30 de abril de 2017

Lo que revelan sus ojos

Tengo en mi poder uno de los más grandes tesoros que pude haber recibido de una persona que me gustaba, con quien cuya posibilidad de obtener algo más que aquellas fotos tan valiosas era imposible...

Estuve una semana pensando en cómo abordarle de una manera en que pudiera hablarle naturalmente sin mostrar mi estado nervioso.
Cuando llegó a mi casa se sentó en el sitial de siempre, a un costado de mí, con su abrigo sobre las rodillas y la vista hacia el frente sin mirar nada específico.
Le miraba de reojo, como solía hacer furtivamente esperando que nunca lo notara más de la cuenta. Disfrutaba verle, como un deleite personal que satisfacía mi ansiedad de querer algo de él.
Cuando tenía oportunidad de hablarle me perdía un par de segundos en sus ojos, un período corto, lo mínimo suficiente para grabar esa imagen en mi sin que él notara algo extraño y continuar viéndole desde la imaginación.
A veces lograba hacerle sonreír, y entonces lo miraba directamente a la cara, disfrutando un poco más que sus ojos, y sentirme por un instante en pleno paraíso, vaciando mi ansiedad completamente con aquella preciosa sonrisa que era solo para mí.
Y me embriagaba con su esencia, con su mirada de duda cuando levantaba la vista y su sonrisa, volviéndome cada día que le veía más adicta a su presencia.
Comenzaba a necesitarle cerca cada vez más.

Saqué mi cámara fotográfica de su envoltorio y la dejé a la vista sobre la mesa.
Inmediatamente comenzó a sentir interés por ella, enfocando su curiosidad en aquel objeto que yo poseía y a través del cual yo había logrado cierta atención de su parte.

-"¿Te puedo tomar una foto?" Le pregunté con cuidado sin pretender asustarle.
Me lanzó una mirada indecisa y por un pequeño momento me perdí en esos ojos que yo quería capturar por siempre para mi.
-"No te preocupes, únicamente quiero tomarle fotos a tus ojos. Quiero realizar una macro que abarca solo eso. No saldrá el resto de tu rostro."
Eso parecía aliviarle un poco. Me temía que era la clase de persona que odiaba que le tomaran fotos.
-"Está bien." dudó, "¿qué debo hacer?"
-"Quédate quieto. Acercaré el lente a tu ojo con una distancia de cuatro centímetros. Evita moverte o pestañar. Debes quedarte lo más quieto posible. Mira hacia el frente. Será un tiempo corto. Te diré un par de cosas, las cuales debes oír con atención, y a medida de que las escuches, capturaré las fotos."
Me sentí feliz de tener aquel momento que tanto había deseado. Al fin lo tenía únicamente para lo que yo quería; capturarle para mí.
Le advertí que para la sesión debía acercar más luz a su cara.
Tomé una lámpara, levanté la pantalla y le iluminé la cara. Encandilado cerró los ojos e hizo una mueca.
-"Lo siento, trata de acostumbrarte a la luz, y aguanta un minuto. No mires directamente la foto, enfoca la mirada por encima de él. Necesito que entre luz a tus ojos."
Claramente la luz revelaría todo lo que yo quería saber de él; aquellas emociones que ocultaba tras una mirada que no revelaba nada. Cuanto deseaba descubrir ante la luz que yo no le era indiferente.
Levantó la vista hacia la pantalla oscura de la lámpara y yo me acerqué a él. Me senté a su lado, acerqué el lente a sus ojos y lo giré, acercando la imagen en un zoom.
Lo veía tan cerca desde la mirilla de la cámara que podía ver cada poro de su piel. Cada bello de sus pestañas era entonces grande ante el lente macro de mi enorme cámara.
-"Deja la mirada quieta." Le dije y me obedeció.
Su ojo estaba cerca, tan grande que abarcaba todo el área de la futura foto. Sus pestañas largas y peinadas esperaban en una perfecta fila.
Tomé una foto. La primera foto en estado normal. "Uno" contaba en mi mente. Debía mantener un orden en los números para luego analizar cada foto en grande desde mi computador.

-"Te contaré tres cosas diferentes. En todas ellas debes mantenerte quieto y aguardar la misma postura. No mires hacia otro lado."
Levemente asintió sin perder el enfoque hacia el punto por el cual se había decidido.
-"Primero; Imagínate que estás en tu casa junto a tu familia y hermanos. Imagina que tu hermana menor va a tomarse un baño. Llena la tina de agua tibia, cierra la puerta y no vuelven a saber de ella durante algunos minutos. El tiempo pasa, y a medida que avanzan los minutos tu madre se molesta porque ya está demasiado tiempo en el baño. Le grita por la puerta que se de prisa y espera otros minutos. Finalmente decide entrar al baño porque ha pasado alrededor de una hora." Tomé otra foto, van dos. "Tu madre abre el seguro desde afuera y entra al baño enojada. Pero al entrar se escucha un grito alarmante de su parte. Asustado vas a preguntarle que sucedió. Tu madre sale del baño con la cara blanca y te dice entre susurros tartamuda que tu hermana ha muerto. Va a buscar unas toallas, envuelve a la chica en ellas y le ayudas a retirar el cuerpo de la tina. Tu hermana ya no vive, dejó el mundo con una mueca triste en el rostro. Tu desesperación en ese momento aumenta." Otra foto, van tres. "Y entonces comienzas a llorar." Otra foto, van cuatro.
Tres fotos por historia serán suficientes para el análisis.

