12 de agosto de 2012

Arenkes (8)

Capítulo VIII



Recuerdo cuando yo tenía unos cuatro años. Iris tenía catorce. En ese entonces vivía con mi familia al sur de la ciudad de Puerto Montt. A unos mil kilómetros al sur de donde me encontraba encerrada. Ella iba todos los días a mi casa a pasar el rato conmigo cuando mis padres se iban a trabajar. Recuerdo esos bellos momentos cuando jugábamos entre la hierba cuando había sol. Estaba toda la tarde conmigo, y a veces se quedaba hasta muy tarde. Entonces me contaba historias mientras esperaba que yo me quedara dormida. Pero lo que ella me contaba era tan interesante, tan emocionante que en vez de dormir me entraban ganas de saltar de la cama y hacer las historias realidad. Recuerdo que muchas de esas historias eran sobre arenkes. Claro que no tenía idea que tal vez muchas cosas que me contaba, eran reales. Era como cualquier cuento, con sus héroes y sus villanos. Luego ella me decía “Buenas noches, arenke” y me besaba en la frente. En mis sueños volvían a repetirse las imágenes de las historias.

Me había llamado arenke varias veces, después de cada cuento. ¿Era coincidencia?  Entre más pensaba en eso, más me llamaba la atención, que desde pequeña siempre estuve conectada con los arenkes, y yo solo creía que venían de la imaginación de Iris. Ella siempre supo que fue una de nosotros, pero ¿acaso sabía lo que yo era? ¿O solo me llamaba arenke, así como a las niñitas se las puede llamar hadas? Era imposible que ella supiera algo, ya que mis padres no lo eran, y yo nunca lo supe hasta cumplir veinte.

Han pasado muchos años desde entonces y la he vuelto a ver, adulta. Coincidió en que las dos somos arenkes, pero ella se infiltró entre los cazadores para ayudarnos… tenía tantas ganas de contarle todo, sobre los demás, sobre Kai, sobre mi transformación… Pero no podía salir de la polvorienta celda aburrida donde nunca se escuchaba ningún ruido del exterior, solo las moscas en la ventana y el tiempo que parecía detenerse eternamente…

No había dormido bien en mi celda, por lo tanto llevaba muchas horas despierta. Comprobé lo que me habían dicho. ¡Realmente era posible! Pero era cansador, extrañaba tanto las sábanas suaves de mi cama.

No la vi a Iris hasta el día siguiente cuando me trajo el almuerzo, algo atrasado.  Cuando le pregunté sobre su ausencia solo movió la cabeza, “Tenía cosas que hacer…” Pero se quedó a mi lado a esperar que vaciara el plato de sopa. Estaba algo seria y no parecía tener ganas de conversar. Comencé a contarle las coincidencias de mi infancia y ella mostró interés en escucharme. Una sonrisa pasó por sus labios y el aburrimiento se había acabado. Me dijo que tenía mucho que contarme, pero no quería echar a perder el momento. No entendí que se refería con eso. Se fue con mi plato vacío y no regresó hasta el anochecer.


-“Me escapé un rato, necesitaba verte.” Regresó Iris cuando casi estaba oscuro.
Me había traído la cena. Se tendió sobre el colchón y comenzó a contarme.

-“Te contaré algo que tal vez te sorprenda mucho, pero no debes dudar en ningún momento de mi palabra.” Me dijo y yo asentí, “Primero que nada debes saber que un arenke nace, cuando uno de los dos padres, o ambos, también lo son.”
-“Yo sé que soy adoptada, mi tutor me lo dijo, luego yo lo comprobé.” Agregué y ella se sorprendió.
-“¿Y que más sabes?”
-“Solo eso…”
-“Está bien,” Prosiguió aún sorprendida. “Fuiste muy pequeña cuando quedaste sin padres. Entonces me dijeron que fuera a cuidarte, porque eras una arenke, pero nunca te ibas a enterar si te crecías entre humanos. Y al momento de tu transformación no ibas a entender lo que pasaría. Pero lamento no haber estado presente en ese momento. Yo te contaba historias sobre arenkes, para que al menos tuvieras en tu subconsciencia la idea de la existencia de nosotros. Pero luego, antes de mi transformación tuve que irme de Puerto Montt. Desde lejos me informaban lo que hacían, cuando pasaste a la secundaria, cuando la terminaste, y luego perdí tu rastro cuando entrase a la universidad. Mi transformación sucedió  cuando tuve diecisiete años, no pensé que la tuya fuera recién a los veinte. Pero no te ofendas, en cada persona es distinto.”

¡Ella siempre supo que yo era una arenke!
-“¿Sabes algo de mis padres verdaderos?” Le pregunté…
-“Si…
-“¿Me lo contarás?
En ese momento se escucharon unos ruidos sobre el techo. Esperamos en silencio, pero no sucedió nada.
-“Ellos fallecieron cuando tenías unos dos años…”
-“¡¿Por qué?!”
-“Los cazadores de arenkes…” Respondió. En ese momento la rabia me invadió. ¡¡Los cazadores de arenkes!! ¿Qué les habían hecho? Debía vengarlos… Recuerdo que Kai también me había dicho algo así sobre su madre.
Iris me tranquilizó al notar mi ira.
-“¿Los conociste?” le pregunté.
-“Si, por eso estoy aquí haciéndome pasar por una de ellos. Necesitan una lección.”
-“¿me contarás sobre mis padres?”
-“En otra oportunidad, cuando salgas de aquí.”

