel día para finalizar formalmente el contrato del compromiso de Irma con Gerard Winwood.
Realmente no tenía ganas de asistir al evento que echaría a perder la vida de mi hermana, pero no tuve otra opción. Estaba obligada a presenciar con mis ojos como las sonrisas de ellos y las de mis padres aceptaban un acuerdo que si hubiera sido por mí, jamás habría permitido que se me pase por la mente. Pero tampoco tenía intenciones de ofender a mi hermana, cuya finalidad en la vida era casarse y establecerse con un marido que la mantuviera y le comprara todos los caprichos que ella deseaba.
Si bien las oportunidades para una mujer de aquella época no eran más que la de casarse con un marido que le ofreciera estabilidad económica, mi instinto de libertad me decía otra cosa. Incluso hubo un tiempo en que llegué a pensar en disfrazarme de hombre, huir de mi hogar y hacer mi vida independiente. Lejos de cualquier martirio matrimonial, en donde pertenecía a un hombre y me sentía con el deber de satisfacer sus deseos.
Esa fantasía de hacerme pasar por varón se había reducido en un sueño que solo aparecía en aquellas noches interminables en las que no lograba conciliar el sueño.

Yo no había imaginado mucho acerca de cómo iba a transcurrir el compromiso de ambos jóvenes. Cuando nos sentamos a tomar el té advertí la presencia de alguien desconocido entre los Winwood. Gerard nos lo presentó como su primo, Dylan Chamberlain.

-“¿Y la señorita Skyler? ¿Aún no encuentra marido?” Se dirigió la señora Winwood hacia mí. Sorprendida la miré sin saber que decir. No había preparado una respuesta aún para aquello.
-“Mi hermana a veces rehúye de los deberes femeninos que la comprometen.” Bromeó Irma. Me sentí incómoda ante tal comentario y le lancé una de esas miradas asesinas.
Sonrojada me volví al resto de la familia para averiguar su reacción ante tal afirmación. Mis ojos se cruzaron con los del señor Chamberlain. Me sonrojé aún más.
-“No debería usted despreciar esas buenas oportunidades que se están dando en esta época. Hay muchos jóvenes solteros y de buenas familias en Londres. Tal vez le pueda presentar algunos.” Prosiguió la señora Winwood.
-“Ya habrá alguien que le guste. Si espera demasiado perderá esas oportunidades. La juventud no se mantiene para siempre.” Continuaba la broma mi padre. Enojada pensé en una respuesta rápidamente que terminara eficazmente ante ese tema incómodo. Pero no se me ocurrió nada que pudiera utilizar en mi defensa.
-“No atormenten a la señorita Cryster. Al igual que su hermana, encontrará alguien adecuado.” Se unió el señor Winwood. ¡Al menos un comentario atenuante!
-“¡Sin duda! No por nada tiene esos ojos azules tan hermosos.” Añadió su esposa.
-“La verdad es que la culpa es completamente de ella. Nunca ha querido considerar nuestras proposiciones.” Agregó mi madre. Era el colmo ¡Debía defenderme! No encontraba un tema para desviar la atención de mí. Estaba avergonzada.
-“Siempre le has dado demasiadas libertades. Por eso se ha criado tan masculina. Le falta delicadeza y docilidad.” Dijo mi padre. ¡Se había cambiado de bando! ¡Yo, masculina!
Dylan me observaba de reojo y sonrió ante el comentario de mi padre. Luego volteó el rostro y me miró fijamente. Nuevamente me sentí muy incómoda ante su mirada penetrante.
En el fondo no me parecía tan malo el comentario de mi padre… solo que en público no correspondía a los estándares marcados por la sociedad. En otra época me habrían aceptado sin prejuicios.
-“Solo soy el resultado de las cosas que he tenido que vivir. Si soy de determinada manera es mejor preguntarse cuál debe ser el origen de mi actuar.” Me animé a decir finalmente.
Todos me quedaron mirando atónitos. Mi hermana se olvidó de sus modales y me miró boquiabierta por un rato. Yo les devolví la mirada bajándola luego, serena, y continué con mi té ignorando haber dicho algo insólito.
No me pasó inadvertido que Dylan al otro lado de la mesa volvió a sonreír. Hasta ahora ni él ni Gerard habían añadido comentario alguno a la conversación. Ambos parecían haberse divertido con mi respuesta.
El resto de la velada no volví a participar del tema, el cual habían decidido cambiar.