Retiro unos centímetros la cámara y él ladea su rostro y me observa asustado.
-"¡No te muevas! Te dije que solo serán pequeñas historias. Por favor olvida lo que acabo de decir, ya está logrado. Ahora imagina pasteles rosas y gatos trepando árboles para dejar esa espantosa imagen atrás.
Él sonrió levemente.
Acerco mi cámara nuevamente a la misma distancia anterior y verifico que los ojos están a la misma posición anterior.

-"Ahora imagina otra situación; Piensa en el diario trabajo, en tu escritorio, en tus papeles aguardándote y en los números que sueles escribir en las planillas de cálculo. Imagina que una columna de la planilla se va llenando de números." Quinta foto. "Imagina que luego de treinta números eliges el último cuadro y realizas la suma de todos los números que se encuentran en la columna. Imagina que ese número aumenta en nueve dígitos en comparación con los números anteriores. Es un número muy grande, pero la planilla automáticamente lo ordenó con sus respectivos puntos, haciéndolo reconocible y capaz de leerlo." Tomé otra foto, van seis fotos del mismo ojo. "Ahora imagina que envías la planilla a la impresora e imprimes el cuadro con los números." Va otra foto. "La impresora imprime una hoja. Te levantas a tomar la hoja y te das cuenta que no era la que querías imprimir, y esperas por la siguiente. Sale la siguiente hoja y ésta vez tampoco es la tuya. Salen cinco hojas distintas hasta que aparece la tuya; el cuadro con la suma de los treinta números. ¿Recuerdas cuantos dígitos tenía la suma del total?" En aquel momento tomé la séptima foto. El experimento con la segunda historia finalizó con éxito.

-"¿Cómo te sientes? ¿Estuvo muy aburrido?" Bromeé y el esbozó una sonrisa sin quitar su mirada hacia el punto comprometido. Inmediatamente proseguí a la tercera historia antes que pasara demasiado tiempo para dejar de hacer efecto mi experimento.
En aquel momento su rostro estaba relajado y cómodo en modo de espera. Con la historia anterior, varios músculos de su cara se habían tensado.

-"Continuemos con la tercera historia. Recuerda que éstas solo son historias y son necesarias para las fotos. Imagina una situación como ahora; estás sentado allí y yo estoy en el sofá. Entonces me acerco a ti y te pregunto si deseas tomar un té. Voy a la cocina a calentar el agua enchufando el hervidor. Regreso hacia ti y me siento a tu lado. Te digo que debo decirte algo importante." Enfoqué la cámara. "Tengo que confesarte que me gustas." Tomé la octava foto. "No estaba muy segura de lo que tú sentías por mí pero que aquello no me preocupaba. Me acerqué a tu rostro, coloqué mi mano bajo tu mentón y te acerqué a mí." Novena foto. "Y entonces te mordí los labios. Creo que te gustó. Dime, ¿Te gustó?" Rápidamente tomé la décima foto e hice una pausa silenciosa.

Desconcertado por aquella pregunta giró levemente hacia mí. Sentí el éxito rebosar mi felicidad y enfoqué el lente hacia el nuevo ángulo que él me ofrecía; su ojo de frente. Tomé una ráfaga de fotos de al menos siete fotos continuas.
Luego bajé la cámara satisfecha, y algo nerviosa por expresar la última historia.
Me quedó mirando en silencio con expresión de duda. Bajé el rostro enfocando mi atención a la cámara y obligándome a actuar con naturalidad
-"¿Ves que no fue tan difícil? Son solo historias, me ayudan a capturar los ojos junto a sus pequeños cambios que van generando dichas historias."
Noté que los músculos de su cara se habían tensado nuevamente y que su expresión seria ocultaba algo de nerviosismo. Sonreí y me levanté camino a la cocina a buscar el agua caliente y el té.

Tengo en mi poder uno de los más grandes tesoros que pude haber recibido de una persona que me gustaba, con quien cuya posibilidad de obtener algo más que aquellas fotos tan íntimas, era imposible. Y digo íntimas porque aquellos ojos luego me revelaron lo que yo quería saber; su corazón me correspondía y sus pupilas me lo revelaban. Ante la gran pantalla de mi computador y la soledad que me rodeaba analicé cada detalle y cambio producido por historias, enumerando las fotos según su orden. En las últimas fotos expresaban algo especial que no se explicar con palabras pero que sé perfectamente lo que significan. La primera foto era como las miradas que dirigía hacia todo el mundo. Las tres siguientes notaban atención y susto. Las tres siguientes volvían a expresar una mirada normal. Las tres siguientes mostraban alerta, susto, interés, exaltación y turbación. Continuaban fotos que expresaban un secreto revelado, la posibilidad de algo. La posibilidad que yo en el fondo deseaba, pero a que a pesar de ese deseo ansioso, evitaba que se realizara. Había cosas que no debían suceder. Había gente que únicamente se podía disfrutar externamente y cuya imagen deleita el alma y alimenta los sueños.
Así como existían las flores, cuyos cultivos se destinaban únicamente a los floreros y a la admiración de quienes disfrutaban de su belleza. Un hombre para un florero, o una colección de hombres para un florero. La admiración hacia un ramo de flores en un florero no hace daño ni perjudica a nadie. Tan solo levanta el ánimo de su admirador y endulza la vida de su devoto aficionado.


Nunca se lo conté.


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