Cuando salgas de aquí, me recordó a todo lo que había afuera, libertad, bendita libertad. Nuevamente se escucharon ruidos sobre el techo, más fuertes. Miré por la ventana, pero no habían prendido la luz del patio, y no pude distinguir nada. Debían ser gatos.

-“iris, ¿Cuál es tu nombre de arenke?”
-“Isis, como la diosa griega.” Sonrió. No había mucha diferencia.

-“Ambos padres eran arenkes. Tengo la impresión que tienes el mismo carácter que ella.” Dijo luego de una pausa.
-“¿Por qué te pidieron a ti que me cuidaras de pequeña?”
-“Nuestros padres nos dejaron… y yo no podía criarte sola, ni llevarte conmigo.”
-“¿Eres…. eres…?”
-“Si, lo soy, hermanita.”

Afuera gritó un hombre, luego oímos varios gritos, y algo golpeó fuertemente en mi ventana rompiendo el vidrio. Nos asustamos mucho adentro. No sabíamos que pasaba. Notamos que se estaban peleando. Madera se estaba rompiendo afuera y luego alguien corriendo hacia la puerta de mi celda. La cerradura comenzó a temblando. Estaban forzando la puerta. Nosotras la habíamos cerrado por dentro y esperábamos con susto lo que iba a suceder en los próximos minutos.

Lograron forzar la puerta, que se abrió de un golpe. Detrás en la oscuridad pude reconocer a alguien.
-“¡Kai!” También estaba allí Silver y varios más. Kai me tomó de los brazos y me tiró fuera de la celda. Yo gritaba, quería contarle quien era Iris. Pero éste no me escuchó, me tomó y me sacó de allí lo más rápido que pudo, yo trataba sin lograrlo, soltarme de sus brazos. Pero no pude. Iris nos siguió corriendo, pero los demás la detuvieron. ¡No sabían que era una arenke! La tomaron, la llevaron de vuelta a la celda y la encerraron. Yo pataleaba gritando que no lo hicieran, pidiéndole a Kai que me escuchara. No lo hizo. ¡Nunca lo hacía!
Llegamos al patio y allí habían más arenkes, ¡habían venido muchos! Cuando me vieron, abrieron sus alas y emprendieron la retirada. Silver me tomó y me llevó en sus brazos. Definitivamente no quería ser llevada por Kai de vuelta.
-“Que bueno que te encontramos, no imaginas lo que nos habíamos preocupado, te buscamos por muchos días.” Me dijo.
Yo no quería decir nada. Estaba desilusionada. Al fin había encontrado una pista de mis padres, y a mi hermana, y nuevamente  vuelven a separarme de ella. El destino me está jugando la contra con mi familia.


* * *


De vuelta en Viña del Mar. No sé cuánto demoramos en llegar, me dormí a medio camino. Me despedí de Silver y Kai me llevo a mi casa. No pudo comprender por qué estaba tan enojada.

-“Sabes que acabas de sobrevivir a algo muy peligroso,” comenzó su discurso. “No tienes idea de lo que son capaces los cazadores de arenkes. Muchos de nosotros que han caído en sus redes, no han vuelto a salir con vida.”
-“¡Lo séeee!” grité recordando lo que me había contado Iris. “¡Nunca tuviste la delicadeza de decirme que soy adopada! Fue algo tan simple y obvio para ti. Pero allí en la celda conocí a alguien, una arenke que se hacía pasar por cazadores de arenkes…”
El movió la cabeza.
-“¿La mujer que estaba contigo en la celda? Lamento decepcionarte, trabaja con los cazadores, no es una arenke.”
-“¡Pero escúchame! No lo es, solo lo hace para ayudar a aquellos que caímos en sus redes.”
-“¿Ayudar? ¿Y te ayudó en algo? ¡No! Fuimos nosotros los que buscamos tu pista, fuimos nosotros que buscamos día y noche, sin descansar, y encontramos el edificio de ellos.”
-“Kai, ¡ella es mi hermana!”
-“¡No hables tonterías! Ni siquiera sabes de lo que estás hablando. Opinas sobre cosas que se basan plenamente en tu imaginación. Primero que nada, ¿comprobaste que ella es arenke? ¿Le viste las alas?”
No las había visto. Pero creía firmemente en lo que ella me contó. Kai no me iba a hacer dudar. La conocía de pequeña, solo que ella nunca me había revelado su identidad hasta ahora.
-“¡No Kai, déjame tranquila! ¿Por qué me tratas tan mal? ¿Por qué no me tratas con más delicadeza como a Aisha? ¿Por qué conmigo eres así y con Aisha eres diferente? ¡Solo porque estás enamorado de ella la tratas como a un ángel!”
Kai me miró con sus grandes ojos oscuros, apartó la mirada
-“No. Eso no…” murmuraba. Sus ojos se mantenían pegados en el suelo. “No es así…” Dijo en un tono triste y decepcionado. Abrió la puerta de mi casa y se fue.
¿Quién puede comprenderte? Pensé. 



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1 comentario:

Békwo dijo...

jejejejeje... pobre Kai, le rompistes el corazon XD