Después de la cena las señoras se juntaron en otro salón a conversar y los caballeros a jugar una partida de cartas. Me sentí aburrida con las frívolas conversaciones entre la señora Winwood y mi madre. Irma estaba emocionada por su compromiso y ansiaba el día de la boda. En cambio yo había dejado libre rumbo a mi imaginación que en ese momento recorría los campos, montada sobre un caballo galopando con el cabello suelto flameando ante el viento. Algo que jamás sucedería.
Me levanté de mi asiento y fui a dar unas vueltas. Tenía un poco de curiosidad por las dimensiones de la futura casa de Irma. Los salones eran grandes, las ventanas altas. No me gustaba en absoluto. Pero no era mi problema.
Al cruzar una puerta y doblar por una esquina a un pasillo casi tropiezo con Dylan. Sorprendida alcé la vista.
-“Disculpe señor Chamberlain. Estaba un poco distraída.”
-“No se disculpe, señorita Cryster. No todos los días se tiene el honor de sentir tan cercana la presencia de una bella dama.”
Rápidamente me alejé ante ese comentario. Lo miré disgustada. El solo sonrió.
-“Vamos, yo creí que usted no era el tipo de señorita sensible que se enojaría ante tal piropo.”
-“Pues, se merece usted un golpe. Pero no tengo ánimos de eso ahora.” Fue lo único que se me ocurrió responder.
-“Pero que ruda…”
-“Si me disculpa…”
-“No, no. No se valla. De verdad, lo siento. Le aseguro que si se va ahora no tendré otra oportunidad de conversar con usted. Me parece una persona interesante, pero ante la familia es un poco complicado… no nos han presentado correctamente. ¿Desea dar un paseo conmigo por los jardines?”
-“No, no lo deseo. Pero iré de todas formas si insiste.” Miré por la ventana. Era mejor estar afuera que dentro. Sin buscar abrigo simplemente salí de la gran casa. Los jardines eran hermosos, había muchos árboles y flores plantadas decorando el caminito. Un jardinero había dejado huellas de su arte.
-“Que curioso  lo que he oído sobre usted en la cena. ¿Realmente no quiere casarse?” Volvió a comenzar el señor Chamberlain.
-“Realmente no tengo interés en continuar con lo anterior.”
-“Está bien. Entonces dígame, si se casa su hermana, ¿quedará sola en casa de sus padres o tiene más hermanos?”
-“Solo quedaré yo.”
-“Supongo que la extrañará mucho.”
-“Si, lo normal. Irma es de esas personas que no meditan mucho las cosas antes de hacerlas. Solo proceden cuando se les presenta la oportunidad.”
-“Yo no veo ningún inconveniente en el matrimonio entre su hermana y mi primo. Es ventajoso para ambos.”
-“Tal vez. Y si lo quiere saber, si, si pienso casarme algún día. Pero elegiré bien al afortunado.”
-“Está en todo su derecho de hacerlo. Pero si me lo preguntaran a mí, yo no dudaría un segundo en elegirla a usted. Su rebeldía me atrae.”
Atónita lo quedé mirando. Luego me di media vuelta y emprendí el regreso a la casa. No tenía interés de seguir conversando con alguien tan poco serio. Claro que él no me habría dejado ir tan fácilmente.
-“Señorita, ¿Qué le sucede?”
-“¿Por qué tengo que perder el tiempo con alguien que toma decisiones de esa forma? Ni siquiera me conoce.”
-“No, no la conozco. Pero hay algo atractivo en esto de querer siempre llevarle la contra al mundo. ¿Y si por una vez no lo hace y simplemente se deja llevar?”
-“¿No es algo que todos hacen? Yo no soy precisamente una persona que respeta las normas de esta sociedad, y eso puede ser un problema.  Además, no sé por qué me detengo a argumentarlo con una persona que procede a hacer una proposición de lo más ridícula a una persona que no conoce en lo más mínimo y con quien no tiene idea si podrá llevarse bien.”
-“Pues no la respete.” Me dijo y me tomó la mano. Luego me acercó a si y en un abrazo me besó.


