22 de junio de 2010

Pensamientos Oníricos

Otro día nublado aquí en Chile. Me levanto temprano y no tengo ganas de nada, ni de sonreír ni de hablar. Ni de estar triste ni de recordar. Estoy neutra. La vida corre a mí alrededor con prisa. Estoy sensible pienso, soy como una libra; cada peso me puede llevar a los extremos. Si me sucede algo negativo me da un bajón, pero si me sucede algo bueno puedo brillar de gozo. Así que intento mantener la calma y no reflexionar mucho. Pero colocar la mente en blanco no es precisamente mi especialidad.
Me subo a un microbús y miro por la ventana. El mundo pasa frente a mis ojos, la vida de los demás, gente que nunca conoceré, historias que nunca escucharé, emociones que nunca sentiré. En el bus comienza a tocar una canción que me comienza a contar.
-“¿Conoces la canción? El tipo quiere cruzar la calle y ve al otro lado una mujer hermosa que lo observa. Le sonríe. El semáforo marca verde y ella comienza a caminar. Pero llega un vehículo a gran velocidad y ella es atropellada. Todos corren hacia ella pero ya no se puede hacer nada. Él ve en el suelo una mujer muerta, la única mujer que se había fijado en él. Algo que nunca debió suceder.”
Hay viento en las playas. Hay olas grandes que golpean contra la arena. El mar se ve gris igual que el cielo. Las hojas de las palmeras están rotas por la agitación constante. Me decido volver a la Yhar, hoy no es mi día. Día de primavera. Día en que florecen las decepciones y en donde la gente se aferra a sus emociones causadas por el nuevo sol después del invierno. En Londres estaría en otoño, ese cálido otoño que deja caer las hojas de los árboles y que despierta ese olor a cosecha en los campos. Estación de frutos y pasto seco. Pero lo bueno de la primavera es que da la esperanza que comienza pronto el verano. Como hace frío y el día realmente no vale la pena me voy a dormir un poco triste de que no pude lograr nada gratificante. Extraño a mis amigos en Inglaterra. Extraño Europa. Ese mundo antiguo que ofrece tantas historias que contar. En poco tiempo me quedo dormida.

Alrededor de las ocho de la tarde despierto, está oscureciendo. Es una sensación extraña, como estar encerrado sin la percepción de espacio-tiempo. Dormí tres horas y es como si habría dormido toda una noche. Coloco música pero no tengo ánimo de escuchar ningún género en específico. Todo está tan irreal, tan onírico que no me creo a mí misma donde estoy. Sigo cansada y tengo ojeras. Tengo un montón de cosas dentro que quieren explotar. Escucho música, de la cual su letra me identifica bastante y mi en mi mente comienzan a rondar ideas negativas, tristes. Siento que hoy todo sale mal. Sueño con mi alrededor y me veo sola entre la neblina que se expande eternamente. Realmente soy delicada al tiempo, ya que si habría sol estría de mejor humor. Me siento sola pero no tengo ánimo para relacionarme con nadie en este momento. Tengo ganas de soñar, dormir, relajar, estar tranquila. Dejarme caer en un sueño eterno en donde no esté consciente de la realidad, de tiempo que me rodea. Simplemente estar apagada por un rato y dejar fluir sobre mí las melodías de fondo que toca ese disco que me regaló…Amaranth.

“Escuchar ese disco una y otra vez.
Ver tus ojos en una foto que me embrujó…
Y soñar con tu compañía abrazada a mi alma
Sonriendo tal y como me gusta…
No lo puedo evitar, no te puedo evitar…
… y no te quiero evitar
Invades mis pensamientos más profundos…”


(Capítulo de novela: La Frontera Final,
"Tierra Firme")



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