13 de junio de 2017

Puzzle

Cuando conocemos a alguien, esa persona es como un puzzle. Armamos sus piezas a medida que la conocemos. 
A veces tomamos una pieza y creemos que corresponde a un sitio, luego nos damos cuenta que esa pieza no calzaba con las demás. Nuevamente tomamos otra pieza y creemos que esa si corresponde a la que necesitamos para continuar completando., Pero entonces esa pieza tampoco era la que creíamos.
Pieza tras pieza el puzzle nos va revelando la imagen que buscamos. Intentamos con una, con otra, y muchas coinciden. Otras varias no coinciden, las descartamos e intentamos con la siguiente. Vamos formando la imagen. Cada vez más completa, cada vez más clara. 
A veces nos demoramos poco en completar el puzzle. A veces nunca lo logramos por completo. A veces perdemos piezas y entonces quedará en la imagen un hueco con una pieza que nunca logramos colocar. 
A veces nos demoramos en completar el puzzle y entonces tendremos una visión general sobre lo que nos muestra la imagen; podremos decidir si nos gusta o no; si ha valido la pena invertir tiempo en juntar las piezas. 
Otras veces al completar la imagen nos sentimos satisfechos de nuestro logro. La imagen será agradable ante nuestra vista pero después la guardamos y no volvemos a admirarla, pues la emoción se habrá esfumado al descubrir por completo lo que ignorábamos.
A veces enmarcamos la imagen, al descubrir en ella una composición hermosa y cautivante para ser contemplada a largo plazo.
A veces es más emocionante el trabajo de completar las piezas que el lograr el resultado de la imagen completa.
Algunas piezas son intrigantes, las suponemos e intentamos nuestra suerte. Muchas piezas no son las que creíamos y correspondían a otro sitio; imaginábamos la imagen de una forma y en realidad era otra totalmente distinta. ¿Cuantas piezas imaginamos y nunca fueron las que creíamos correctas?

Las piezas son historias de vida. Y son supuestos de historias de vida que imaginamos. Pero puede ser la pieza incorrecta. O tal vez adivinamos la pieza exacta que va armando de a poco la imagen completa.
La finalidad del puzzle es armarlo. La finalidad de la diversión está en el trabajo que colocar las piezas correctas en su sitio. ¿Alguna vez la finalidad ha sido únicamente tenerlo armado? ¿Por qué entonces tanto afán por armarlo por completo? Si no se armara por completo, siempre quedará la curiosidad de cuál sería realmente la imagen. Una curiosidad que permite avanzar y la cual hace emocionante el trabajo en sí.
A veces la diversión está en el transcurso de avanzar hacia la meta, pero no en la meta en sí.
Suele suceder que al llegar a la meta, la emoción se esfume, y la satisfacción por el logro se vuelva aburrida.

Los humanos somos personas que nos enfocamos en metas, no en el transcurso de ellas.