Esta es la parte en que no quiero mencionar lo que sucedió a continuación, mi romance oculto con Dylan, del cual nadie se enteró. Solo nos sentíamos como dos personas libres de hacer y deshacer lo que queríamos.

Esa era Skyler. Una mujer rebelde quien finalmente cedió ante un hombre en su vida. Pero no me gusta, no me siento cómodo como mujer. Había algo en la historia que comenzó a disgustarme con la presencia de un romance con un hombre. Era solo imaginación, pero aun así, me incomodaba y desaparecía todo rastro de gozo al continuar imaginando. Definitivamente yo no podría ser un transexual, una mujer e interesarme por hombres. Descartado.

23 de julio de 2014

Un engaño mental

*Proyecto aparte, que no publicaré, excepto algunos capítulos que en este momento si considero aptos para el público.

La Vida de Sky Cryster - Capítulo IV

Hay un tema que he mencionado en una o dos palabras anteriormente, el cual me parece adecuado aclarar. Pero no sé cómo hacerlo para caerle bien a todos… no, no será posible. No se trata de caerles bien, se trata de que no me tomen por loco.

Hubo un tiempo en que sentí una reacción natural que libera endorfinas y produce gran satisfacción. Hay personas que lo llaman amor.
Ella era… pues ya casi no la recuerdo. Después de tanto tiempo me pregunto si alguna vez fue real o solo un producto de mi imaginación.
La conocí un día en una ciudad argentina de cuyo nombre no quiero acordarme. Recuerdo que la veía pasear con un paraguas por las calles invernales mientras llovía a cántaros. No recuerdo haber distinguido lo mojada que estaba, pero al parecer la lluvia le había bajado el ánimo.
Yo estaba sentado en una cafetería con vidrieras grandes observando la gente al pasar por fuera. Algunos corriendo, otros caminando de prisa, y otros huyendo como locos del agua. Pero ella no hacía ninguna de las anteriores. Solo caminaba tranquilamente con su abrigo ajustado y su paraguas alzado, como vencida por la lluvia. Paseaba entre la masa de gente alocada con expresión resignada. Yo la observaba atentamente desde la cafetería, totalmente seco, cómodo y disfrutando del calor de adentro. En esos momentos ella deseaba estar en mi situación.
Y entonces me vio. …y salió el sol. Bueno, no, pero eso sentí. Tal vez pasaron solo segundos, pero en cámara lenta recibí su mirada por un instante. Luego ella la retiró, pero no continuó su camino. Se detuvo ante la cafetería observándome de reojo decidiendo si entrar o no. Yo sentí la urgente necesidad de incitar al destino y obligarlo a unir su camino con el mío. Entonces ella abrió la puerta de la cafetería y se quedó allí cerrando el paraguas, sacudiéndolo antes, quitándose los guantes, abriéndose el abrigo por el calor de dentro. Y no pude contenerme. Fui hasta ella y la invité a un café y unas galletas que habían sido preparadas recientemente y aún estaban calientes. Ella aceptó mi invitación. Así fue como la conocí.

-“¿Qué pasó después?” Me preguntó mi amigo Iván.
-“¿Es necesario arruinar mi hermoso relato?”
-“Si, tengo curiosidad.” Insistió éste.
-“La curiosidad mató al gato.”
-“Entonces ya estarías muerto. Pero yo aún te veo aquí en frente, puedo tocarte y saber que estás vivo.”
-“Si, sobreviví. Esa es la palabra adecuada.”
-“Bueno, ¿Y me vas a decir qué fue lo que sucedió?”
-“Resultó una hermosa amistad entre los dos. Ella me cautivaba cada vez al verla. La quería demasiado como para arruinar la inmensa surte que tuve al habérmela encontrado. Éramos iguales en muchos aspectos. Y lo más genial de todo era que pertenecíamos a la misma comunidad. Solo que ella tampoco había leído jamás ni mi carta de presentación, ni mi descripción en mi perfil de red social.”
-“¿Y eso fue todo?”
-“No…”
-“…”
-“¿Sabías que tu mente te puede engañar?”
-“¿Cómo es eso?”
-“Tu mente te puede hacer creer cosas que no son. Por ejemplo cuando ves algo que nunca estuvo allí. Cuando sientes algo solo porque tú mismo te convences de que te gusta pero en realidad no lo haces. Cuando quieres algo que en el fondo ni querías. Cuando te crees estar en una situación determinada y no tienes idea lo alejado que estás de esa posibilidad.”
-“¿Te sucedió eso?”
-“Si, ¿o crees que te estoy contando esto para cambiarte el tema?”
-“Es posible. Muchas veces me evades algunas preguntas?”
-“¿Qué? ¿Yo? ¿Cómo cuáles?”
-“Como la que acabas de hacer.” Dijo y me guiñó un ojo. Tuve que sonreír ya que no pude huir esta vez.
-“Pues, mi mente me había engañado. Mi mente me dijo que yo debía sentirme enamorado de ella. Mi mente me dijo que nunca antes había encontrado una persona que congeniara tanto conmigo como ella. Por eso yo debía enamorarme de ella.”
-“¿Y eso tiene algo de malo?”
-“En mi caso, ¡claro que sí! Para empezar no es bueno que tu mente exagere tus sentimientos por alguien. Reconozco que sentía mucho por ella esa vez y seguiré sintiendo hasta siempre, pero en unos niveles normales. Es un sentimiento noble de amistad hacia ella. Y no quiero que nada rompa esa preciosa amistad que tengo con ella.”
-“Sigo sin entender… ¿no te correspondía?”
-“Yo creo que si realmente hubiera estado enamorado de ella, lo habría hecho, sin dudas. Pero ella en ese tiempo tenía su propio dilema amoroso. Y resulta que era con otra mujer. Por eso sufrí mucho. Porque mi mente creyó haberse enamorado de alguien y luego me dijo que sufriera porque estaba con otra persona. Me costó tres meses de arduo trabajo, muchos nervios y depresiones superar aquella mentira mental.”
-“Oh, ¿Ella era lesbiana?”
-“No. Es birromántica. Solo románticamente.”
-“Entiendo. Es una de las nuestras entonces. ¿Y su novia? ¿También era asexual?”
-“Si. Pero esa relación no resultó. Y me sentí mucho mejor cuando lo supe, porque así no había nada más que pudiera engañarme y decirme que sufriera.”
-“Y ahí fue cuando tuviste oportunidad con ella…”
-“No,” sonreí, “En ese entonces ya había superado la mentira de mi mente. Siempre sé que la voy a querer mucho. Pero ella no es la adecuada para mí. Eso aún puede esperar. Esperaré lo que sea necesario para encontrar la persona correcta para mí. No forzaré el destino, no accederé a mentiras mentales y emociones exageradas. Esperaré con calma aquella que habrá de venir.”
-“Bueno, al menos es un final feliz.”
-“Si. Soy feliz pensando que aún está a mi lado. Nunca le conté lo sucedido y espero que nunca lo sepa. No es necesario que sepa que alguna vez sentí como si hubiese estado enamorado de ella, pero que solo fue algo de lo que me convenció mi mente, y apenas lo superé, volví a la normalidad.”
-“Hmmm. ¿Por casualidad la conozco?”
-“Tal vez…” Le sonreí con la segunda sonrisa más falsa que había hecho en mi vida. Luego me di vuelta y me fui. No quise saber su expresión, porque estaba seguro que él suponía de quien se trataba.